sábado, agosto 01, 2009

Crónicas de Hernani , de Julián del Casal


En las crónicas que Julián del Casal escribió para La Discusión -amparado en su seudónimo Hernani- existe siempre la angustiosa relación entre el cronista, obligado a "escarbar diariamente el campo de actualidad, para hallar un asunto importante y ofrecerlo a la voracidad de los lectores", que compara su oficio, con el del domador que arroja pedazos de carne fresca a sus leones para que no lo devoren. Sin embargo, no hay lectura más actual que las crónicas de Casal. Precisado a reseñar la aparición del tenor Varela, contratado por el Sr. Palau, dice que el operático posee una "figura simpática" y está muy emocionado, pero en la misma crónica, se desborda en detalles al reseñar la fiesta de los Bomberos del Comercio. "La manera de incendiarlo estuvo ingeniosa". Y mientras, se nota, Hernani escribe de cumplido sobre el tenor Varela, sobresale que se contagia con la alegría de la fiesta popular. "Una rueda de fuegos artificiales, disparó sus petardos en el interior y este comenzó a arder. De pronto se ven surgir las llamas, las voces piden socorro, las tablas crujen, los muebles son arrojados por las ventanas, los bomberos atraviesan por las escalas, el humo se retuerce en densas espirales y el edificio es devorado por las llamas". La teatralidad del simulacro de incendio y de la fiesta. (Publicada el 30 de diciembre de 1889). "Un estreno y una fiesta". Julián del Casal. Prosas. tomo II 20-22. Edición del Centenario. Consejo Nacional de Cultura, 1963. Obra al cuidado de José Lezama Lima, Lorenzo García Vega y Mario Parajón.


En 1890 Julián del Casal asistió a un espectáculo de payasos que al parecer dio mucho que hablar en La Habana, ya que La Habana Elegante comentó que "se fueron los ministrels o payas del Sur de los Estados Unidos, muy contentos con el recibimiento que les hicimos, yendo a Tacón a aplaudir sus excentricidades, cantos y contorsiones".... y es que si "nuestras familias" fueron al teatro a reírse con los «negritos» "no hacían sino demostrar que están de ratas y Menegildas y chulapos ahitas" (III, 158). Pero a Hernani el espectáculo le aburrió, repugnó y casi lo enferma "como aburre, repugna y enferma a los que tienen un poco de gusto artístico todo lo que procede del pueblo norteamericano, de ese pueblo que dejó morir a Edgar Poe, en la miseria, que compra las obras de los grandes artistas, no para venerarlas sino para especular con ellas, y que no ha podido exponer, según los diarios parisienses, en la última Exposición de París, más que grandes máquinas, latas de conservas alimenticias y dientes postizos: me veo obligado a confesar, a fuer de imparcial, que los payasos norteamericanos, han gustado a la mayoría del público habanero, produciéndole la impresión más agradable que la empresa pudo soñar. "
La Discusión, jueves 27 de febrero de 1890, Año II, no. 214 . En Prosas. tomo II. La Habana: Consejo Nacional de Cultura, 1963:59-60.

Un texto de Pérez Cisneros sobre Claudel



Entre tantos textos perdurables de la revista Prometeo, las bellísimas notas al programa de Guy Pérez Cisneros sobre La anunciación a María, de Paul Claudel, que trajo a La Habana como parte de su gira latinoamericana, la compañía de Louis Jouvet. El texto de Pérez Cisneros -- que yo sepa no recogido en el volumen de sus críticas- es muy bello y en parte refleja la atención que merecerá el dramaturgo en Orígenes y la aparición de otras piezas que aunque paródicas --como Anuncia Freud a María, de Niso Malaret, publicada en Ciclón – tienen acaso una huella lejana de la sacudida que fue la presencia del francés en La Habana.

Viñeta de ¿René? Martínez.