lunes, enero 26, 2009

Máscaras y mucho ruido


Quizás deba sentirme honrada –recordada al menos– si en su prolija y documentada conferencia "Las máscaras de la grisura. Teatro, silencio y política cultural en la Cuba de los 70", dentro del ciclo de la revista Criterios, Norge Espinosa me cita más veces que a Luis Pavón Tamayo. Y pienso en Rine Leal que ya no está y su célebre «que hablen mal, pero que hablen». No he tenido el honor de haber sido «consultada», a pesar de mi demostrado interés por seguir con mis crónicas cubanas. El dossier de Primer Acto (no.311, 2005) terminó esa larga etapa y me confirmó que la relación más sana y útil que podría establecer con el teatro cubano sería estudiar su pasado. Cuando fui la última vez al Hubert de Blanck ya no conocía a los porteros ni ellos me conocían a mí. Era una extraña. Y como el teatro es transferencia, intercambio, gozo y no obligación, decidí por mi cuenta terminar la crónica puntual y ocuparme del pasado. En eso estoy. Ya también soy pasado.

Si reviso Prometeo es porque no lo hice antes y estoy a tiempo de rectificar no los errores que otros cometieron con Morín sino los míos. Y si publico las crónicas escritas entre 1969 y 1970 (están en En tercera persona: crónicas teatrales cubanas 1969-2002, Gestos, 2004) con veintitantos años, es por la voluntad de asumir mis preferencias, errores e ideas, todas o algunas ya sobrepasadas por el tiempo y el pensamiento y la lógica evolución de su autora y no sólo el libro «inocente» de 1983, mi recuento de lo que entonces creí una «experiencia» o un movimiento. Teatro nuevo: una respuesta es un libro testimonial a partir del impacto que me produjo ser espectadora de excepción del Teatro Escambray y el Cabildo Teatral Santiago, pero que está antes en mi prólogo a la recopilación de Carlos Espinosa al Teatro de La Yaya, obras de Flora Lauten (1981).
No soy de las que no quieren acordarse de lo que hizo antes, sino de las que intentan asumirse a partir de lo que han sido. De todos modos, es curioso que Norge extraiga una cita de una nota de exaltación y aprecio por el Guiñol que se publica en 1969 – ya el Guiñol tiene los cañones enfilados– para probar que estaba dándole lecciones de «política» al Guiñol. En primer lugar, el guiñol no las necesitaba, es obvio que no encontró otro material. Mi nota respalda y dignifica al Guiñol inventándose unas " dificultades" acaso inexistentes o haciendo un juego retórico. Si alguien se interesa por leerla completa, está junto a reseñas de espectáculos que entonces los críticos mayores ignoraron como Los juegos santos, de Pepe Santos, la Bernarda, de Berta, que no me gustó, En la parada llueve, de David Camps o La cortinita, de Raúl Macías, con su exergo de Raúl Rivero hasta hoy.. Y el Peer Gynt, de Vicente Revuelta, que se publicó en Pensamiento Crítico.

Como estoy en el pasado, reviso la década del ochenta y acabo de releer el libro que Carlos Espinosa prologó como Teatro juvenil (1986). Otro libro ¿inocente? Están Aquí en el barrio, de Carlos Torrens, Tema para Verónica, de Alberto Pedro, Proyecto de amor, de José González, Asesinato en la Playita de 16, de Esther Suárez y Los hijos, de Lázaro Rodríguez Paz. Obras que no se reponen y dudo que muchos relean. Pero como ha pasado el tiempo y soy la misma y otra a la vez, las releo con la atención que no puse entonces para encontrar claves de cómo éramos y qué pensábamos a través de personajes que viven en el momento en que ya se consideran rectificados los errores del quinquenio gris. No estaban rectificados todavía. No se me ocurriría extraer una cita gris de su grisáceo contexto.
Los errores no se rectifican con el descrédito o la descalificación. Cuando estudio ahora el pasado trato de escapar a la tentación de borrar de un plumazo. Cuando los dos tomos de El enigma de la leontina se publiquen, si es que se publican alguna vez, porque con esta propaganda... ni siquiera entonces habrá terminado el viaje personal de aprendizaje, equivocaciones y vivencias intransferibles que volvería a hacer probablemente menos acompañada, alánimo.

En un próximo blog escribiré sobre como el "teatro nuevo" ya viejo no fue una etiqueta calcada de los países socialistas.

4 comentarios:

ric dijo...

Asume tu pasado. Tú fuiste usufructuadora de esa situación durante décadas, y uno de sus equivocados puntales ideológicos. El papel lo aguanta todo, pero también el papel queda, y habla. Al cabo de los años, haber parecido "buena gente" no te sirvió de nada. Hiciste lo mismo que los demás y apoyaste lo que ellos querían que apoyaras, como la aberración del Escambray. Gracias a eso te premiaron luego con una buena vida lejos de las miserias de Cuba. Por eso te asustan los que quieren sacar a la luz la verdad.

Rosa Ileana Boudet dijo...

Si usted puede leer mis argumentos y de paso, entrar a la página de Criterios, es porque lo he puesto en mi blog. El papel queda, por suerte. Y aunque tengo en el camino muchísimos trabajos de los que no quiero acordarme (pocos, pero algunos), no es precisamente de ese libro ni del Escambray que no quiero acordarme. Así que por favor, lo animo a publicar las suyas y si no puede porque no tiene nada que publicar, al menos no ofenda a los que lo hacemos. Discrepar o matizar el texto de Norge es su derecho y el mío y eso me alimenta y enriquece. Escribí acerca del teatro que me interesó y punto. Y soy una aberradísima apasionada del Teatro Escambray. Tal vez por creer en todo eso y haber participado durante muchos años en una Revolución, me premiaron con el mismo amor que sigo entregando en todo lo que hago. No estoy resentida como usted y vivo muy de cerca las miserias de Cuba.

Al Godar dijo...

Incluyo tu blog en mi lista de Blogs Sobre Cuba
Saludos,
Al Godar

Marianexys Yanes dijo...

Me apunto a las aberraciones del teatro Escambray, fui una seguidora de sus creaciones y de sus creadores; de su tiempo y de lo que significó. El teatro Cubano de la revolución, con sus altas y bajas, con sus aciertos y desaciertos, ha marcado y quedará en la historia, guste o no, como “Una etapa de riquísima creatividad que se sirve en fuente de oro donde la palabra y la acción se mezclan para llenar el universo” Nos hizo crecer a muchos y siguen creciendo incontables creadores más. Basta de enfrentamientos, de odios y rencores, dejemos las chancletas para la playa y vistámonos de gala para seguir honrando el escenario y poner nuestro granito para evitar las miserias, que en definitiva nos duelen a todos.
Gracias Rosa Ileana y todos los que con amor, hacen por el TEATRO CUBANO.