lunes, agosto 25, 2008

Cuba detrás del telón


En fecha muy reciente, Matías Montes Huidobro ha dado a conocer dos de los tomos que componen su Cuba detrás del telón (I) y (II) (Ediciones Universal, 2008) que junto a El teatro cubano en la república (Boulder, 2002) y Persona, vida y máscara en el teatro cubano (Universal,1973), son sólo la parte visible del iceberg del gran proyecto investigativo de este estudioso, narrador y dramaturgo cubano, sin contar esa joya que escribió con su esposa Yara González, un libro único en la historiografía cubana (Itinerario del deseo), en el que Yara y Matías comentan, argumentan o se contradicen a partir del Diario de amor de Ramos, retrato a cuatro voces de la pasión amorosa de nuestro gran dramaturgo.
Cada vez que recibo uno de estos ejemplares, aumenta mi respeto y admiración hacia su obra, llena de tantos hallazgos críticos y opiniones personales, a veces atrevidas o punzantes, pero siempre originales y en los que la valoración del dramaturgo no está por encima del estudioso, sino en justo equilibrio. Antes de llegar a Estados Unidos, conocía sus obras de los sesenta, algunos de sus artículos para Lunes de Revolución y fragmentos citados aquí y allá de Persona.... Los colegas que lo conocieron antes, y regresaban de eventos o festivales donde se lo encontraban, siempre comentaban la caballerosidad y la «clase» de Matías. En Estados Unidos, sus libros han sido para mí un permanente estímulo para seguir estudiando el teatro cubano y si en ocasiones no he insistido más, es por pudor (le sigo los pasos) y porque algún día, mis libros se encontrarán con los suyos en los anaqueles de alguna biblioteca. No estamos de acuerdo en muchas cosas, probablemente tendremos opiniones a veces opuestas, matices en juicios y enfoques, pero todos son exhaustivos y lo revelan de cuerpo entero, analista apasionado y de enorme honestidad intelectual.
Si pensamos que desde 1961 Montes Huidobro vive en los Estados Unidos y no ha vuelto al país donde nació, es comprensible cuánto esfuerzo, dedicación, energía hay en estos volúmenes, en los que – sobre todo el dedicado al teatro cubano hasta 1966–, la ausencia se suple con paciencia, rigor y estudio. En el primero de ellos Teatro cubano: vanguardia y resistencia estética, Matías es un testigo de excepción de esa primera etapa, compleja y tumultuosa y su punto de vista es único, como ya anticipó en un artículo muy completo sobre Lunes de Revolución, a disposición de los interesados gracias al archivo digital de Latin American Theatre Review.

En ocasiones, esperando y esperando la oportunidad, una no llega a decirle a sus colegas, cuánto ha recibido de sus libros. Cualquiera de nosotros "muere" por un hallazgo crítico y Matías tiene incontables. Se lee el teatro cubano y se piensa en su «cainismo» porque sus libros nos ayudan no sólo a comprender la escena, sino eso que alguien ha llamado, "el carácter nacional". Entonces, antes que la oportunidad se escape de nuevo, celebro desde La flecha... una obra magnífica.

En esta página web se pueden adquirir sus libros a través de Pro-Teatro Cubano.

viernes, agosto 22, 2008

Amalia y Luisa


Gracias a los que han escrito en estos días, sobre todo, a Armando Pantoja, quien ha narrado –a propósito de El bautizo–, otra aventura mayor y por suerte, feliz. Cuando La Flecha se pasa unos días sin escribir, siempre se sorprende de como algunas entradas viejas siguen teniendo actualidad para los que la encuentran por primera vez. Y esa es la única razón para seguir con el blog.

En lo que hoy sería considerado un libro-testimonio, Aurelia Castillo de González, cuenta muy bien sus recuerdos y los de Amalia Simoni en Ignacio Agramonte en la vida privada, La Habana, Rambla, Bouza y Co, 1912.

Y para los amantes de la cienfueguera Luisa Martínez Casado, lo que hoy sería un dossier de prensa.
De la Colección de Panfletos latinoamericanos de la Biblioteca de Harvard.

La imagen de El Arte del Teatro es de la colección digital de la Biblioteca Nacional de España.

viernes, agosto 15, 2008

El mar, de Navarro Carranza


A veces me encuentro algo en el camino que puede servir a otros. La revista Social (agosto, 1931) publica un texto de un autor mexicano, Francisco Navarro Carranza (Jalisco, 1902-1967) que a tenor con las pocas obras cubanas que se editan, debe existir una relación entre la revista o alguno de sus miembros y Navarro Carranza. Después de todo, es posible que en los treinta estuviésemos más cerca teatralmente de Jalisco. O que Navarro fuese cónsul o diplomático en La Habana, como Carlos Girón Cerda, autor de Ixquic.
Buscando y buscando, encuentro en el blog de Angélica Maciel "Jabberwocky" este análisis de sus obras y del texto, que forma parte de una trilogía y que reproduzco aquí con mi agradecimiento.
"En El mar, el tema del adulterio doble y el pacto suicida van de la mano con el honor que salvaguarda escondido el machismo imperante en un pequeño pueblo de la costa. La mujer aquí, como en la corriente tradicional del teatro mexicano, es aún el motivo de la infidelidad. Es la mujer la que es coqueta, en el caso de Chole, y es la mujer la que es débil a la carne, en el caso de Lupe. Los hombres honrosos son los que conllevan la acción clímax al obligar a las mujeres a abordar la lancha que las llevará a la muerte junto con ellos.
Aquí de nuevo el lenguaje marca un código lingüístico representativo del habla de los pueblerinos de la costa. Las palabras con aféresis o elisión marcan la cotidianidad y la realidad de los personajes inmersos en un cosmos lejano de la ciudad, a lo urbano. También esto funciona como metateatralidad, por lo menos en la actualidad, ya que se comprende una realidad para el espectador; exclamamos hoy ante ello: “es verdad, así se habla”.
El final de esta obra retrata la vehemencia enmascarada de honor, y caemos en cuenta de la furia, la violencia, lo trágico, lo imperdonable, todas características de los entes sociales y por tanto humanos".
F. Navarro "El mar". Social 16(8): 61-63. agosto, 1931.

jueves, agosto 14, 2008

Julio Matas premiado

Fotografía de Angela García aparecida en el blog del Instituto Cultural René Ariza.

La flecha se suma al homenaje a Julio Matas con esta nota –que apareció en Encuentro de la cultura cubana-- hace algún tiempo y reseña uno de los libros de Matas: El rapto de La Habana.

Historia e imaginario

Estas ocho obras teatrales de Julio Matas recorren diferentes géneros, estructuras dramáticas, estilos, caracterizaciones y fábulas. No resulta fácil encasillar al autor de La crónica y el suceso, cuya pieza Extravíos ha sido considerada por Luis F. González Cruz y Ann Waggoner Aken como una obra maestra, junto a las de Carlos Felipe y Virgilio Piñera.
Sin embargo, quizás el elemento unificador del volumen es el interés por un teatro de la historia, concebida como un conflicto permanente entre imaginario y contexto, situación teatral específica y tiempo real de los espectadores, fábula encarnada por personajes ficticios y acontecer de una época.
El teatro de Matas no pertenece al que de manera tradicional se califica de "histórico" porque reconstituye acontecimientos del pasado con intención arqueológica, exactitud y fidelidad. Por la variedad de procedimientos estilísticos y de composición, sus piezas me parecen cercanas a esa zona de la escena cubana en la que es difícil diferenciar entre la historia con mayúscula y la pequeña historia, ya que los episodios son "historizados" por la óptica del dramaturgo. Mortimer o El rapto de La Habana, por ejemplo, es pariente de la línea negadora y de juego de escarnio de José Milián en La toma de La Habana por los ingleses. Aquí el inglés Mortimer embarca a La Habana como traductor de las tropas invasoras y allí se enamora de una criolla para morir antes del casamiento y ser prácticamente "raptado" por la belleza del ambiente, seducido por las danzas africanas, la sensualidad y el ritmo, especialmente cuando el cadáver de Mortimer, por su expreso deseo, recorre en andas la ciudad amada. No hay ningún intento historicista o de reconstrucción de la época sino más bien un marco para un teatro de intención coral, con un narrador, tres partes, cuadros breves y más de treintitrés personajes sin contar las comparsas, los sirvientes y los paseantes callejeros. El fin de la guerra de independencia en Cuba es el fondo para una de sus "tragedias cubanas", El hijo de Tadeo rey, drama rural de pasiones, engaños y tomentos en el que dos deidades en pugna, pertenecientes a los panteones católico y yoruba, guían a la protagonista Caridad a su hybris como en los griegos con la complicidad de una rústica nodriza. No recuerdo –aparte de Eppure si muove, la coreografía de Caridad Martínez—ninguna otra aparición teatral de la Virgen de la Caridad. La otra tragedia, Ifigenia en Gran Caimán, teatraliza el mito de la fundación del Cementerio de la ciudad de Santiago de Cuba y está ambientada en la isla del mismo nombre en 1812, en plena efervescencia de la piratería.
Como hemos visto en estos títulos, predomina la recreación de hechos y episodios. Aquí la voluntad de documentar no prevalece sobre la dimensión imaginativa. Matas huye del didactismo –a pesar de proporcionarnos valiosa carga informativa--, no se vuelca hacia crónicas y sucesos para crear obras expositivas o coyunturales, de escaso vuelo, cargadas de verosimilitud, basadas en una rigurosa investigación pero con una actitud restauradora, respetuosa y dócil.
Por el contrario, en Las indias galantes, que integra junto a Mortimer…. Lo que el dramaturgo llama "Claroscuro de las indias", la recreación histórica sale del marco de Cuba. En la primera parte, "Perulera", estamos en el Perú virreinal de la Pericholi, mientras se teatraliza una obra de Merimée y se presentan simultáneamente las situaciones del pasado y la actualidad – violencia revolucionaria, corrupción, discursos demagógicos de una izquierda que proclama la justicia pero ejerce los peores vicios -- y en la segunda "Yucateca", en las ruinas de Chichen Itzá convertidas en atractivo turístico mientras se desarrolla el concurso de la Señorita México del Año. El autor reflexiona sobre el tema de una identidad latinoamericana, los clichés de una sociedad globalizada que perpetúa los peores estereotipos del mestizo y el indio al convertir en mercancía y parafernalia sus símbolos y sus sentimientos. El colmo de la ironía es la escena donde los figurantes que han representado las esculturas mayas de Tlaloc y Chac Mool se desvelan en su verdadero rostro. Como en Mortimer…..Matas recrea varios escenarios y descubre por sobre la mirada turística y de estampa, una realidad más compleja y amenazante en su irónica versión de las "Indias galantes". En el tomo alterna con una pieza más ligera como Tócame Roque para demostrar que es capaz de intentar todos los registros.
El monólogo El asedio (Miami Blues), dedicado a Laura Zarrabeitia, me parece un modelo de concisión y síntesis así como la visión ácida y cruel que en Los parientes lejanos lleva a la "desintegración" de la familia en el exilio cuando los recién llegados de Cuba, Mongo y Rosa quieren vivir de parásitos. El delirio de grandeza del primero está a punto de arruinar el matrimonio que los acoge cuando un recurso tragicómico – al estilo de la "balita de la suerte" de El premio flaco— propinado por Milita, soluciona el conflicto mientras Matas se las ingenia para emplear recursos de la radio, la televisión y hasta un espectador –que en nombre de la moral y las buenas costumbres—interviene de manera brechtiana en la trama. Sorprendente, tragicómico y difícil de lograr escénicamente es el final de Pretérito indefinido, que nos deja con una sonrisa en los labios.
Pero por sobre todos los méritos de su teatro, me ha interesado, la habilidad en la creación de personajes y ambientes en los que establece una permanente tensión entre su circunstancia inmediata y la historia o el mundo que los rodea, pero que mantienen aferrados a una estatuilla como Ifigenia, proclives a la generosidad como Rosa o arrepentidas de su error como Caridad una constante compasión y altura moral. También, la intención de bocetar una escena espectacular en la que se funden bailes, apariciones, coreografías en la majestuosidad de una escena "total".
Con El rapto de La Habana el lector dispondrá de un teatro cuya densidad intelectual no está reñida con la capacidad de entretener y los futuros directores hallarán un material lleno de sugerencias y provocaciones.

Julio Matas.El rapto de La Habana. 8 obras dramáticas. 1st Books Library, Bloomington, pp. 264

miércoles, agosto 13, 2008

Actores cómicos en miniatura



Hoy La flecha cumple dos años. Gracias a los que escribieron y a los que siguen leyéndola. Estas imágenes son del Getty : actores cómicos de la antigüedad con expresiones exageradas.

lunes, agosto 11, 2008

Culto cubano a Eugene O'Neill



En 1927 comenzó nuestra relación más bien platónica con O'Neill, el autor norteamericano más estudiado, pero en comparación, menos representado. Mi rastreo empieza en 1927 cuando Jorge Mañach traduce In the Zone para la revista de avance. Es más que evidente que el lenguaje de las obras del mar influye en muchos autores así como su concepción de la obra corta. Se intenta que inaugure el proyecto teatral de la revista, que como tantos, no llega a realizarse. En los cuarenta se escenfica más: Marisabel Sáenz tiene un resonante éxito con Antes del desayuno. Y a lo largo de la colección de la revista Prometeo -- dirigida por Morín -- la insistencia en estudiarlo lo hace casi un objeto de culto: "Un estreno de O'Neill", de Bertha Maig reseña la puesta de The Iceman Cometh en Nueva York y comenta la rara vez que se escenifica, "Eugenio O'Neill y su dramática", de J. Losada, " Extraño interludio", de Carlos Malgrat, " El nuevo teatro norteamericano", de Roberto Bourbakis y "Siete dramas del mar, de O'Neill", de Clara Ronay. Ligados se escoge (1948) para una función a beneficio de Prometeo, con la que se persigue dar a conocer esta obra «formidable». El editorial de la revista expresa que es "una obra difícil y arriesgada". "Con solo cuatro personajes su autor ha plasmado la tragedia de un matrimonio fusionado con lazos indisolubles que pueden más que la voluntad y el deseo". Aunque es una de sus obras más intelectuales, está llena de profundas raíces humanas y ofrece amplias posibilidades de lucimiento a los intérpretes". En los cincuenta, son significativas la puesta de Los endemoniados (Francisco Morín, 1955) con Adela Escartín, E. Moure y Gliceria Soto y Largo viaje de un día hacia la noche (Vicente Revuelta, 1958), el montaje tan comentado con el cual comienza su andadura Teatro Estudio. Y para rematar, dos libros, están el de Mario Parajón, y el de Rine Leal.

domingo, agosto 10, 2008

Coturno y chancleta


La Villa Getty es uno de los mejores museos de California y cada vez que lo visito encuentro muchas más referencias al teatro. Esta vez, este bronce de Afrodita y Eros, griego, (200-100 años antes de n. e), con la batalla entre el coturno y la chancleta, que según Rine Leal, identifica la historia del teatro cubano. La diosa no lleva coturnos en la imagen pero amenaza con castigar a un malicioso Eros con una sandalia. No es la figuración trascendente del período clásico sino una escena más familiar y doméstica. En la colección de Getty proliferan los actores en sus muchas veces diminutos bronces – que no destacan en una primera visita–, sobre todo los cómicos, con sus máscaras, sus prominentes barrigas y sus desproporcionados traseros, como se reconocieron en la comedia nueva. Después esos atributos reaparecen en la comedia del arte y en nuestros primitivos personajes bufos.

martes, agosto 05, 2008

Acuse de recibo


La escritora y diseñadora Lien Carrazana empieza su blog La china fuera de la Caja. Con esto de diseñar, ya nos lleva una gran ventaja. ¡Bienvenida!

Recibo Sinalefa digital, que leeré pronto.

Me escribieron algunos de los autores de Teatro cubano en Hi5, espacio que al parecer le gusta mucho a los cubanos, ya que recibo invitaciones a integrarme. Aparte de agradecer los elogiosos comentarios que dejaron en mi blog, no puedo con Hi 5 y espero que me excusen, me resulta invasivo, pero como se trata del teatro cubano, claro que entré. Hay que estar muy alertas, si te descuidas, todas tus direcciones de correo están de pronto invitadas a Hi5 y hay tanto material dentro que sólo así puede imaginar uno que la red llegue a colapsar. De todas maneras, el teatro cubano empieza bien, con textos sobre Piñera y María de los Angeles Santana, y una fotografía de Mario García Joya, sin crédito (la de Piñera con su bandeja de croquetas en la despedida de Lunes de Revolución).
Gracias a los que escriben.

viernes, agosto 01, 2008

Guía de turismo (I) con cariño para Wendy


Desde que dejé La Habana o La Habana me dejó a mí parece que ha cambiado bastante la percepción de lo alternativo, como si los escritores – igual que ciertos babalaos de shopping– quisieran regalar el manjar a los turistas, convirtiendo esa apelación, tan seductora, en el centro de una exhibición, tan surrealista como la ciudad que describe. Con lo mucho que me gustó la novela de Wendy Guerra, y ella misma – con su pícara belleza– (después de todo todas las escritoras no tenemos que usar espejuelos y guarachos) me decepciona que viviendo dentro y pudiendo contar lo que realmente pasa y lo que la gente sin necesidad de ninguna guía descubre (siempre me acuerdo de cómo traté de explicarle lo inexplicable a un gran hombre de teatro, que me miró a los ojos y me dijo: rosaileana, yo sé que no tienes FE. Familiares en el extranjero). En cuatro días habaneros, entonces, mi invitado sabía más argot y tenía más calle que yo. No hace falta preámbulo ni guía, sólo caminar y andar La Habana, pero no en el Mercurio, donde un café vale 2 cuc, sino en todo caso, un poco más allá, en el sitio donde en pesos cubanos te sirven huevos al plato. Y no hay que ir al Callejón de Hammel para tener un sábado de la rumba particular caminando por las calles del Cerro. O desembarcando en la lanchita de Regla, que está en su lugar. Al parecer, es nuevo lo de los Jardines de la Tropical para los jóvenes- hijitos de papá.
Envejecí con mi concepción de lo alternativo, que se llamó Víctor Varela cuando se apostó en la Logia de la Plaza de la Revolución como en los cuarteles de invierno, el carnaval del 70 con su callejón de Huaylas y sus cervezas a granel, y el Gato Tuerto, que ahora le dicen el gato minusválido. Cuando Carlos Díaz hizo La niñita querida con banderitas de acto político. Por suerte La Habana es una ciudad inabarcable y cada quien puede hacer su guía. La flecha no recomienda los «paladares», aunque por excepción les regala éste de su colección, genuina hibridación brasileña-cubana, o no se acuerdan de Raquel, así que les presento el Decamerón, para amantes del insigne autor, desconocido, reservado y barroquísimo, especial si tienen de visita algún familiar en el extranjero.