miércoles, julio 30, 2008

Helmo Hernández: retrato incompleto del actor


Recuerdo al Helmo Hernández de los últimos años. A pesar de su extensa y estupenda carrera de actor, interpretaba en las naves de Cubana de Acero no a los grandes personajes del teatro clásico, sino a seres como los que se encontraba a diario en la fábrica – la antigua American Steel Company– en obras de nuevos escritores del grupo o de Albio Paz, otro de sus fundadores. A veces eran «grandes» personajes, otras veces apariciones dentro de colectivos en reuniones y asambleas. Entonces no era muy común que Helmo-padre (San Antonio de los Baños, 1923) hablase de sus comienzos en el Teatro Universitario con El lindo Don Diego y La dama boba. Escandalizó a La Habana cuando protagonizó La ramera respetuosa, de Sartre, en la puesta de Erick Santamaría con Chela Castro, en 1954. En Prometeo hace, entre otras, Calígula, Llama vida, Sangre verde y Rencor al pasado e interviene en variados grupos en hitos importantes como Réquiem por Yarini, de Carlos Felipe, en 1965, dirigida por Gilda Hernández. Fundador del Teatro Escambray y de Cubana de Acero, trabaa en más de doscientas puestas en escena, sin contar las películas y los seriales televisivos.
Sin embargo, por culpa de los críticos y los cronistas, entre los que me encuentro, la larga carrera de Helmo queda encorsetada casi siempre en muy breves y acaso imprecisas descripciones.
Helmo Hernández, "muy bien de porte, empezó muy frío pero fue mejorando hasta resolver su parte mucho mejor en el final" (en "Todo sea para bien", de Pirandello, 1954).
H.H. dio un Fred de gran intención....(La ramera respetuosa, 1954)
H.H. muy contolado y aceptable, dio con Florencio Escudero y Eduardo Moure, tres valiosas actuaciones. (Calígula, 1955.)
Helmo realiza un cuidadoso trabajo, lo llena de sugestiones, de gestos, de maliciosa intención, frasea claramente y se mueve con la suavidad de un felino.(Espíritu maligno, Francois Mauriac, 1957).
H.H. completa el reparto con un discreto trabajo como el hermano mayor, no su mejor labor que sigue siendo Espíritu maligno, pero sí una actuación de altura y comprensión. (Viaje de un largo día hacia la noche, de O' Neill, 1958.
Rine Leal
"He seguido la trayectoria de H. H. desde sus comienzos en la vida artística... Siempre ha sido un actor corecto, intencionado, exigente, estudioso y eficaz. Santiago García ha logrado entregarnos en esta interpretación de Helmo Hernández, un nuevo actor" (Huelga, 1982)
Mario Rodríguez Alemán
Presencia, de Elías A. Torriente. (Fotografía de Félix Reyes, 1980)
¿Tengo que decir que el archivo de Connie ha sido la inspiración?

viernes, julio 25, 2008

Capricho en rojo


Hay una obra de Carlos Felipe que a pesar de sus imperfecciones, me gusta muchísimo. Capricho en rojo (1948), quizás la pieza en la que Felipe es más outsider, el excluído que mira la fiesta de la alta sociedad con una distancia escrutadora, cándida y al mismo tiempo amarga. El primer acto transcurre en un salón elegante y están en escena Pablo, el conde Soria y Laribeau – vestido de etiqueta, con antifaz– y criollo a pesar de su nombre extranjero. Laribeau es el modisto que ha vestido a ciudad entera pero que exclama "¡No quiero ser famoso en esta aldea que es La Habana¡". El organizador de la velada -- el conde Soria-- se las arregla para proyectar películas escandalosas, al mismo tiempo que siente cómo vigilan su comportamiento. Tules, antifaces, serpentinas, carnaval deformado, la anécdota central se desvanece en un entramado poético y enrarecido, como de ensueño y locura visto como pastiche. Nunca se estrenó en 1948, cuando recibió el premio de la ADAD.
Francisco Morín – el legendario director de Electra Garrigó– no votó por la obra, consideraba Jesús, de Piñera, superior, estuvo en minoría, pero sin embargo, montó Capricho en rojo y Jesús, en 1950. Una de las sorpresas de esta investigación ha sido la de hablar – al menos por teléfono– con Morín, que como se sabe ha escrito sus Memorias de un teatrista cubano, conserva una lucidez extraordinaria y me contó que favorecer Jesús le costó el alejamiento de su amiga Rosa Felipe. Eran los tiempos del teatro de arte y las obras se ponían una sola noche. Y Capricho... se llevó a escena "después de tenebrosas dilaciones" . Sin embargo, Manuel Casal, en la crónica que escribe para Prometeo destaca la capacidad de Felipe para saber qué le gusta al público y acudir a servirlo, y aún cuando éste advierte ciertas rarezas, "él tiene el hilo en la mano, que nunca le arrebatan". Manuel era hermano de Violeta Casal y murió joven, pero sus críticas para Prometeo son de lo más preciado de una revista extraordinaria. Junto a la nota de Casal, está la fotografía. Gaspar de Santelices en la escena de la conga con los «caprichos», ésta que restaurada ilustrará los libros de la historia del teatro que están por venir.

jueves, julio 24, 2008

El patio de mi casa

El patio de mi casa es particular y las paredes de la calle 26 estrenan nuevas obras, que nos regalan los artistas. La instalación es de Fred Camper, que recién
expone en Chicago. Del otro lado, "Lo último del proletariado", de Aldo Menéndez. El avioncito de Cubana de papier maché, ya lo conocen. Si alguno de los artistas entra en mi blog, ya lo saben, les estamos muy agradecidos. Y con esta pausa y la bienvenida a Machetico con su nuevo blog, los dejo hasta la próxima entrada que espero sea pronto.

domingo, julio 20, 2008

Nuit blanche o...


Estimados lectores: Hace muchísimos días que no escribo, ocupada como estoy en hacer alguna de las Ediciones de la Flecha en papel. De un programa a otro, de un foro de tipográfos a otro de consumidores de Office Writer, me entretengo en esos menesteres mientras el libro se hace y se deshace con formatos diferentes y posibles variantes. No me olvido de La flecha y anoche, cámara en mano, intentamos ofrecerles una primicia de lo que se anunciaba como Santa Mónica Glow, una fiesta que se declara una variante californiana de la Nuit blanche europea, ideada por la Comisión cultural y la comunidad artística de la ciudad.
Cuando descargué el programa de internet, vi que todo estaba previsto para una jornada desde el atardecer al amanecer del día siguiente. ¿Y el transporte público? No obstante, testaruda que soy y amante inveterada de cuanto teatro de calle se anuncie por alguna parte, intentamos llegar en automóvil. Para nuestra decepción, cinco cuadras antes del Santa Monica pier, el tránsito estaba colapsado, hileras de automovilistas desesperados intentaban dar la vuelta por algún atajo y del brillo de la esperada fiesta, me quedaba una inmensa frustración. Si hubo transporte y espacios para el aparcamiento, nadie se enteró, en una campaña dirigida al marketing y no al interés de ese abstracto e inasible consumidor de cultura. Hoy leo comentarios,
muchos de ellos muy críticos y desfavorables, incluido uno que dice ¿qué se puede esperar del entretenimiento gratuito? En lugar de poblar sus numerosos parques y espacios públicos de música y formas teatrales, apuestan toda la energía y los recursos en hacer una réplica de una noche -- blanca o negra- según como se la mire.

sábado, julio 12, 2008

Carlos Felipe sobre Wilder


Carlos Felipe, escribe, entusiasmado de Nuestro pueblo, de Thornton Wilder, que la Academia de Artes Dramáticas lleva a escena, bajo la dirección de Rubén Vigón, y traducción de Teté Casuso, (1947) en ¡ el primer número de Prometeo, otra de las hazañas de Morín! "... obra que rompe todo convencionalismo teatral, que se asoma, atrevida, al espacio infinito de la irrealidad, sin exhibicionismos, ni sorpresas. Se detiene en la poesía de la pieza y en la capacidad del director de no caer en la «desorbitación". Es una lástima que no reseña a todos los actores, pero destaca, dentro de la pobre calidad de la fotografía, el delgado y alto: Vicente Revuelta como el Narrador.

viernes, julio 11, 2008

Ramos y los Estados Unidos (notas): Cuando huele a podrido


José Antonio Ramos, autor de Tembladera y La recurva, entre otras obras dramáticas, vivió en Estados Unidos como diplomático durante tres estancias y lo conoció muy bien. Muchísimas referencias hay en sus piezas a esta experiencia, desde el marcado interés de Teófilo, uno de los personajes de Tembladera por "irse a los Estados Unidos" hasta el intento de Mr. Carpetbagger de comprar la finca. En El manual del perfecto fulanista escribió : "El desprecio yankee nos obliga a sentirnos cubanos y a vivir junto a ellos en constante recelo. El desprecio yankee pone entre los Estados Unidos y Cuba la distancia y los obstáculos que son necesarios para que un pueblo grande no consiga jamás subyugar a uno pequeño". Partidario de que se conocieran mejor ambas naciones, escribió un Panorama de la iteratura norteamericana, cuya segunda edición iba a ser sufragada por una institución de Estados Unidos, cuando Onís y Mañach, que estaban entonces en Columbia, informaron de tal modo contra la distribución de su Panorama.... que la entidad auspiciadora retiró el dinero para la edición. Hay que leer la dolida carta de Ramos a su amigo Manuel Pedro González para conocer su estado de ánimo. Sin embargo, en el texto, lastrado por su propósito didáctico, hay valiosos juicios sobre muchos autores, entre ellos Dewey y O'Neill. En "La leyenda de las estrellas", los Estados Unidos son la tierra promisoria para un joven inmigrante y a lo largo de su obra, al menos la dramática, el respeto está por encima de las diferencias políticas. En 1916 reconocía que "les debemos que la transición al régimen republicano se hiciere sin reacciones violentas, sin reacción de las muchedumbres" .... "Los Estados Unidos caen como buitres sólo cuando el desbarajuste interior del país les ofrecese el pretexto de mezclarse. Cuando huele a podrido"....

El fragmento de la fotografía pertenece a Itinerario del deseo. Diario de amor, de Yara González Montes y Matías Montes Huidobro. Ediciones Universal, 2004. Y lo he reproducido porque es un facsímil de su manuscrito. Y porque quiero recomendarles el sitio web del autor, donde se pueden comprar la mayoría de sus obras.

miércoles, julio 09, 2008

María Alvarez Ríos


Su carrera musical y sus muchos oficios y ocupaciones han opacado su obra como dramaturga, que empieza en la década del cuarenta cuando estrena sus comedias El maridito de Beba Fraga (1948), No quiero llamarme Juana (1948) y Martí 9, (1949) según Natividad González Freyre, sobre la "trágica existencia de las solteronas en una comedia de costumbres". Según el color (1955) retrata, de nuevo, según Natividad el mundo de los canasta party en el que vive Silvia, una esposa adúltera. María Alvarez Ríos re-estrena La víctima, en 1959, que protagoniza Antonia Rey y también se publica. En agosto de 1959 tiene cuatro obras en cartel: La salida, Nuestro amigo Balnor y El rey Paja. Su única obra publicada es La víctima: teatro comercial, accesible y made in Cuba, según Graziella Pogolotti.

Estoy segura que no le dio demasiada importancia a su obra dramática, pero a lo mejor sobreviven los libretos. Lo único que he podido leer es La víctima. Video trading tiene fragmentos de una entrevista en la que aparte de imitar a Carpentier, habla de su otra carrera, como esposa de Ramonín Valenzuela.

Viva emilio: Lázaro Saavedra


El e-mail, desde Cuba, es a mi juicio hoy una herramienta más poderosa que los blogs, por las restricciones de internet. A través de él llega con cubana impuntualidad, la Galería i-meil, de Lázaro Saavedra (1964), acaso quien con más dedicación emplea este medio para el comentario social con dibujos y collages. Hace rato me fijo en que no lo reproducen. Me imagino es porque se las ha ingeniado para hacernos más difícil el copy and paste o para tener muchísimo más control sobre el resultado y el lugar donde es alojada su galería. Mis amigas del grupo teatral El Ciervo Encantado -- que dirige Nelda Castillo-- también lo hacen. Generalmente escogen una o dos fotografías, que no requieren de palabras. Félix Sautié envía sus columnas y colaboraciones periodísticas sobre ética, religiosidad y política. Y la revista Convivencia hace saber a sus lectores que han "recibido más de mil 700 correos electrónicos y más de 260 mil visitas de alrededor de 60 países en todo el mundo. Por razones de falta de tiempo por las restricciones de acceso a la Internet no hemos podido responder a todos y cada uno de los mensajes y comentarios como esperamos poder hacerlo en lo adelante." Y piden excusas "por esta situación propia de las condiciones de nuestro país, pero le aseguramos que hemos leído cada uno de los mensajes y hemos acogido no pocas críticas y sugerencias que han servido para mejorar nuestra publicación." Así mismo solicitan que cada uno de sus lectores, imprima un ejemplar de la entrega número cuatro para que haya más convivencia. Desde luego están las cadenas, los chistes, los artículos del periódico......

martes, julio 08, 2008

Una norteamericana en La Habana: Lorna de Sosa



La flecha... quiere hacer una pequeña serie sobre la relación de Cuba con los Estados Unidos en el teatro, que, como siempre, no será cronológica, pues en muchas ocasiones, los papeles y las notas se me aparecen al azar, como sacadas de un sombrero.

Hay una personalidad cuyo nombre recurre con insistencia desde la década del cuarenta. En libros, revistas y anuarios. Directora teatral, profesora y traductora, tengo muy escasos datos de la norteamericana Lorna de Sosa, fundadora de ADADEL con el español José Rubia Barcia, en un claustro junto a Carpentier y Amado Blanco, célula de lo que será la Academia de Artes Dramáticas después. Gracias a Jorge Antonio González, podemos seguirle el rastro a Lorna montaje a montaje y por el libro de memorias de Francisco Morín, sé que nacida en Ohio, en Cuba adopta el apellido de su esposo, el médico Salvador Bonilla-Sosa. ¿Cómo llega esta norteamericana a La Habana y se inserta de manera tan activa en nuestro medio teatral? Ligada a la trayectoria de muchos intérpretes, sobresale su vínculo con Violeta Casal con la que funda una academia de muy corta vida. Enseña en la Universidad Católica de Villanueva y dirige para el Patronato, la ADAD y muchos otros grupos en las décadas del cuarenta al cincuenta. Sé que en algún momento Adolfo de Luis escribe para un periódico "Presencia y ausencia de Lorna de Sosa", pero no lo he localizado. No sé cuándo y por qué sale del país, al que según tengo entendido, no regresa. Cuando me empecé a interesar por Lorna --avanzada ya mi investigación--- encontré que, nonagenaria, y ahora residente de Oakland, California, se había publicado a los noventa años, un libro de poesía. La flecha ha tomado de la revista Prometeo la fotografía de la puesta de "La familia Barret", de Rudolf Besier, dirigida por Lorna de Sosa para el Patronato (1949) : Pedro Martín Planas, Ernesto Gali y Violeta Casal, en recuerdo de esta seguramente, maravillosa mujer.

viernes, julio 04, 2008

4 de julio y fuegos artificiales



Otro polaco imprescindible, Tadeusz Kowzan en Literatura y espectáculo, advierte que hay algunas formas de representación, casi en desuso, como los juegos de agua o los fuegos artificiales. Hoy, desde muchos lugares de Estados Unidos, la celebración del día de la independencia, contempla explosiones de luz y color, que dibujan en el cielo formas geométricas, volúmenes y movimientos a través de los fuegos de artificio. A lo mejor no se trata de dragones o figuras mitológicas, pero sí de una proyección luminosa de juegos abstractos, asociada a la fiesta y el regocijo público. Felipe tomó estas fotografías hace dos años, en una calle de Pasadena, donde unos amigos, por tradición, celebran y se asombran cada vez con este arte cinético.

jueves, julio 03, 2008

Jan Kott: todavía vivo


Al fin, he terminado de leer Still Alive, las memorias de Jan Kott, autor de Shakespeare, nuestro contemporáneo (1965) que muchos leímos en el 68, por la edición del Instituto del Libro que tradujo Jaime Sarusky. Aquél fue un texto que «marcó» a todo el que se ocupa de la crítica o la investigación, excusen el lugar común, por su lectura del teatro isabelino a través de la experiencia del fascismo y el estalinismo, con pugnas, y diabólicos episodios en los que los personajes de Shakespeare luchan por el poder, la Gran Maquinaria. Casi nadie después, pudo leer o representar a Shakespeare, sin citarlo. Sus memorias, escritas a los 81 años y después del quinto infarto, son una lectura más que sorprendente, un ejercicio, un ir hacia atrás y hacia delante, a medida que surgen los recuerdos y las imágenes. Dedicado a su esposa Lidia, Kott murió en Santa Mónica, California, a los ochentisiete, y vivió más de tres décadas en los Estados Unidos. Escrito con pulcritud y falta de sentimentalismo, quizás por eso emociona más. Sobreviviente de la guerra y los campos de concentración, disidente en la Polonia socialista, militante del Partido Comunista por más de catorce años, no hay explicaciones ni justificaciones en su libro, que fluye como el monólogo interior de un hombre, quizás uno de los teóricos más importantes del pasado siglo, en paz consigo mismo y admirado, si se quiere, de estar todavía vivo.
Podría esperarse que un crítico cuente las muchas obras que ha visto, los festivales a los cuales asitió, las universidades en las que enseña, los premios que recibe. Pero aquí no hay el más leve asomo de vanidad. El teatro está incorporado a la vida de Kott de una manera visceral, nada de frivolidad ni de crónica social o política. Hay una alusión al gestus, de Brecht, el recuerdo de una de las últimas representaciones de Jo Chaikin, después de su infarto, cuando no podía memorizar el texto y representaba detrás de una mesa con un sistema telegráfico de cuerdas con mensajes que le indicaban las acciones a realizar. Según Kott, fue una representación emocionante. Ahora Chaikin era Woyzeck, trágico y tartamudo Woyzeck. La última semana antes de su infarto (la cronología de su enfermedad cardíaca establece un calendario) va a Cracovia y ve el Hamlet de Wadja (el de Wispianski), en Wawel, el castillo de los reyes de Polonia. Describe la representación y la impenetrabilidad de las piedras, su primer paseo por la ciudad en diecisiete años.
Ha comparado a Kantor con Caronte, quien regresa a los muertos, olvidados de que vuelven como marionetas. Pero Kantor no ha vuelto, escribe. Kott tampoco, aunque leerlo sea revisitar al crítico teatral- testigo de su época y su interior, al dialogar con la la muerte, casi con naturalidad.