lunes, diciembre 29, 2008

Impromptu en fa, de Virgilio Piñera


¿Qué puedo regalarle a los lectores por el fin de año, pensé? Nada más apropiado para alguien que vive cerca de Los Angeles que este relato de Virgilio Piñera: "El impromptu en fa de Federico Chopin", de Muecas para escribientes, en el que Fligar – que lava para «afuera»– conoce a Ray Bradbury que la invita a un garden-party. La escribana de La flecha no ha podido ver personalmente a Bradbury aunque se prodiga muchísimo por los alrededores....

Este es el año de los blogs. Coincido con Manuel Sosa. El año de los lectores de blogs.
Se divertirán muchísimo con la mueca de Piñera que, como en tantas ocasiones, continuará....



Sand y Chopin vistos por Delacroix.

Segunda parte del regalo de año nuevo. Virgilio Piñera. Tomado de Mueca para escribientes. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1987.

"Tenemos que celebrar este nuestro primer encuentro. Me hubiera gustado hacerlo en París -dijo Sand- pero de todos modos...."La Habana bien vale una misa", y se rió, y Chopin también se rió. Sand le tomó la mano: Son siempre las mismas. Y Chopin musitó: "Las mismas... Pero ahora en vez de tocar el piano, lavan la ropa, y mi nombre es Fligar Sánchez."


"Esta vez, la que iba en la carreta, camino del suplicio, era Louella Parsons. Imperturbable a los insultos de las tricoteuses, tecleaba, en su máquina portátil, una crónica para Playboy."

jueves, diciembre 25, 2008

Flecha 2008 para Montes Huidobro


Un libro que ha faltado de las selecciones de los mejores del año es Cuba detrás del telón, de Matías Montes Huidobro, publicado por Ediciones Universal de Miami. Omitido bien porque no ha sido leído o se ha distribuido mal o porque el teatro es –todavía–la pariente lejana del gran banquete. No es una selección de artículos ( que conste, no tengo nada contra ellas), sino un libro de investigación y análisis, la obra de una vida de lecturas, estudio y dedicación al teatro cubano. La flecha lo selecciona y le otorga su flecha encantada del 2008.

El autor entrevistado por Maricel Mayor para la revista Baquiana.

miércoles, diciembre 17, 2008

A tiempo de Frank Emilio Flynn


El músico con su Fedora y sus espejuelos oscuros no interviene en ninguna escena de cine noir sino interpreta una colección de danzones clásicos, a su manera, en su tiempo, un casi no-tiempo, en el que cabe el feeling y el jazz que en los cincuenta transformaron el mundo sonoro de la isla. Frank Emilio se nutrió de todos ellos. Pero lo primero que hizo niño fue tocar en una orquesta de danzones. Y aunque la elegancia de su teclado es lo único que puedo repetir al escuchar y escuchar A tiempo de danzón, inolvidable fue su visita a Los Angeles en el 2001 --todavía vigente la política de Clinton- y la reunión espontánea de sus admiradores en un restaurante de Melrose, gracias a la insistencia de su prima Katty en reunificar a los Flynn. No fue hasta los noventa que Frank Emilio conoce la rama irlandesa-norteamericana de su familia paterna.
Las fotografías fueron tomadas en el 2001 por Felipe que entonces y ahora sabía más que yo de los jazzistas. Los que nos reunimos conocíamos que se festejaba el cumpleaños ochenta del gran Frank Emilio Flynn. Nada más. Y la visita trajo conciertos en el Jazz Bakery, clases magistrales, conferencias y entrevistas que FrankEmilio cumplió sin asomo de cansancio, con la misma humildad y ternura que hay en su danzón "Luyanó". Su esposa Marta estaba a su lado, contenta, lamentándose de que mientras en El Vedado a sus vecinos les encantaba oírlo ensayar, en Los Angeles había que tener mucho cuidado de no molestar a los vecinos. Extrañaba. Extrañaban su casa, su pedazo, su rutina. Siete semanas después de regresar a Cuba, fallecía Frank Emilio.
Pero si algo espero de los Estados Unidos es que puedan venir otra vez de visita los Flynn, los Guerra, los Acosta, los González y los Abreu y todos los cubanos como en el 2001, el querido Frank Emilio Flynn. Gracias, Alfredo Triff.

martes, diciembre 16, 2008

Nuevas de Ollantay


Acuso recibo de los muchos materiales de interés en las dos últimas entregas de Ollantay Theater Magazine, que dirige Pedro Monge Rafuls desde 1993. Como editor invitado Eddy Díaz Souza compila y edita el Volumen XIV, especial dedicado al teatro para niños en América Latina y los Estados Unidos, "el teatro que perdió el miedo a crecer". Sus variados textos de muchos países son abarcadores tanto de la realidad del teatro para niños como del realizado y/o representado por éstos con títeres y actores. Argentina (Nora Lía Sormani, María Sanz, Susana Aleira); Chile (Carolyn. D. Roark, Manuel Gallegos), México (Luis Martín Solís); Paraguay (Víctor Bogado); Perú (Martín Molina Castillo, Ernesto Ráez Mendiola); Venezuela (Eddy Díaz Souza); Cuba (Norge Espinosa Mendoza, Luvel García Leyva), Ecuador (Fernando Moncayo) . Pedro Monge Rafuls se refiere al tema en Nueva York y Luis F. González Cruz en Miami. Se incluye un retrato del titiritero colombiano Sergio Londoño y su muñeco Mamelucho Sepúlveda (Víctor Vesga Ariza) o sobre la experiencia de Garabatosh- K, creado por artistas venezolanos en Santa Cruz de Tenerife (Roger Vargas/ Elisa González). Aproximaciones más teóricas, la de Luis Matilla, que examina el papel del teatro en el mundo en la era de la imagen o del dramaturgo Hugo Salcedo sobre el teatro en la escuela. Tres piezas teatrales completan la entrega: Malas palabras, de Perla Szuchmacher, Algo cayó del cielo, de Eddy Díaz Souza y La infanta que quiso tener los ojos verdes, de Eduardo Manet.
Y el volumen XV, editado por Alberto Sandoval-Sánchez y Ramón H. Cervera, dedicado a Performances y teatro homosexual latino, establece en su editorial que "El teatro y el performance de los practicantes queer latinos/as de los Estados Unidos configuran un grito contra la homofobia y la imposición del closeteo en sus respectivas comunidades". Entre sus textos más provocadores está "El archivo del Sida" con proyectos autobiográficos como la pieza de de Alberto A. Araiza. H.I. Vato.
Apareció una agenda teatral latinoamericana 2009. Y una página web de dramaturgos latinoamericanos está en camino.
Pedidos e información en OLLANTAYTM@aol.com

domingo, diciembre 07, 2008

Poderío del palo de trapear


Entre las tantas averías que el fin de semana deparó a esta bloguera, estuvo la rotura definitiva de su palo de trapear. Como reemplazar el inservible no es tan fácil como se supone y tengo vicio de buscar en internet, guguelié palo de trapear y apareció también Cuban mop, que venden en un mercado de Miami.
También una cita de Zoé Valdés: "Una mujer enarbolando su palo de trapear es la estampa de cualquier madre obsesionada con los microbios batallando para que el suelo relampaguee y huela en la profundidad de la memoria infantil". Querido primer novio (2000). Y en el Diccionario de la vida y obra de Lezama Lima, de Iván González Cruz, (tomo II), otra cita : "La mestiza de pelo rubio que limpiaba por horas, había lanzado con exceso de poderío el palo de trapear sobre el fondo del descanso del librero". Y en el sitio de Tori Purcell, la imagen que les acompaño, una norteamericana de Nashville que buscó algo más lejos que la guía de turismo y antes de viajar a la isla es probable no consultara con Sean Penn ni recibiera orientaciones de Kcho. Desde luego que de la realidad virtual al «palo» real hubo un trecho. Al fin, apareció en un mercado Liborio de la calle Pico y Alvarado, el spot latino de Los Angeles. Y aunque lo enarbola nuestra literatura, es made in Colombia.
La fotografía es de Tori Purcell.

miércoles, diciembre 03, 2008

Anticipos


Me anticipo, está acabándose el año y de antemano preveo que a La flecha... no le irá muy bien -me refiero a ranking, lectores y backlinks- si lo más leído de un blog muy leído como Penúltimos es un video porno. Pero quizás por espíritu de contradicción, me quedo con La flecha y la flecha se queda conmigo, a ver si consigo hacer- ya hay dos publicaciones-- las Ediciones de la Flecha como debieran ser, que ya están amontonándose proyectos relacionados con el teatro cubano. De todas maneras, no me gustan demasiado las dos plataformas donde alojé Una rosa para Catalina Lasa - y Los años de la revista Prometeo, la primera, porque hay que pagar para "bajarla" y la otra, porque la versión gratis de Yudu no ofrece tantas posibilidades. Concibo todos los libros juntos como en el anaquel de una biblioteca. De todas maneras, coming soon "Dos obras y un manifiesto", de Fermín Borges, para que al menos Borges sea citado por dos textos que he digitalizado y no sólo por citas de citas, siempre las mismas. Y algunos hallazgos.
Y aunque la tendencia generalizada parece ser cobrar por las obras digitales -- Google lo hará al consultar los textos completos de su biblioteca-- los tiempos no son buenos para las publicaciones ni para la cultura, si un emblema norteamericano como General Motors está en la antesala de la quiebra y un ícono de Los Angeles como el MOCA, no tiene suficientes fondos. De todos modos, La Flecha.... seguirá enmendándose en el camino con menos enlaces o con muchos para los que quieran seguir con ella y conmigo.

viernes, noviembre 28, 2008

La vuelta de Chencho

Me ha tomado años leer esta novela y pienso que le ha pasado a muchos. Sin embargo, después de empezada, no se puede dejar a la mitad. La vuelta de Chencho, es -como tantos libros cubanos– un gran libro sin lectores, publicado dos décadas después de escrito, un gran libro abandonado, como los pobladores de El Sapito, barrio paupérrimo agazapado entre maniguales y charcas, húmedo de aguas estancadas, cerca de un hospital de tuberculosos, que uno imagina contiguo al exótico Hurón Azul, que el pintor Carlos Enríquez construye a partir de 1938 en una finca heredada de su familia. Cuando Chencho Martínez coge una guagua en la carretera, en el entronque de "La Palma", hace la ruta de los entierros : el paradero de la Víbora, con transferencias para Pocito, Toyo, Tamarindo, Agua Dulce y la Esquina de Tejas.

El único bohemio real de nuestros pintores – procedente de una familia de dinero– visita, en la última de sus incursiones narrativas, un barrio pobrísimo en el que habitan vendedores de colombinas, pirulíes y suspiritos, familias desahuciadas, fracasados en la vida, gente que vive de recoger en los basurales, conjunto sórdido, narrado en picaresca tristísima, por un espíritu «desencarnado», el de Chencho Martínez que de vuelta entre los vivos, escudriña la vida de su familia y las otras que dejó atrás, su mujer Regla Mercedes y su entenada Socorrito. A veces como en crónica roja: Zoila María "proscrita de una sociedad cuya histeria sanguinaria le arrebatara a su amante Tin Tan", la médium Nina, "que bajo la acción del trance llegaría a abusar del desparpajo", otras, como en los diálogos entrecortados por los episodios radiales del Conde Roberto. Están Atilio y Fosforito, apuntadores de la Timba grande de Arroyo Apolo, el gallego Celestino, dueño de "El sitio de Liborio", y sobre todo, el inválido Inocencio, alrededor del cual la novela esboza su intriga aparente, pues el barrio lo acosa, en su larga agonía, para buscar unas joyas escondidas que pertenecieron a su amante, una artista del Alhambra de nombre Blanca Marín.
No es una novela de peripecias, Chencho, en rigor, no es un pícaro, sino un pobre-diablo, que habita las sombras azuladas del espacio astral, navega en un carro de mudanzas o en los lomos de un caballo. Es un alma en pena, un alma sin luz. Se sabe muy poco de Chencho y mucho del barrio, a través de imágenes engañosas, alucinaciones de un real-maravilloso anterior y mucho más legítimo, pues la novela, según investigaciones de Sergio Chaple, está fechada en 1942. Y se sabe de una Cuba real, en los años de la guerra europea.
Cuando en una gran capital de América, un hombre se construye un pulmón de hierro para vivir artificialmente, los vecinos de El Sapito, vuelven con la compra del día, botellas, pirulíes, caramelos y duro-fríos: "la hora de los centavitos". Cualquiera pensaría que el narrador tiene piedad con los habitantes de su barrio, pero no, desde su muerte en vela, Chencho, desea con lujuria a Socorrito, que también coquetea con Inocencio para heredar su botín y los vecinos saquean, antes de tiempo, la casucha de pico del paralítico, en egoísta arrebatiña. Un barrio de despojos, amarres, fantasmas, curanderos y velorios, que desembocan en el camino de arcilla pálida del Trillo de la Lola. Sin embargo, pese a que Regla Mercedes entierra en la bahía una botella llena de humo para ahuyentar a Chencho, éste reaparece, después de una fuga aparatosa del hospital Calixto García - donde lo atiende el Dr. Ramírez Corría-, y de robar las las pertenencias de un difunto, entre las que encuentra un billete de lotería que ha ganado el premio gordo. Chencho asume entonces su absoluta categoría "surrealista" y reaparece en El Sapito con "el esplendor rumoroso de las sedas" para estupefacción general, rubricado con un «soponcio» de Regla Mercedes. Prepárese el lector para estas palabras de cubano antiguo como inquina, gandofia, cachanchán... y también para esta bellísima prosa:

Socorrito en la puerta, contemplaba la vida, triste y bullanguera al mismo tiempo, que se desarrollaba en el único camino de El Sapito. Los mismos de siempre, los compradores de hierros viejos, los portadores de rancho para los puercos, los carameleros. Los mismos de siempre, sólo que más sucios que ayer, más flacos que el año pasado y más pordioseros que toda la vida anterior. Con un asco tremendo abandonó la puerta, restando su presencia de corista a la ruta fangosa de aquellos miserables. Alguien pasaba pregonando:
Botella botellero,
Pomos de botica un caramelo,
Cambio jarritos por botellas,
Botella botellero,
Compro huesos, hierros viejos,
Mocho de escoba por caramelo.

Dedicado a Eva Frejaville, "cuya sonrisa llevo prendida en mis deseos".

miércoles, noviembre 12, 2008

Adela Escartín: toda la escena

En una de mis primeras entradas"Vivir en la piel de otra", escribí sobre Adela Escartín, la actriz canaria de larga y exitosa trayectoria en Cuba. Hace unos días leo que Sergio Aguiar Castellano realizó un esbozo biográfico muy completo en un suplemento del Norte digital, con referencias a La flecha, que agradezco mucho. Y eso me animó a buscar en la biblioteca, en el intento de ofrecer una imagen completa de la actriz y directora. Encontré una revista Cuba internacional con mi entrevista "Adela Escartín: toda la escena". Cuba Internacional Año I, no. 4 (octubre de 1969) : 58-61 con muy bellas fotos de Iván Cañas. Como el formato de la revista no cabe en mi escáner, faltan algunas palabras. Falta un recuadro que dice:

En una sala de Prado fue su primer accidente. Estábamos haciendo Donde está la luz, sabía que tenía poco espacio, pero tenía que saltar y salté. A la semana tuve que actuar con muletas.


La sala de Prado 260 fue la «salita»que tuvieron Adela y su esposo, el director Carlos Piñeyro, la misma donde un tiempo antes estuvo el Atelier de Adolfo de Luis. Y Donde está la luz es la pieza de Ramón Ferreira, el cuentista y dramaturgo cubano, también autor de El hombre inmaculado, una obra maldita hasta la puesta de Teatro Avante en Miami. Adela dirigió también, Un color para este miedo, del mismo autor y viajó con una de ellas a un Festival Panamericano, en México, en 1958. De haber sabido más de su interés por el teatro cubano, la entrevista hubiese sido más rica.
Hoy sé muchísimo más de Adela que cuando la entrevisté, cuando fui su alumna. Para mi decepción, la entrevista, que casi no recordaba, contiene poquísima información. Sé por ejemplo que hace La gioconda, de D'Annunzio, dirigida por Andrés Castro, que la conoce en Nueva York, y que a pesar de sus gráciles movimientos y su bella figura, la crítica apunta que no se le oía bien. Estamos en 1949. En 1950 hace pareja con Vicente Revuelta, también dirigida por Castro en la Yerma que llegó a ser su marca de identidad y empieza esa relación tan intensa con Revuelta, de la que ya hablé. Y en 1951, hace Juana en la hoguera, de Honegger-Claudel, dirigida por Baralt en la Plaza de la Catedral, otro hito de la escena de la época.
La entrevista no es inquisitiva sino una muestra de afecto de la alumna a su maestra y sigue siendo eso. No más. Entonces no sabía las muchísimas historias, desencuentros, odios y rencores que atesoraba esta mujer que perdimos de vista cuando viajó a España en el ¿72? pero nunca del recuerdo.
Las fotografías de Adela en la escena de la nana en Yerma, de Federico García Lorca o con Vicente Revuelta pertenecen a la puesta de Andrés Castro en 1950. Estrenada en el Palacio de los Yesistas, en las calles Xifré y Maloja, en La Habana.

domingo, noviembre 09, 2008

El cuaderno de Víctor

Aunque La flecha hace bastante poca crónica personal o familiar, hago una excepción para contarles que, gracias a la curiosidad de los periodistas y estudiosos del cine, los italianos Maruccia Ciotta y Roberto Silvestri, un corto de Felipe Herba, circa 1973, fue exhibido como sorpresa en el Festival de Sulmona, Italia, que dirige Silvestri, hace dos días. Se interesaron tanto por el corto -realizado en 16 mm- que ya tiene su versión en dvd.
Es un filme de corta duración, hecho entre amigos -todos cinéfilos- en broma, en buena parte improvisado, absurdo y loquísimo y se llama Victor's Notebook y por razones que no vienen a cuento y porque en él tiene una presencia entrañable -y decisiva– míster X, que ha devenido director de culto, el pequeño filme no podrá tener la vida lógica de cualquier obra después de su descubrimiento.

Y volverá a la lata en la que ha estado guardado desde entonces y quizás algún día a esos archivos Prelinger que me gusta tanto citar. Quizás me puse mucho más contenta que Felipe de pensar en el milagro que es el cine y en cuánto de azar hay en que algo que escribimos, pintamos o filmamos, interese a otros. Es un misterio y les ofrezco unos fotogramas.

viernes, noviembre 07, 2008

René Buch, fundador


Que yo sepa --salvo La caracola vacía (en una revista Lyceum)– René Buch, no ha publicado el teatro que escribió en Cuba a finales de la década del cuarenta, constituido a saber por La primavera y el mar (1947), Nosotros los muertos (1948) y Del agua de la vida (1948), a juicio de Natividad González Freire, la mejor realizada, como "retrato fiel de la vida opaca y mediocre de la clase media en una ciudad provinciana".
Como Jorge Antonio González, Roberto Bourbakis, Modesto Centeno, Nora Badía, y muchos otros, no publica sus textos y ya cuando González Freire escribe su libro, dice que de La primavera y el mar no queda en Cuba ningún libreto.
Estoy en estos días revisando Prometeo, la revista que es otra de las hazañas de Francisco Morín donde hay testimonio gráfico de las obras estrenadas por Buch en esta etapa. Las fotografías casi no permiten reconocer a los actores, pero en La primavera... aparecen Gaspar de Santelices y Carmen Montejo, que fueron dirigidos por Ramón A. Crusellas.

Jorge Antonio González escribió que “Si admiramos al principiante de La primavera y el mar, más aún admiramos al creador de la bella comedia en tres actos Del agua de la vida, “cuya acción ocurre en Santiago de Cuba, a principios de siglo. Más valiente y más seguro, Buch aborda el tema de la incomprensión." Esta segunda imagen corresponde a la pieza que el autor ubica en su ciudad natal. Todavía estamos a tiempo de publicar a Buch, que por mi experiencia con La caracola... es un escritor seguro, capaz, uno de los primeros en mirar dentro de sus personajes para conocer sus desequilibrios síquicos y su emocionalidad. A La flecha, le encantaría poder digitalizarlas para comprender una etapa rica y fundadora, que todavía asombra.
Les recomiendo la entrevista de Armando López a René Buch, con motivo del cuarenta aniversario de Repertorio Español. Creo firmemente en abrir puertas, dice con humildad.

jueves, octubre 30, 2008

Verbatim


El teatro documento regresa con un nuevo ropaje, es teatro verbatim, al pie de la letra. David Ladra hace un minucioso y profundo análisis en la revista Primer Acto 323 del retorno de una forma que si bien, nunca desapareció del todo, vuelve para hablar de las guerras, la corrupción y los procesos políticos que interesan a las comunidades. No hay espacio para la ficción, se teatraliza el documento, "despojado de toda contaminación ambiental y mediática, para que hablen por sí solos". En Inglaterra es fuerte hace más de diez años (David Hare, Nicolas Kent y el Tricycle de Killburn) y en Estados Unidos grupos como el Actors Gang apuestan por un teatro directo, de mensaje explícito, que toma de la farsa, el esperpento y del agit pro, aunque no conozco de ninguna experiencia norteamericana etiquetada como verbatim.
Hay quienes apuestan porque haya mucho más verbatim en la escena. ¿Por qué no aquí? se pregunta Ladra, a propósito de España, ante el auge de las producciones anglosajonas. Aunque disfruté mucho con Embedded, de Tim Robbins, lo mejor de la obra era no era lo documental sino lo farsesco con sus máscaras de Dick Rum-Rum y Gondola .
Cuando guardé, a la manera de Connie, este ejemplar muy manoseado de R y C, (la revista que antecede a Revolución y Cultura) que dedica un número completo al tema, pensaba que conservaba memorabilia y que del teatro documento no nos ocuparíamos más. Pero si vuelve, como ahora, la historia cubana es un terreno virgen para teatralizar procesos que nunca se publicaron, juicios silenciados y tribunales, con la ventaja que nuestros «interrogatorios» no empiezan con Falsa alarma, tienen una larga tradición y están en los bufos y en la música popular y por supuesto en La tremenda corte. Quién sabe cuánto de la historia no oficial podría ser contado verbatim.

miércoles, octubre 29, 2008

José Manuel Prieto: Treinta días en alguna parte


Animada e intrigada por las respuestas de José Manuel Prieto sobre el papel del testimonio en la obra literaria, ¿qué es si no que una novela sea o no importante por la capacidad de "ficcionar su momento"? o que hubo "comentaristas sincrónicos" con encanto, como Manuel Cofiño, o su asombro ante la reducida cantidad de escritores que no escriben sobre las ciudades donde viven -como él– o lo de "mapear" ciudades. Como lo he leído mal y la entrevista tiene la virtud de no dejar indiferentes a los que nos gusta entrevistar, busqué Treinta días en Moscú (Mondadori, 2001) ( su libro de viajes, un encargo), periodismo al fin, en el que Prieto –gran conocedor de lo "ruso" por haber vivido en ese país como becario alguna vez y después como residente me supongo–, revisita el Moscú de los nuevos ricos, los nuevos templos, la nueva moda, la nueva cocina, los nuevos libros en los mercados, las nuevas películas en las carteleras de los cines y hasta los limpiabotas «asirios», que a manera de una no-guía-turística, intenta una mirada en subjetiva, al mismo tiempo que crispante, única.
Su estilo deliberadamente mal escrito -como español traducido- aunque no estoy muy segura si su idiomal se ha averiado por leer, conocer y vivir otros (nos pasa a todos), no funciona para un libro de viajes. En su estilo anfibológico, por ejemplo, dice que los rusos de principios del XX "viajaban a Africa, a Abisinia, y se traían de allá versos como Nikolai Gumiliov y traducciones del Popol Vuh, de México, como Kontantin Balmont." ¿Halló en México la traducción o el Popol.. es mexicano? Balmont, viajero constantísimo, se merecería un párrafo menos oscuro. Hasta donde sé, más que una traducción -- la primera al ruso- es una representación simbolista del libro sagrado de los mayas, una temprana aproximación inter-cultural del trotamundos que conoció Australia, India, California, cruzó mares y continentes, pero al final, también se quedó rumiando, en París, su pasado.
A mí me sirvió para evocar mi Rusia, la de tiendas con ábacos, donde se podía comprar a un precio razonable un prendedor laqueado de Palejh. El libro seguramente ya envejeció. ¿Tiene todavía trabajo el constructor de ventanas o la diseñadora de cortinas? ¿No estarán ahora de brazos caídos con este descalabro mundial?
¿Cómo vive los cambios Moscú que «no cree en lágrimas? Tal vez lo más permanente del libro sea la entrevista con Liudmila Petrushevskaya, si es que se realizó, que no hay manera de saberlo. El testimonio puede haber envejecido pero ojalá que el lenguaje lo sostuviera.

lunes, octubre 20, 2008

Sin título



Ayer, Santa Mónica se veía así, nublada, como casi siempre en estos meses.

viernes, octubre 17, 2008

Dulce María en sus cartas no extraviadas


Esta búsqueda mía en libros de memorias y epistolarios – a veces me animo y escribo de esto en el blog– no obedece a un capricho ni a una súbita curiosidad, sino a una obligación que me impongo en el afán de saber cómo es percibido el teatro por muchos intelectuales. La mayoría de las veces no encuentro ninguna referencia, pero de todas maneras, algunos libros me interesan como Cartas que no se extraviaron, parte de la correspondencia de Dulce María Loynaz. Tiene dos partes muy diferenciadas, las cartas del periodo 1932-1942, dirigidas a amigos e intelectuales, y la segunda, 1971-1991 que tienen un sólo destinatario: Aldo Martínez Malo, el periodista pinareño que la visita, se declara su admirador, le da confianza y es el responsable en buena medida de su resurrección no sólo porque la obliga a escribir, reescribir, ordenar , sino porque le suministra – ella que escribió en papeles de Holanda– bolígrafo y hojas para que prosiga su obra interrumpida por más de veinte años. Si el libro es fiambre y lo conocen, pueden saltar la entrada, pero si les ha pasado como a mí, que nunca pude empatarme con uno, a lo mejor algo los sorprende, dentro de las pocas sorpresas que puede deparar una figura que pasó del total ostracismo y el silencio al renombre y la consagración casi al final de la vida.
En las cartas de la primera etapa hay dos a Ofelia Rodríguez Acosta, (autora de La vida manda, muy paseadora y viajera), a la poeta Josefina de Cepeda, –Loynaz le escribe y la visita en ocasión de sus enfermedades–-la segunda esposa de José Antonio Ramos que en las cartas es un "señor esposo que la ayuda a recobrar la salud". Dulce María se mueve de La Belinda al Vedado, de La Habana a Trinidad y a Nueva York, en plenitud de su vida, o a Santiago de Cuba, donde visita El Cobre y la tumba de Martí, un masacote de mármol. Sus humores son caprichosos y sus frases lapidarias."Huyo de lo pintoresco y de lo ameno como de los pintores vanguardistas". Y en todas es gentil, atildada, irónica. A Virgilio Piñera le contesta en 1938 que probablemente mal interpretó la excusa de un «criado« al que no es posible exigirle «filigranas diplomáticas» y se siente obligada a comentarle sus horarios: visita a su hermana, que vive en el ala derecha, de cuatro a cinco, a su madre de cinco a seis y a las seis suele llegar mi señor esposo a quien atiendo como es debido..."
En las cartas de la segunda etapa, no hay criados ni viajes ni tertulias familiares. Es una mujer en la inmensidad de un caserón, "una viuda, una criatura solitaria, quedada al margen del camino". Es una casa de fantasmas. Hay pasajes estupendos, como en el que recuerda lo que llama las impertinencias de Gabriela Mistral o en el que se molesta con la comparación con Virginia Woolf, una mujer loca que no escribe más que disparates. O la Bovary, una neurótica vulgar. Pero sigue escribiendo su libro Fe de vida, para que Pablo Alvarez Cañas no se le escape otra vez al exilio o la tumba. Lo peor es que la interrumpen "porque tocan a la puerta porque llegaron las papas, la cocinera se ha quedado sin grasa o el de la luz amenaza con llevarse el recibo"... Así todo, cuando se embulla, va a visitar a Regino Pedroso muy enfermo y le promete a Aldo "Si mi automóvil tuviera arrestos para tanto, yo iría a visitar a Ud. en su cama de hospital..."

"Quedada, pero no arrodillada. No sometida, ni siquiera al dolor".

jueves, octubre 16, 2008

Yo Publio (I)


No sé bien si tengo derecho a «juzgar» con criterios literarios un libro de memorias, cuyo sentido último me es completamente misterioso, sobre todo, al publicarse póstumamente, cuando su autor no puede recibir ni la compensación ni la diatriba. Si no se escribe por vanidad, se escribirá acaso ¿para después? Entre cubanos, donde el género memorias es limitadísimo, sobre todo, al final del del siglo XX, Yo Publio, del pintor Raúl Martínez, sorprende por su sinceridad y su desparpajo, su crudeza y su lirismo y nadie lo podrá soltar como una buena novela. La autobiografía de un pintor que casi no habla de su pintura, el relato de un ser humano acosado por muchas torturas —empezando por la de no aceptar su sexualidad— contado sin pinzas ni alfileres-, que aún en sus momentos más sórdidos y tiene muchos, desborda alegría por la vida y la existencia. Desde que me puse a perseguirlo en la biblioteca de UCLA (Universidad de California, en Los Angeles), donde al principio confundieron el título por el de Yo publico, al momento que lo encontré en sus atestados anaqueles, percibí por lo cuidado del diseño y la edición, la sobriedad de las notas, el inmenso esfuerzo que supuso, el largo tiempo de preparación de Yo Publio, que por ser un gran libro, seguro genera controversia.
Alejada de comentarios de pasillo o de tertulias, sin haber sido nunca (por desgracia) amiga de Raúl —y admiradora, como tantos, de su obra— lo leí con enorme agradecimiento —todo el que nos deja entrar en su intimidad lo merece— y Raúl lo ha hecho paso a paso, de su infancia en el pueblo matancero de Perico, –en el que se apagan y se encienden los cocuyos a su llegada a La Habana, –el Ten Cent de San Rafael, ¡qué maravilla!– su breve estancia en Chicago, su trabajo como oficinista en la Embajada norteamericana, su entrada al mundo de la publicidad, su relación con otros pintores—Luis Martínez Pedro, Lam, Servando Cabrera Moreno, Guido Linás— y con su amigo de cuarenticuatro años, el gran amor de su vida, el dramaturgo Abelardo Estorino, pero también con personas menos conocidas como Luis (Interián) y su hermano el Loco y su hermano el Serio y su padre —a quien quiere complacer sin lograrlo— y sus tantos flirteos, amores fugaces, amores de una sola noche, descritos con total franqueza, sin tapujos, en el mundo cultural cubano donde hay muchos gays pero pocos escriben sobre el tema ni se asumen como homosexuales en sus obras.
Si vida y profesión pudieran dividirse, lo estrictamente pictórico no es relevante al relato, escrito en 1992, cuando es el un pintor ¿establecido? que ha atravesado por distintas etapas, desde el abstraccionismo con Los Once hasta la más conocida, sus murales pop de figuras de la Revolución, en los que incluye a sus amigos y todavía hoy provocan más de una interpretación Veáse César Beltrán y Ernesto Menéndez Conde. El que quiera indagar sobre el pintor encontrará atisbos, recuerdos, una crítica por aquí o por allá, su admiración por Pollock al regreso de Chicago o menciones de artistas que lo influyen, pero ni siquiera podrá completar una cronología. Lo esencial de la narración es su vida emocional, sus amores, sus conquistas, sus afiebrados intentos y sus numerosos fracasos, que al plasmarse en blanco y negro, corren el peligro de parecer promiscuos, a veces triviales, vulgares o redundantes. Pero uno los acepta. Al menos, yo. A mí no me ha parecido “poquita cosa” lo que cuenta. ¿Qué será poquita cosa cuando se trata de más de sesenta años de la vida de un ser humano? ¿Un hombre que se sabe gay a en la adolescencia, hijo de una maestra y un idealista, que lucha contra esa inclinación hasta que la tolera, con profunda angustia ? Tampoco voy a entresacar pasajes, todo el que la lea sabe o intuye que hay más. Pero no hay derecho a más. Si se pierde una hoja del manifiesto de Los Once, alguien conservará la que falta o se perderá para siempre.

miércoles, octubre 15, 2008

Yo Publio (II)


Para leer «confesiones» hay que entrar, con respeto, en su laberinto, deseosos de avanzar con pudor, sin prejuicios, con el que escribe para hacer juntos el viaje y por el que nos lleva de la mano, el niño aquél que aprende a rotular carteles para el cine de barrio y se inicia con una prostituta, que en San Alejandro se excita con modelos que parecen esculturas de Fidias y el que fracasa para finalmente juzgarse humillado casi siempre o inseguro o titubeante. Pero no ceja, no deja de reinventarse ni de acudir a cuanto medio tiene disponible para aliviar el acoso, conciliar las mitades, encontrarse a sí mismo y vivir a plenitud. Estas confesiones tienen que haberle proporcionado a Raúl Martínez —el pintor de los coléricos Ches y las resplandecientes Lucías — ya enfermo, una gran tranquilidad espiritual. Y a nosotros, más de un estremecimiento, porque su filiación, el compromiso de su vida no está exento de piedras y espinas (leáse el pasaje con Raúl Milián) ni ser el pintor de la épica y la iconografía revolucionaria le hace más fácil la vida ni por eso lo comprendimos más (alguna vez cambia el “Yo creo” por PM en un mural del ICAIC ) o la etapa de marginación cuando deja de dar clases en la ENA y en la Escuela de Arquitectura sin ninguna justificación. ¿Que no lo cuenta todo? Que toda auto-biografía tiene sus claroscuros y sus vericuetos, seguramente. Un diario es un diario y nadie lo escribe para complacer peticiones.
Para nadie es un secreto que Raúl —y no sólo a través de Estorino— tiene una intensa relación con el teatro desde que en 1948 exhibe una colección de sus obras en el vestíbulo de ADAD. Estoy casi segura que hay una viñeta suya en la revista Prometeo. En 1954 hace la escenografía de Lila, la mariposa, de Rolando Ferrer, otra amistad de su vida, que dirige Andrés Castro en el Palacio de los Yesistas. Por esa suerte del azar concurrente, alguien me ha regalado una copia de copias de una fotografía en la que aparece el telón que debió ser deslumbrante. Era el malecón, el mar que significa tanto en Lila... y en la vida cubana. “Cuando se apagaron las luces y se levantó el telón, me percaté, asombrado, de que mi obra se convertía en un gran cuadro predominando por encima de los actores que declamaban” (262).
En la fotografía, si ponen algo de imaginación, están Enrique Pineda Barnet (Marino) y Elena Huerta.

viernes, octubre 10, 2008

Grotowski en Nienadowska


En este documental, que parece un video casero o un documento personal, Jerzy Grotowski vuelve a la aldea Nienadowska donde estuvo escondido con su madre y su hermano durante la ocupación nazi, mientras su padre partía a la guerra. Como un estudiante -mochila a la espalda-- el creador del Teatro Laboratorio y de las Trece filas redescrubre los lugares -la iglesia, el granero, la casa y su familia de adopción. Lo interesante es la hechura casera del filme, en el cual Grotowski se aproxima a los lugares, la propia inseguridad de su búsqueda y el respeto por no invadir demasiado los predios ajenos. Los pobladores lo reciben con una mezcla de alegría y temor. Al fin, encuentra a la dueña de la casa, trabaja todavía en el campo y regresa con sus vacas.
La cámara se concentra en la vida cotidiana de un lugar todavía muy pobre en los ochenta: una gallina, un paisaje abierto, el estado ruinoso de una vivienda. Desde esta aldea su madre caminaba kilómetros para encontrar una biblioteca. Aquí se habla de revelación, misterio, belleza de la vida natural, incidentes de niño que iluminan algo que no transmite el libro, la conferencia o el video, su concepción de la vida y del mundo en las conversaciones que escuchaba debajo de una mesa o al mirar el acoplamiento de los puercos desde el granero. Para los que como yo lo vimos alguna vez, de traje, en el podio, Nienadowska es muy penetrante. El gran director se sienta en el quicio con la anciana que lo protegió, su familia espiritual, habla a la cámara en inglés, ella quizás no lo entiende o sí, pero está sentada, quieta, a su lado, como si ambos encontraran un gozo por la existencia ya perdido.
Un Grotowski más sofisticado aparece entrevistando a su tía en un apartamento de la ciudad. Se parece al que vi de cerca, en una sesión del ISTA (mayo, 1996), gracias a Eugenio Barba. Patriarcal y jovial, le recomendó a los jóvenes actores, con cierta ironía, que entrenar era lo mismo que cepillarse los dientes todos los días. Con una primera parte narrada por Peter Brook, en el resto de la película -60 minutos- hay que lograr entender el acento de Grotowski. Sin subtítulos. O mejor dicho, con uno solo.

jueves, octubre 09, 2008

Pogolotti y los rugientes veinte

Son unas memorias tristísimas, como tantas. El niño Marcelo Pogolotti – hijo de padre italiano y madre inglesa– nace en La Habana en 1902, cuatro años después de la llegada de Dino a La Habana como secretario del cónsul norteamericano y para entonces ya propietario -con la herencia de su esposa Graziella– de un terreno de más o menos cinco caballerías entre la Calzada del Cerro y la explanada del campamento de Columbia, que incluía la finca de recreo Larrazábal. Sus memorias Del barro y las voces - que se han leído mal y pronto– abarcan casi medio siglo de la vida del pintor y escritor cubano, que sostiene que "Todos deberían hacer su autobiografía" "para dar cuenta, por lo menos a sí mismos, de su propia actuación, si no quiere andar a la deriva como leño inanimado”. Y lo hace, en «socrática investigación del barro» del que estamos hechos, a lo largo de muchísimos escenarios, de los salones de mármol blanco y negro de la quinta de Marianao al pueblo natal de su padre, Giaveno, Italia, donde mira pintar a su madre. "Los colores limpios y jugosos que ella exprimía sobre la paleta eran exquisitos manjares". En una de sus escalas en Nueva York "garabateaba muñecos" a bordo de buques donde se atreve a hacer apuntes de los pasajeros.
Las descripciones de La Habana de principios del siglo XX son estupendas, incluida la inauguración del barrio «obrero» construido por su padre en 1911, nombrado Redención, que es hasta hoy conocido como el barrio de Pogolotti. Los tantísimos amantes de Marianao deben volver al libro para ver salir a los obreros del Paradero de los Ferrocarriles Unidos hasta su trabajo en la ciudad y en Puentes Grandes. En Turín, en un colegio jesuita, de vuelta a La Habana, sus padres se han separado y aunque Dino viene a almorzar los domingos, Marcelo no tiene afecto paterno, aunque se enorgullece de sus proyectos y urbanizaciones. Hijo de extranjeros y de un matrimonio fallido, las memorias reflejan ese aislamiento, ese estar y no estar, que lo acercan muchísimo a la madre liberal. En 1913 coincide en el Candler con Carlos Enríquez, a quien los alumnos llaman Mosquito y en 1916 estudia la segunda enseñanza en Estados Unidos, en la Saint John Military School. "Los rascacielos crecían como setas y el edificio Woolworth, durante muchos años insuperado en altura, ya estaba terminado". Empieza la guerra y en ese país vive el ambiente de movilización y luego la euforia del armisticio. Matricula en 1919 ingeniería mecánica en el Rensselaer Polytechnic Institute y describe sus bailes de gala, sus rigores académicos, sus cultos, sus «fraternidades», las preferencias pictóricas de su madre -- Whistler, Turner,- los burdeles y las flappers. Testigo singular de los roaring twenties, regresa cada año a La Habana, en las vacaciones. Una Habana en la que las cosas andan de mal en peor, pierde a su madre y a unos pocos meses, a su padre. Abandona la ingeniería e ingresa en el Art Students League de Nueva York. Vive su bohemia con una joven rusa con la que frecuenta los teatros y la vida cultural. Según su recuento, escasea la originalidad, salvo en los ingeniosos y sagaces dibujos de John Held.
Con respecto a la pintura, empieza a aparecer una escuela americana, "con artistas que podían alcanzar la fama de sus predecesores como Mary Cassat y el fantástico solitario Pinkham Ryder".

De ahí otra vez a Europa. Cuando regresa en 1925 empieza a descrubir a Cuba en su interior. De ahí que en esos pasajes, la voz narrativa se deslumbre con el descubrimiento de las señas de identidad de la ciudad como un forastero. En la página 140 de la edición de 1968, empieza en realidad a hablar del pintor, al recordar el Salón de la Asociación de Escultores y Pintores, al que manda el dibujo de una lavandera negra planchando. Renace su amistad con Carlos Enríquez —que pinta a la rubia que después sería su esposa, la pintora norteamericana Alice Neel – "pintora de talento, cuya estancia en La Habana, mas bien breve, dejó buenos y duraderos recuerdos”. Entonces trabajaba en la Independent Coal Company, que sus padres le obligaron a aceptar. Cuatro años después escandalizaría a La Habana con su exposición de desnudos.
En 1926, bastante incapaz de administrar los negocios que heredó en estado caótico, intenta trabajar en la Florida, en el establecimiento de un arquitecto. Una vez más regresa a La Habana con los bolsillos vacíos y una vez más piensa en marcharse.. "La boga española seguía batiendo en pleno”. Los mantones de Manila relumbraban a la salida de los cines y los teatros , colmándolos de rosas gigantescas.” Pero en Nueva York, preocupado por las evoluciones del fox-trot (incluyendo modalidades prohibidas como el shimmy), el joven Marcelo compra el Times dominical por las ilustraciones de Tony Sarg.
Del barro y las voces. La Habana: Unión, 1968. Portada y diseño de Jacques Brouté

lunes, septiembre 29, 2008

Cerrado por reparación


Todo debe renovarse de vez en cuando. Las revistas cambian de épocas y formatos. ¿Por qué no los blogs? Así que le he venido dando vueltas al tema y como no tengo una respuesta, me voy a demorar el tiempo necesario para seguir escribiendo con ganas en el blog. Según el site meter, he escrito 348 posts en dos años, lo que equivaldría más o menos a dos o tres entradas semanales, para los que gustan de las estadísticas. Y sé que hay muchísimos lectores fieles y asiduos, que les interesa La flecha... así como está. Espero que vuelvan cuando se reanude la etapa II.
También he borrado la creación disponible que ha estado en el blog, convencida después de dos años, que aunque soy partidaria del libre acceso, no tengo el interés en recaudar nada ni de recibir nada material con el blog, del que recibo más de lo que le doy, el lector tiene que hacer algún esfuerzo por encontrarla, no se le puede regalar así sin más. Porque no todo el mundo lo aprecia. Dos años de experiencia han sido suficientes para saber más o menos qué se puede y qué no se debe hacer en un blog, pero sobre todo, para detenerlo -- y repararlo-- si no proporciona alegría, comunidad y solidaridad y si abrirlo cada mañana, en lugar de ser un motivo de felicidad, se convierte en una rutina más.

martes, septiembre 16, 2008

Máscara de Juan Ortiz de Mendívil


Mientras algunos blogs recesan o se toman su tiempo y su respiro para encontrar nuevos aires, otros comienzan.

Viajera inmóvil empieza su andadura desde La Habana: una actriz dialoga con sus personajes en tono serio-cómico, paródico y amoroso.

La fotografía se titula Máscaras y es de Juan Ortiz de Mendívil, a quien agradezco sus colaboraciones para La flecha.



domingo, septiembre 14, 2008

Galería I-meil

jueves, septiembre 11, 2008

Imágenes de la ciudad



Las empresas comerciales de envíos de productos a Cuba que radican en España o Canadá podrían –al menos– ofrecer rebajas o incentivos para hacer llegar ayuda a los cubanos. La aduana de la República podría librar del pago de impuestos a los viajeros con carga humanitaria, alimentos y medicinas. Estados Unidos podría habilitar un acápite especial en Western Union o cualquier otra entidad para que los cubanos envíen a sus familias remesas especiales en momentos de suma necesidad sin pagar la excesiva comisión. Si por ejemplo la bien intencionada medida de la Fundación Cubano Americana se aplica y las comisiones actuales siguen vigentes, por cada 100 dólares a las familias necesitadas, W.U. ganaría 27. El correo norteamericano podría levantar sus restricciones para el envío de paquetes con artículos y alimentos enlatados. Hay muchas cosas que se le ocurren a cualquier hijo de vecino, a cualquier ama de casa, a cualquier madre, aunque algunas como yo, todavía no sepamos contar sino con un ábaco. Ninguna de estas ideas compromete la ideología de ningún gobierno y sí facilitan que seámos los propios cubanos los que ayudemos a nuestras familias. Fin a la politización de ambas orillas de una tragedia y un desastre natural.

No me refiero a los «combos para huracanes». Me parece del peor gusto. Caribbean Transfers ofrece un 30 por ciento de descuento en sus envíos de remesas, con lo cual por 111.oo dólares los familiares reciben 89 cuc o algo así. Insuficiente porque el momento no es para ganar dinero con las transacciones sino estimular que se puedan enviar más, sin contar que con las medidas vigentes en Estados Unidos nadie puede enviar más de 300 dólares cada tres meses y sólo a los familiares allegados. Y lo primero que habría que hacer es levantar esas restricciones.

Gracias a los amigos que dejan sus comentarios y a los que me han eviado estas fotos del agro-mercado de la calle de G y 17, que también es mi barrio.

lunes, septiembre 08, 2008

La virgen de los girasoles

Plegaria teatral a la Virgen del Cobre.
(tomado del guión de Rubén Darío Salazar para el espectáculo El guiñol de los Matamoros de Teatro de Las Estaciones 1998)

Ay virgencita del cobre,

Patrona de mi país,

Hazme olvidar que soy pobre

Arráncalo de raíz.

Yo te juro morenita

Que te pondré un girasol,

Un dije, una medallita,

Si me protege tu amor.

Llévate todo lo malo

y tráeme la buena suerte,

Yo te prometo adorarte,

Quererte, solo quererte.



(Ilustración "La virgen de los girasoles", de Zenén Calero).

Con las ilustraciones de este e-mail enviado por Alberto Sarraín, me despido hasta nuevo aviso, en la seguridad que todavía hay algún material para leer y ocasionalmente alguien lo descubrirá.
Gracias.

martes, septiembre 02, 2008

Noticieros




Triunfo de 1959

Movilizaciones con la renuncia de Castro

De la colección Universal Newsreel

lunes, septiembre 01, 2008

Huracanes


(Voz taína).

1. m. Viento muy impetuoso y temible que, a modo de torbellino, gira en grandes círculos, cuyo diámetro crece a medida que avanza apartándose de las zonas de calma tropicales, donde suele tener origen.

Ha transcurrido una semana y dos huracanes: la tormenta Gorki que movilizó a mucha gente dentro y fuera de Cuba empezando por los blogs. Fijénse si no lo conocía bien, que por varios días hubo una travesura tipográfica: Avila, por Aguila. Sin ninguna mala intención le cambié el apellido al rockero. Después, sin transición, llegó Gustav y en lo que me sintonizaba con el Granma y con Penúltimos para saber la ruta de la tormenta del siglo y el primero seguía detenido en "todo listo para enfrentar a Gustav", vía you tube, me di banquete con los conciertos y videos de Porno para Ricardo, no sólo porque me molesta que se haya ido una errata, sino no conocerlo bien. Las dos tormentas no tienen comparación: una sacude la vida espiritual y hace añicos el alma, la otra destroza a su paso y sin compasión los pocos bienes materiales de poblados ya de por sí muy pobres --como Los Palacios, La Candelaria, Batabanó o la Isla de la Juventud, al parecer muy golpeada. Recién se cuantifican las pérdidas. Apenas ahora empiezan a publicarse las imágenes de casas sin techos, camas sin colchones, árboles caídos, cultivos arrasados, el huracán más fuerte que ha asolado Cuba en cincuenta años. También los medios de prensa del globo celebran la preparación disciplinada para enfrentar los huracanes que con Rubiera al frente, ha hecho que Cuba no tenga que lamentar vidas humanas. Ojalá podamos reparar ambos daños: para que no se repitan. Gustav es impredecible, lo envía la madre-naturaleza, el otro, ha sido fabricado por nosotros mientras nos empecinemos en decidir lo que se canta y lo que no, lo que se grita y lo que se corea... Dejemos atrás la pequeña crónica de quién se va y quién se queda y quien canta -- que cada quien cante lo que le parezca-- y pensemos en cómo ayudar a las 86 mil familias sin casa, a todo el que ha perdido sus pertenencias y sus cultivos y sus bienes, que tal vez otro huracán bloguero internacional les devuelva no lo que se ha perdido que es irrecuperable, sino la idea de que otros muchos, desde lejos, los tenemos en el corazón.

lunes, agosto 25, 2008

Cuba detrás del telón


En fecha muy reciente, Matías Montes Huidobro ha dado a conocer dos de los tomos que componen su Cuba detrás del telón (I) y (II) (Ediciones Universal, 2008) que junto a El teatro cubano en la república (Boulder, 2002) y Persona, vida y máscara en el teatro cubano (Universal,1973), son sólo la parte visible del iceberg del gran proyecto investigativo de este estudioso, narrador y dramaturgo cubano, sin contar esa joya que escribió con su esposa Yara González, un libro único en la historiografía cubana (Itinerario del deseo), en el que Yara y Matías comentan, argumentan o se contradicen a partir del Diario de amor de Ramos, retrato a cuatro voces de la pasión amorosa de nuestro gran dramaturgo.
Cada vez que recibo uno de estos ejemplares, aumenta mi respeto y admiración hacia su obra, llena de tantos hallazgos críticos y opiniones personales, a veces atrevidas o punzantes, pero siempre originales y en los que la valoración del dramaturgo no está por encima del estudioso, sino en justo equilibrio. Antes de llegar a Estados Unidos, conocía sus obras de los sesenta, algunos de sus artículos para Lunes de Revolución y fragmentos citados aquí y allá de Persona.... Los colegas que lo conocieron antes, y regresaban de eventos o festivales donde se lo encontraban, siempre comentaban la caballerosidad y la «clase» de Matías. En Estados Unidos, sus libros han sido para mí un permanente estímulo para seguir estudiando el teatro cubano y si en ocasiones no he insistido más, es por pudor (le sigo los pasos) y porque algún día, mis libros se encontrarán con los suyos en los anaqueles de alguna biblioteca. No estamos de acuerdo en muchas cosas, probablemente tendremos opiniones a veces opuestas, matices en juicios y enfoques, pero todos son exhaustivos y lo revelan de cuerpo entero, analista apasionado y de enorme honestidad intelectual.
Si pensamos que desde 1961 Montes Huidobro vive en los Estados Unidos y no ha vuelto al país donde nació, es comprensible cuánto esfuerzo, dedicación, energía hay en estos volúmenes, en los que – sobre todo el dedicado al teatro cubano hasta 1966–, la ausencia se suple con paciencia, rigor y estudio. En el primero de ellos Teatro cubano: vanguardia y resistencia estética, Matías es un testigo de excepción de esa primera etapa, compleja y tumultuosa y su punto de vista es único, como ya anticipó en un artículo muy completo sobre Lunes de Revolución, a disposición de los interesados gracias al archivo digital de Latin American Theatre Review.

En ocasiones, esperando y esperando la oportunidad, una no llega a decirle a sus colegas, cuánto ha recibido de sus libros. Cualquiera de nosotros "muere" por un hallazgo crítico y Matías tiene incontables. Se lee el teatro cubano y se piensa en su «cainismo» porque sus libros nos ayudan no sólo a comprender la escena, sino eso que alguien ha llamado, "el carácter nacional". Entonces, antes que la oportunidad se escape de nuevo, celebro desde La flecha... una obra magnífica.

En esta página web se pueden adquirir sus libros a través de Pro-Teatro Cubano.

viernes, agosto 22, 2008

Amalia y Luisa


Gracias a los que han escrito en estos días, sobre todo, a Armando Pantoja, quien ha narrado –a propósito de El bautizo–, otra aventura mayor y por suerte, feliz. Cuando La Flecha se pasa unos días sin escribir, siempre se sorprende de como algunas entradas viejas siguen teniendo actualidad para los que la encuentran por primera vez. Y esa es la única razón para seguir con el blog.

En lo que hoy sería considerado un libro-testimonio, Aurelia Castillo de González, cuenta muy bien sus recuerdos y los de Amalia Simoni en Ignacio Agramonte en la vida privada, La Habana, Rambla, Bouza y Co, 1912.

Y para los amantes de la cienfueguera Luisa Martínez Casado, lo que hoy sería un dossier de prensa.
De la Colección de Panfletos latinoamericanos de la Biblioteca de Harvard.

La imagen de El Arte del Teatro es de la colección digital de la Biblioteca Nacional de España.

viernes, agosto 15, 2008

El mar, de Navarro Carranza


A veces me encuentro algo en el camino que puede servir a otros. La revista Social (agosto, 1931) publica un texto de un autor mexicano, Francisco Navarro Carranza (Jalisco, 1902-1967) que a tenor con las pocas obras cubanas que se editan, debe existir una relación entre la revista o alguno de sus miembros y Navarro Carranza. Después de todo, es posible que en los treinta estuviésemos más cerca teatralmente de Jalisco. O que Navarro fuese cónsul o diplomático en La Habana, como Carlos Girón Cerda, autor de Ixquic.
Buscando y buscando, encuentro en el blog de Angélica Maciel "Jabberwocky" este análisis de sus obras y del texto, que forma parte de una trilogía y que reproduzco aquí con mi agradecimiento.
"En El mar, el tema del adulterio doble y el pacto suicida van de la mano con el honor que salvaguarda escondido el machismo imperante en un pequeño pueblo de la costa. La mujer aquí, como en la corriente tradicional del teatro mexicano, es aún el motivo de la infidelidad. Es la mujer la que es coqueta, en el caso de Chole, y es la mujer la que es débil a la carne, en el caso de Lupe. Los hombres honrosos son los que conllevan la acción clímax al obligar a las mujeres a abordar la lancha que las llevará a la muerte junto con ellos.
Aquí de nuevo el lenguaje marca un código lingüístico representativo del habla de los pueblerinos de la costa. Las palabras con aféresis o elisión marcan la cotidianidad y la realidad de los personajes inmersos en un cosmos lejano de la ciudad, a lo urbano. También esto funciona como metateatralidad, por lo menos en la actualidad, ya que se comprende una realidad para el espectador; exclamamos hoy ante ello: “es verdad, así se habla”.
El final de esta obra retrata la vehemencia enmascarada de honor, y caemos en cuenta de la furia, la violencia, lo trágico, lo imperdonable, todas características de los entes sociales y por tanto humanos".
F. Navarro "El mar". Social 16(8): 61-63. agosto, 1931.

jueves, agosto 14, 2008

Julio Matas premiado

Fotografía de Angela García aparecida en el blog del Instituto Cultural René Ariza.

La flecha se suma al homenaje a Julio Matas con esta nota –que apareció en Encuentro de la cultura cubana-- hace algún tiempo y reseña uno de los libros de Matas: El rapto de La Habana.

Historia e imaginario

Estas ocho obras teatrales de Julio Matas recorren diferentes géneros, estructuras dramáticas, estilos, caracterizaciones y fábulas. No resulta fácil encasillar al autor de La crónica y el suceso, cuya pieza Extravíos ha sido considerada por Luis F. González Cruz y Ann Waggoner Aken como una obra maestra, junto a las de Carlos Felipe y Virgilio Piñera.
Sin embargo, quizás el elemento unificador del volumen es el interés por un teatro de la historia, concebida como un conflicto permanente entre imaginario y contexto, situación teatral específica y tiempo real de los espectadores, fábula encarnada por personajes ficticios y acontecer de una época.
El teatro de Matas no pertenece al que de manera tradicional se califica de "histórico" porque reconstituye acontecimientos del pasado con intención arqueológica, exactitud y fidelidad. Por la variedad de procedimientos estilísticos y de composición, sus piezas me parecen cercanas a esa zona de la escena cubana en la que es difícil diferenciar entre la historia con mayúscula y la pequeña historia, ya que los episodios son "historizados" por la óptica del dramaturgo. Mortimer o El rapto de La Habana, por ejemplo, es pariente de la línea negadora y de juego de escarnio de José Milián en La toma de La Habana por los ingleses. Aquí el inglés Mortimer embarca a La Habana como traductor de las tropas invasoras y allí se enamora de una criolla para morir antes del casamiento y ser prácticamente "raptado" por la belleza del ambiente, seducido por las danzas africanas, la sensualidad y el ritmo, especialmente cuando el cadáver de Mortimer, por su expreso deseo, recorre en andas la ciudad amada. No hay ningún intento historicista o de reconstrucción de la época sino más bien un marco para un teatro de intención coral, con un narrador, tres partes, cuadros breves y más de treintitrés personajes sin contar las comparsas, los sirvientes y los paseantes callejeros. El fin de la guerra de independencia en Cuba es el fondo para una de sus "tragedias cubanas", El hijo de Tadeo rey, drama rural de pasiones, engaños y tomentos en el que dos deidades en pugna, pertenecientes a los panteones católico y yoruba, guían a la protagonista Caridad a su hybris como en los griegos con la complicidad de una rústica nodriza. No recuerdo –aparte de Eppure si muove, la coreografía de Caridad Martínez—ninguna otra aparición teatral de la Virgen de la Caridad. La otra tragedia, Ifigenia en Gran Caimán, teatraliza el mito de la fundación del Cementerio de la ciudad de Santiago de Cuba y está ambientada en la isla del mismo nombre en 1812, en plena efervescencia de la piratería.
Como hemos visto en estos títulos, predomina la recreación de hechos y episodios. Aquí la voluntad de documentar no prevalece sobre la dimensión imaginativa. Matas huye del didactismo –a pesar de proporcionarnos valiosa carga informativa--, no se vuelca hacia crónicas y sucesos para crear obras expositivas o coyunturales, de escaso vuelo, cargadas de verosimilitud, basadas en una rigurosa investigación pero con una actitud restauradora, respetuosa y dócil.
Por el contrario, en Las indias galantes, que integra junto a Mortimer…. Lo que el dramaturgo llama "Claroscuro de las indias", la recreación histórica sale del marco de Cuba. En la primera parte, "Perulera", estamos en el Perú virreinal de la Pericholi, mientras se teatraliza una obra de Merimée y se presentan simultáneamente las situaciones del pasado y la actualidad – violencia revolucionaria, corrupción, discursos demagógicos de una izquierda que proclama la justicia pero ejerce los peores vicios -- y en la segunda "Yucateca", en las ruinas de Chichen Itzá convertidas en atractivo turístico mientras se desarrolla el concurso de la Señorita México del Año. El autor reflexiona sobre el tema de una identidad latinoamericana, los clichés de una sociedad globalizada que perpetúa los peores estereotipos del mestizo y el indio al convertir en mercancía y parafernalia sus símbolos y sus sentimientos. El colmo de la ironía es la escena donde los figurantes que han representado las esculturas mayas de Tlaloc y Chac Mool se desvelan en su verdadero rostro. Como en Mortimer…..Matas recrea varios escenarios y descubre por sobre la mirada turística y de estampa, una realidad más compleja y amenazante en su irónica versión de las "Indias galantes". En el tomo alterna con una pieza más ligera como Tócame Roque para demostrar que es capaz de intentar todos los registros.
El monólogo El asedio (Miami Blues), dedicado a Laura Zarrabeitia, me parece un modelo de concisión y síntesis así como la visión ácida y cruel que en Los parientes lejanos lleva a la "desintegración" de la familia en el exilio cuando los recién llegados de Cuba, Mongo y Rosa quieren vivir de parásitos. El delirio de grandeza del primero está a punto de arruinar el matrimonio que los acoge cuando un recurso tragicómico – al estilo de la "balita de la suerte" de El premio flaco— propinado por Milita, soluciona el conflicto mientras Matas se las ingenia para emplear recursos de la radio, la televisión y hasta un espectador –que en nombre de la moral y las buenas costumbres—interviene de manera brechtiana en la trama. Sorprendente, tragicómico y difícil de lograr escénicamente es el final de Pretérito indefinido, que nos deja con una sonrisa en los labios.
Pero por sobre todos los méritos de su teatro, me ha interesado, la habilidad en la creación de personajes y ambientes en los que establece una permanente tensión entre su circunstancia inmediata y la historia o el mundo que los rodea, pero que mantienen aferrados a una estatuilla como Ifigenia, proclives a la generosidad como Rosa o arrepentidas de su error como Caridad una constante compasión y altura moral. También, la intención de bocetar una escena espectacular en la que se funden bailes, apariciones, coreografías en la majestuosidad de una escena "total".
Con El rapto de La Habana el lector dispondrá de un teatro cuya densidad intelectual no está reñida con la capacidad de entretener y los futuros directores hallarán un material lleno de sugerencias y provocaciones.

Julio Matas.El rapto de La Habana. 8 obras dramáticas. 1st Books Library, Bloomington, pp. 264

miércoles, agosto 13, 2008

Actores cómicos en miniatura



Hoy La flecha cumple dos años. Gracias a los que escribieron y a los que siguen leyéndola. Estas imágenes son del Getty : actores cómicos de la antigüedad con expresiones exageradas.

lunes, agosto 11, 2008

Culto cubano a Eugene O'Neill



En 1927 comenzó nuestra relación más bien platónica con O'Neill, el autor norteamericano más estudiado, pero en comparación, menos representado. Mi rastreo empieza en 1927 cuando Jorge Mañach traduce In the Zone para la revista de avance. Es más que evidente que el lenguaje de las obras del mar influye en muchos autores así como su concepción de la obra corta. Se intenta que inaugure el proyecto teatral de la revista, que como tantos, no llega a realizarse. En los cuarenta se escenfica más: Marisabel Sáenz tiene un resonante éxito con Antes del desayuno. Y a lo largo de la colección de la revista Prometeo -- dirigida por Morín -- la insistencia en estudiarlo lo hace casi un objeto de culto: "Un estreno de O'Neill", de Bertha Maig reseña la puesta de The Iceman Cometh en Nueva York y comenta la rara vez que se escenifica, "Eugenio O'Neill y su dramática", de J. Losada, " Extraño interludio", de Carlos Malgrat, " El nuevo teatro norteamericano", de Roberto Bourbakis y "Siete dramas del mar, de O'Neill", de Clara Ronay. Ligados se escoge (1948) para una función a beneficio de Prometeo, con la que se persigue dar a conocer esta obra «formidable». El editorial de la revista expresa que es "una obra difícil y arriesgada". "Con solo cuatro personajes su autor ha plasmado la tragedia de un matrimonio fusionado con lazos indisolubles que pueden más que la voluntad y el deseo". Aunque es una de sus obras más intelectuales, está llena de profundas raíces humanas y ofrece amplias posibilidades de lucimiento a los intérpretes". En los cincuenta, son significativas la puesta de Los endemoniados (Francisco Morín, 1955) con Adela Escartín, E. Moure y Gliceria Soto y Largo viaje de un día hacia la noche (Vicente Revuelta, 1958), el montaje tan comentado con el cual comienza su andadura Teatro Estudio. Y para rematar, dos libros, están el de Mario Parajón, y el de Rine Leal.

domingo, agosto 10, 2008

Coturno y chancleta


La Villa Getty es uno de los mejores museos de California y cada vez que lo visito encuentro muchas más referencias al teatro. Esta vez, este bronce de Afrodita y Eros, griego, (200-100 años antes de n. e), con la batalla entre el coturno y la chancleta, que según Rine Leal, identifica la historia del teatro cubano. La diosa no lleva coturnos en la imagen pero amenaza con castigar a un malicioso Eros con una sandalia. No es la figuración trascendente del período clásico sino una escena más familiar y doméstica. En la colección de Getty proliferan los actores en sus muchas veces diminutos bronces – que no destacan en una primera visita–, sobre todo los cómicos, con sus máscaras, sus prominentes barrigas y sus desproporcionados traseros, como se reconocieron en la comedia nueva. Después esos atributos reaparecen en la comedia del arte y en nuestros primitivos personajes bufos.

martes, agosto 05, 2008

Acuse de recibo


La escritora y diseñadora Lien Carrazana empieza su blog La china fuera de la Caja. Con esto de diseñar, ya nos lleva una gran ventaja. ¡Bienvenida!

Recibo Sinalefa digital, que leeré pronto.

Me escribieron algunos de los autores de Teatro cubano en Hi5, espacio que al parecer le gusta mucho a los cubanos, ya que recibo invitaciones a integrarme. Aparte de agradecer los elogiosos comentarios que dejaron en mi blog, no puedo con Hi 5 y espero que me excusen, me resulta invasivo, pero como se trata del teatro cubano, claro que entré. Hay que estar muy alertas, si te descuidas, todas tus direcciones de correo están de pronto invitadas a Hi5 y hay tanto material dentro que sólo así puede imaginar uno que la red llegue a colapsar. De todas maneras, el teatro cubano empieza bien, con textos sobre Piñera y María de los Angeles Santana, y una fotografía de Mario García Joya, sin crédito (la de Piñera con su bandeja de croquetas en la despedida de Lunes de Revolución).
Gracias a los que escriben.

viernes, agosto 01, 2008

Guía de turismo (I) con cariño para Wendy


Desde que dejé La Habana o La Habana me dejó a mí parece que ha cambiado bastante la percepción de lo alternativo, como si los escritores – igual que ciertos babalaos de shopping– quisieran regalar el manjar a los turistas, convirtiendo esa apelación, tan seductora, en el centro de una exhibición, tan surrealista como la ciudad que describe. Con lo mucho que me gustó la novela de Wendy Guerra, y ella misma – con su pícara belleza– (después de todo todas las escritoras no tenemos que usar espejuelos y guarachos) me decepciona que viviendo dentro y pudiendo contar lo que realmente pasa y lo que la gente sin necesidad de ninguna guía descubre (siempre me acuerdo de cómo traté de explicarle lo inexplicable a un gran hombre de teatro, que me miró a los ojos y me dijo: rosaileana, yo sé que no tienes FE. Familiares en el extranjero). En cuatro días habaneros, entonces, mi invitado sabía más argot y tenía más calle que yo. No hace falta preámbulo ni guía, sólo caminar y andar La Habana, pero no en el Mercurio, donde un café vale 2 cuc, sino en todo caso, un poco más allá, en el sitio donde en pesos cubanos te sirven huevos al plato. Y no hay que ir al Callejón de Hammel para tener un sábado de la rumba particular caminando por las calles del Cerro. O desembarcando en la lanchita de Regla, que está en su lugar. Al parecer, es nuevo lo de los Jardines de la Tropical para los jóvenes- hijitos de papá.
Envejecí con mi concepción de lo alternativo, que se llamó Víctor Varela cuando se apostó en la Logia de la Plaza de la Revolución como en los cuarteles de invierno, el carnaval del 70 con su callejón de Huaylas y sus cervezas a granel, y el Gato Tuerto, que ahora le dicen el gato minusválido. Cuando Carlos Díaz hizo La niñita querida con banderitas de acto político. Por suerte La Habana es una ciudad inabarcable y cada quien puede hacer su guía. La flecha no recomienda los «paladares», aunque por excepción les regala éste de su colección, genuina hibridación brasileña-cubana, o no se acuerdan de Raquel, así que les presento el Decamerón, para amantes del insigne autor, desconocido, reservado y barroquísimo, especial si tienen de visita algún familiar en el extranjero.