viernes, junio 01, 2007

¡Arriba con el himno!

Cuando Ignacio Sarachaga escribe ¡Arriba con el himno! (1900) crea las bases para el estilo «alhambresco». A pesar de su contagiosa música, su oropel y su alegría, esconde un fondo de desilusión. Con la última obra del autor de Mefistófeles, se despide una época y el final de un forma de hacer se engarza con el arribo de otra que dominará la escena por treinticinco años. Me gusta mucho ¡Arriba con el himno! , a pesar de su ingenuidad, porque es un testimonio del traspaso de poderes, una obra política hecha con gracia y humor, un testimonio y un delirio.
Comienza cuando la bandera española está arriándose en el Morro y termina con la entonces hipotética escena del pabellón nacional sustituyendo a la insignia norteamericana. Los que presencian la escena son Handkerchief ( norteamericano) y Luis ( cubano) .


Mientras desfilan como en un caleidoscopio personajes «irrepresentables» como las calles, los periódicos, los teatros y los partidos políticos. Las calles están muy contentas porque han sido remozadas por el gobierno interventor, pero el barrio del Pilar necesita alumbrado y San Isidro ya aparece como «barrio de la maldad, sucio y choteado». Los teatros se presentan, el Tacón, el decano, muy operático, el Albisu y el Payret así como el circo Pubillones, al que asistía de niña Renée Méndez Capote.
Luis conduce al norteamericano al concurrido Parque Central donde el pedestal de Isabel II está vacío y Zapote, un español bodeguero pronuncia un discurso absurdista muy elocuente:

[..] Señores, los detallistas son hombres que no quieren detallar detalladamente, porque hay detalles largos de talle, y que cualquiera estalla al verles la talla»..(200-201).
Opuesto a que el whisky sustituya a la ginebra, el bodeguero se encuentra con Pancho --un gallego aplatanado que se niega a «evacuar». Vestido con su jipijapa le gustan demasiado el clima, las mujeres cubanas y el danzón. Quizás una de las escenas más graciosas es la de los medidores de calles, uno de ellos habla en inglés, pero nadie entiende. O los partidos políticos o los diarios de La Marina, La Discusión y La Nación .
Pero el norteamericano, ávido de conocer los bailes y la diversión, asiste a la polémica batalla entre el two-step y el danzón. Los insultos son mutuos. Tieso como una estaca es el two-step, horror que a nuestro patriotismo hiere, «los que lo bailan parece que van dando puntapiés». Al final, Handkerchief prueba y aprueba el danzón: tiene un «meneamiento» delicioso.
Sin embargo, todas no son carcajadas. Ha aparecido la otra cara de la moneda: el cesante y el reconcentrado y, sobre todo, el buscador. Este último busca el desenlace de la comedia política. Y suena un cañonazo, la bandera cubana ondea en el Morro y hay luces de bengala. El autor la consideraba una apoteosis final. Tiene cinco cuadros y veinticuatro números musicales.

El teatro Payret y el Albisu en la colección digital de tarjetas postales de Cuban Heritage Collection. La edición Ignacio Sarachaga. Teatro. Selección y prólogo de Rine Leal. Letras Cubanas, 1990.

1 comentario:

Anonymous dijo...

Rosa Ileana, ¡Me encanto! tu "¡Arriba con el Himno!" y lo de Zapote, es genial.

Yvonne