viernes, diciembre 29, 2006

De palo pá rumba o la Letra del Año

Por Yvonne López Arenal

Termina el año 2006 y muchos cubanos y no cubanos, de la isla y fuera de la isla, esperan la ceremonia de la Letra del Año que les ofrecerá las predicciones de los Orichas o Santos de la religión Yoruba, religión que fue traída por los esclavos, que llegaron a Cuba provenientes de África, de la etnia Yoruba a finales del siglo XVIII. La ceremonia de La Letra del Año es considerada el evento más importante dentro de esta religión.

Las predicciones se hacen a través del "Oráculo de Ifá" que preside un grupo de Babalawos o sacerdotes, que nos dará a conocer la regencia de los dos Orichas que reinarán durante todo el año. Es un sistema adivinatorio de probabilidades que se guía además por un complejo sistema de signos, explicados con refranes de gran sabiduría, advirtiéndonos lo que nos depara el destino para el año entrante.

Cuba es el territorio donde mejor se conservan estas tradiciones culturales. Sin embargo estas creencias religiosas se han extendido por el mundo. Hoy día se practica en España, Estados Unidos, México, Puerto Rico y Colombia por mencionar unos cuantos de los países que le han dado cobija. Según tengo entendido, se hacen esfuerzos para lograr una unidad entre todos los practicantes de esta religión y llegar a un resultado común con el respeto y la venia de todos los implicados, lo que es a mi entender un loable esfuerzo. En el caso particular de los cubanos en la isla, hay dos letras de dos asociaciones diferentes, la Comisión Organizadora y la Asociación Cultural Yoruba, además de las provenientes de otras regiones del mundo donde se practica la religión. Creo que todas podrían converger, respetando las diferencias.

Y por cierto, "cambiando de palo pa' rumba" como hacemos los cubanos cuando una idea nos detona otra, quisiera contarles algo: hoy en la noche, a sólo uno días de la anunciada "Letra", vi un programa pregrabado en un canal local de Miami. En "A Mano Limpia" entrevistaban al pelotero cubano y pitcher de las Ligas Mayores del baseball norteamericano, Orlando "El Duque" Hernández y aunque confieso que no sé nada de pelota, que en mi vida he asistido a un estadio de baseball, me paralicé ante la pantalla de mi televisor, la sencillez de ese ser humano me conmovió. Rememoró el pueblito donde vivió en Boyeros, a sus amigos, a su equipo de La Habana, "Los Industriales", donde tantas victorias logró; le decía a Oscar Haza, el conductor del programa, que "Los Industriales" estaban en su corazón, que si el ganaba un juego en la mañana y ellos en la noche perdían, él sufría, pero que si ganaban, era su victoria. Me corroboró lo que ya me habían comentado sobre su grandeza de espíritu, su generosidad, su honestidad en todos los momentos de su vida, más allá de conveniencias e intereses creados. El Duque alimentó mi deseo de unidad entre los cubanos, mi deseo de que un día podamos tendernos las manos y que "más temparno, que tarde" todos podamos compartir los juegos de baseball, las funciones de teatro, las noches habaneras, que podamos compartir también las susodichas "Letras", las de las dos asociaciones. Deseo de todo corazón, que podamos entendernos, porque finalmente somos un solo pueblo.

Agradezco a Yvonne López Arenal su colaboración para Lanzar la flecha... que les desea a todos un feliz año nuevo.

jueves, diciembre 28, 2006

Mayito: homenaje a la música cubana

“Antonio Arcaño en el jardín de mi casa del Vedado” titula Mario García Joya (Mayito) este homenaje al monarca del danzón, director de una orquesta inolvidable: Las maravillas de Arcaño. Mayito, que tiene una cuantiosa obra fotográfica y para el cine— ha sido director de fotografía de más de noventa cortos y largometrajes como la premiada Fresa y chocolate, de Tomás Gutiérrez Alea-- entró al cuarto oscuro, revisó sus miles de negativos y me regala esta primicia. El fotógrafo es reacio a prodigarse y salvo en Zone Zero donde expone "Caibarién", no hay demasiadas posibilidades de admirar su magnífica obra, por eso mi alegría es doble.

¿Cuántas imágenes hay en el archivo de Mayito? ¿Cuántas escenas, hechos, personajes y acontecimientos han sido captados por su lente y su sensibilidad? Nunca me lo ha dicho, pero sé que son incontables. Abarca múltiples facetas de la vida cubana, pues antes de ser reconocido director de fotografía, hizo publicidad y trabajó en el mítico semanario Lunes de Revolución. Rodeado de hechos y acontecimientos, ha tenido la cualidad de ver donde muchos otros no vieron y ha retratado a la Lupe y a Longina y a los trovadores de la Peña de Sirique y a Juan Charrasqueado y a Virgilio Piñera y a Labrador Ruiz y a Silvio y a Amelia Peláez. Y vi unas hermosísimas fotos de Benny Moré con la bellísima Odalys Fuentes en el festival del periódico Revolución.

Algunas las he visto de pasada o de manera accidental porque en realidad a Mayito le gusta hablar de música, de cine y de Cuba, le gusta hacer chistes y oír chistes, conversar y discutir, pero le cuesta mucho hablar de sí mismo. Y lo he oído muchas más veces comentar obras de Constantino Arias o de Blez, pero rara vez hablar de una de las suyas. Por eso les recomiendo la entrevista de Marisel Mayor Marsán en Baquiana.

Ahí cuenta detalles que me parecen claves, su infancia en Santa María del Rosario rodeado de los retablos barrocos de donde viene a lo mejor ese gusto por la composición abigarrada o el detalle pictórico o ese interés por la obra artesanal y anónima del artista popular que aparece en muchas de sus imágenes de "Caibarién", donde los pobladores están rodeados de obras de arte toscas, delirantes y por eso mismo entrañables. Habla de su relación con los pintores, desde Hugo Consuegra y Antonia Eiriz hasta Raúl Martínez, su maestro.

Mi alegría es doble porque Mayito prepara un libro de fotografía dedicado a la música cubana donde aparecerán los artistas que ha conocido y retratado en peñas, conciertos y recitales, pero también en los ambientes más íntimos y cercanos como ésta su casa del Vedado. Y porque junto a las imágenes, Mayito escribe las anécdotas que rodean las fotografías y sus personajes.

Y mientras espero ansiosa la publicación del libro, él escogió ésta de Antonio Arcaño (circa 1970) porque descubrió que casi por la misma época, yo estaba entrevistando al gran músico. Su flauta hacía prodigios y su orquesta, una de las más solicitadas por los bailadores, son la Cuba que va conmigo. Ahora he puesto el cedé de los danzones en homenaje a Antonio Arcaño y a su fotógrafo. De nuevo el monarca y sus maravillas.

miércoles, diciembre 27, 2006

Leonardo Acosta: el músico y el escritor que lleva dentro




En una entrevista más reciente que la de Mayra A. Martínez para Revolución y Cultura (y es estupenda), Leonardo Acosta se retrataba a sí mismo:
En Cuba para existir tienes que ganar una Olimpiada, un premio Nobel o, por lo menos, Cervantes, un Grammy o algo por el estilo. Y yo rechazo por instinto el protagonismo, el “figurao”, el autobombo, la familiaridad con los “famosos” o los poderosos. Claro que, sin quererlo, he conocido a muchos famosos en todas las esferas y de muchos países, lo que tampoco me ha convertido en un cronista de mi época. El retrato se queda en negativo. Y mi personaje preferido sería el hombre invisible.
Al menos, ahora a sus setentitrés años, acaba de recibir -- en mi opinión muy merecidamente-- el Premio Nacional de Literatura por una significativa obra ensayística que abarca temas literarios e históricos de Cuba y América Latina, José Martí y Alejo Carpentier como estudios musicológicos sobre el jazz y la música cubana como Del tambor al sintetizador o Raíces del jazz latino, entre otros muchos. Saxofonista, director de grupos de jazz e incluso uno de rock en su juventud, Leonardo se formó en el hogar de José Manuel y Esperanza y conoció la bohemia original de los años veinte, las historias y vivencias del Grupo Minorista que José Manuel integró y que de alguna manera lo preparan -- con el propio Carpentier como informante-- para sus empeños mayores. Un premio que ha estado hasta ahora dedicado a literatos a secas, se otorga a un creador al que le sienta bien el título de Carpentier, pues Leonardo lleva un músico dentro aunque haya trabajado con igual interés el periodismo especializado en política internacional como las facetas propias del musicólogo formal o de academia en el que nunca se reconoció.
Conocí a Leonardo en su faceta de músico por dentro, llegaba a la redacción con la puntualidad de un lord inglés y entregaba cuartillas impecables que podían volar al linotipo. Alguna vez estaría de mal genio, sobre todo, si algo interrumpía la comunión del momento, pero cuando empezábamos a conversar era el escritor y el músico con sus anécdotas, sus recuerdos, su bohemia y sobre todo inspiración y experiencia para regalar. Por fortuna muchos de los trabajos de Leonardo Acosta están hace rato en Antes en papel, entre ellos uno que me gusta mucho, "Elige tú que canto yo", en el que cuenta su breve pero intensa experiencia con la orquesta de Benny Moré.
La cita pertenece a "Descargando con Leonardo Acosta", de Rafael Bassi Labarrera.

sábado, diciembre 23, 2006

La Cuba que va conmigo

Esta es la Plaza Vieja de La Habana (1830) vista por Hippolite J. B. Garnerey. La imagen está en la Hispanic and Portuguese Collections de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. En el grabado la ciudad tiene el «rosa» de Romeo y Julieta que tantas veces he recordado y que los los mayores describían como color de rosa. Es en realidad un color irreal y distinto pero la ciudad está tan animada y hay tantos detalles que podemos aceptar la licencia del grabador que como los costumbristas idealizó el entorno. Me ha parecido muy linda para celebrar el fin de año. No todo es color de rosa y en Cuba hay mucha gente que sufre y me acuerdo de ellos, hay mucha gente separada de su familia en todos los puntos del planeta, hay mucha gente que no puede leerme que hay blog-queo y bloqueo y los dos son igualmente empecinados y violentos, hay muchos que tampoco tienen internet que es un lujo, la prioridad es la supervivencia. También puede ser que no les interese lo que cuento. Escribir de Cuba en la distancia es muy difícil y a la larga una va creando a fuerza de nostalgia, memoria y olvidos una realidad inexistente, un paisaje interior que se va desvaneciendo en la medida en que intentas reflejarlo o hablar de él. Es la Cuba interior o secreta o la Cuba que va conmigo.

La otra imagen es el tercer piso de la Casa de las Américas con el mural de Roberto Matta "Para que la libertad no se convierta en estatua", diez metros por tres, una obra capital del chileno que completa la que está en el vestíbulo y se titula "Cuba es es la capital" y creó con tierra de los lugares cercanos a Tercera y G. En la distancia produce la misma sensación de irrealidad. "Un hombre no es sólo su cuerpo --me dijo Matta-, sino su energía, su inconciencia, su calumnia y su verdad" y siguió andando burlándose de los «monos» que hacía. Durante diez años muchas veces atravesé el salón a oscuras donde se dice que se sienten pasos y aparecen los fantasmas.

viernes, diciembre 22, 2006

Pronóstico de blog

Se anticipa que en el 2007 disminuirán las bitácoras, muchos blogs quedarán inactivos o sus autores comenzarán nuevos como es la la ley de la vida. Alejandro Armengol por ejemplo, no está seguro de continuar su Cuaderno de Cuba, lo cual sería una lástima, ya que muchos buscamos allí informaciones, comentarios y fotografías únicas que alternan el tema político con el filosófico o literario como las dedicadas a la revista Arte 7, el cine o Bebo Valdés.

Termina el año y me gustaría agradecer a muchos de los que me me han ayudado sin saberlo. La lista es larga y no puedo mencionarlos a todos.

Armengol fue el primero que le dio un buen empujón a este blog acabado de nacer.

Mucha de la Torre, que mantiene otro también popular en El Nuevo Herald, dejó también sus entusiastas comentarios.

Ernesto García y Sandra lo acogieron en Teatro en Miami y Teatro Mundial.

Ciro Bianchi Ross escribe en su Barraca Habanera artículos y notas inteligentes y es muy leído.

El dramaturgo Tomás González escribió en las cajitas, una vez sobre Milián y otra sobre Adela Escartín. Algún día me gustaría entrevistarlo a propósito de su magnífica obra. Tomás es autor, entre otras, de Delirios y visiones de José Jacinto Milanés, El bello arte de ser, y Yago tiene feeling. Recientemente ha aparecido el volumen El bello arte de ser (Letras Cubanas) con una selección de sus piezas y en la página de AfroCuba puede apreciarse también su obra pictórica.

Jesús Hernández Cuéllar – periodista, editor y también autor de teatro-- dejó sus recuerdos sobre José Milián. Jesús es director de la revista Contacto Magazine que se edita desde 1994 en Los Angeles.

Enrique Pineda Barnet me confió los tesoros de Esperancita. Y Raúl de Cárdenas, sus memorias. F élix Pedro Izquierdo me envió las fotografías de la Víbora que tanto disfrutó María Isabel Díaz que este año actuó en Volver, la premiada película de Almodóvar y de quien me gustaría tener alguna primicia. Ella es la protagonista de Una novia para David, de Orlando Rojas y en Volver es la indescriptible Regina.

Yvonne López Arenal—actriz, directora y dramaturgo— no sólo deja sus recuerdos de su maestra Raquel sino que lo promueve desde Kendall a amigos y conocidos en todas partes. En la foto, aparece con Joel Núñez en una obra de su autoría y su dirección: Gaviotas habaneras.



Sólo quiero decirles que cuando abro en site meter el mapa del mundo y veo un punto rojo en Angola y otro verde en Camagüey, círculos blancos en Andalucía y hasta alguno en Hong Kong, me digo que no en el 2007 "Lanzar la flecha" quedará inactiva. Me da mucha alegría escribir en Santa Mónica y ver que alguien abrió la página a tantos kilómetros de distancia. A lo mejor está de paso y no se queda o se aburre, pero la experiencia minúscula de escribir para el planeta, no la conocí en bastantes años de periodismo, aunque me hayan borrado de los quién es quién. Todavía tengo- si ustedes me acompañan- más comentarios al margen, memorias y sorpresas. Al menos, para otros seis meses.

El de arriba con el libro es Tomás González, quien también ha teorizado sobre la actuación trascendente.

martes, diciembre 19, 2006

Dina Tirante escribe sobre Pepino



Este blog está haciendo mutis de fin de año y como soy una escritora seria y crítico teatral, le he pedido a mi amiga Dina Tirante que escriba por mí en estos días ya que nunca pensé el tema de Alfredito despertara tanta curiosidad. Dina es aprendiz de blogger y fan del Hollywood Reporter y colaboradora de las revistas del corazón. La he embullado con la idea de que a lo mejor Alfredito se entusiasma y nos entrevista a las dos. ¿Se imaginan una entrevista en el ciberespacio y " Lanzar la flecha..." en vivo y en directo en la televisión cubana? ¿Se imaginan que Alfredito de pronto se de cuenta del «poder» de la internet y reconozca cuántos admiradores tiene en todas las orillas que al fin y al cabo tiene varios clips en You Tube, entre ellos uno en Madrid con la mismísima Rosita Fornés?

Nuevos mensajes sobre Alfredito
Por Dina Tirante

Continúan llegándome mensajes sobre Alfredito y Pepino, que se ha convertido en una celebridad. Les anticipo que hay otra entrega de la saga de Pepino o lo que de ahora en adelante se conocerá como Pepino II. Uno de los mensajes dice que : "Con mas tiempo le responderé con los insultos que se merece, su escrito anónimo lo cual ya comienza mal, debe dar la cara, tiene algunos aciertos que ya todos conocemos, en fin nada nuevo, pero en general no estoy de acuerdo con usted para nada, quizás su inquina personal con Alfredito y esa ira lo llevó a tales palabras ofensivas..[....] y aunque confiesa " no soy para nada fan de Alfredito, jamás escucharía sus canciones ni asistiría a su conciertos, dice que "está disfrutando sus programa con grato placer."

Otra persona escribe que le gustaría que Alfredito le preguntara. ¿Qué harías tú si vivieras nuevamente tu vida? Para poder responderle muy seria y compungida. "En la otra viajarìa màs liviano, contemplaría más amaneceres, me relajaría más, comerìa más helados y menos habas…………………………………… y como adoro el Kitch, confieso que me sumo a la lista de los que no quieren hacerle la guerra a Alfredito. Yo me siento muy kitch y lo asumo y lo gozo.!

PD: Alfredito es muy buena persona y se encapricha *……… y si sigues Pepino ensañándote con èl- pues…………… cuìdate. Seas hombre, mujer, intuyo que eres mujer………….. no sè por què………… te veo pronto con la boca llena de hormigas…………sè valiente, cuèntanos…….. quièn fue la mujer primera……………………………………………………………………….

Está terminando el año y los cubanos a propósito de Alfredito demuestran que tienen buen humor. A mí también me gustaría ser entrevistada por Alfredito ¡qué altísimo honor!, le contaría que mi amiga Rosa Ileana en cuanto se enteró se hizo eco del tema -- y aunque no me lo ha dicho porque es una crítica muy grave e imparcial, también lee a José Angel Buesa y hasta lo oye, que yo me creía era un recitador y no un poeta.

* "Ay que me encapricho" igual que "Empapadito de sudor" es uno de los hits de Alfredito. ¿Y quién será Pepino?

lunes, diciembre 18, 2006

El extraño caso de Alfredito


Florece en la internet y en los emilios el« anónimo» que dirige su flecha hacia un programa de la televisión cubana, el de Alfredo Rodríguez, más conocido como Alfredito. Reproduzco uno de los mensajes. A mí modo de ver está desproporcionado, ya que a falta de otros programas y como se diría en el argot, de ofertas, Alfredito concentra las miradas y atrae a muchas figuras a su programa estelar. Yo misma de casualidad hablé de él en la nota sobre Raquel, porque fue la última imagen en vivo que hubo de la gran actriz en la pequeña pantalla. Se respeta la ortografía del emilio, sobresale que el autor anónimo está muy interesado en que censuren a Alfredito y apela a esos encargados de consentir que Alfredito aparezca en nombre del otro pueblo, el culto y también quiere terminar por la fuerza, con un machete o con una pistola el susodicho programa. Me dirán que estoy lejos. Y es verdad. Pero cuando los programas de televisión me aburren o me parecen tan malos, sencillamente apago el televisor que hay mucho por leer. Y dicho sea de paso, sería bueno saber no lo que preguntó Alfredito, sino lo que contestó Carilda Oliver sobre su supuesto romance con José Angel Buesa. Están firmados por Pepino, un nuevo nombre de crítico televisivo que emula, todavía sin su altura, con Fermín Gabor. Hay otro más, bastante parecido, de la autoría de Pepino pero me pareció too much! aunque si a alguien le interesa y no lo ha recibido en su buzón, ya saben que pueden dejar un mensaje en mi cajita anónima.

Es la primera vez que escribo en vivo y en directo. Me explico: tecleo estas líneas a la par que miro el nuevo programa "La diferencia", conducido por el increíble Alfredo Rodríguez. Aprovecho la novedosa modalidad de mi inexperto periodismo espontáneo para no perder de vista este fenómeno inexplicable de los medios d difusión cubana. Recordemos aquel antecedente televisivo "En familia" con Alfredo, inolvidable desfile de fenómenos, desafinaciones vocales, historias de Corín Tellado y auto bombo. Espacio polémico que revivió la tan vieja y, a mi juicio, pequeño burguesa idea de que los medios difunden lo que al "pueblo" le gusta y solicita. Aquella vez me asusté pensando "¡Uy! me dejaron fuera del pueblo". Para esta ocasión he sido más ecuánime.
Acepto y defiendo que la variedad es la esencia de una sociedad verdaderamente democrática (pobre palabra) y que sus medios de difusión de cultura, información y educación deben representar la mayor cantidad de propuestas estéticas que encierre una realidad. Nos vanagloriamos, con cierta razón, de tener una televisión diferente al resto del universo (respetando a los extraterrestres). Es justamente por eso que no entiendo una telenovela que intenta educar al televidente sobre los peligros de la promiscuidad sexual poniendo a los homosexuales a destruir familias estables, felices y con hijos contagiándolos con el SIDA y, en cambio no hay un solo programa, reportaje o mención al mundo de los Travestis en Santa Clara o sobre las lesbianas en el ejército. Tenemos un concepto de variedad también bastante diferente al resto del universo.
El asunto es que regresa Alfredito, como lo aclama "el pueblo" integrado por las amas de casas subyugadas por una cultura machista y nuestras abuelas tejedoras de un pasado que se descose por las puntas. Parece ser que en el pueblo no hay solo muchos Camilos sino, además, muchos pueblos.
Para empezar tropezamos con una escenografía digna de La hora de las brujas (¿se acuerdan?) solo que en aquel delicioso programa ésta servía al propósito. Muchas velas sobre troncos cortados, lo que le daba a nuestra poetisa Carilda Oliver cierto aspecto macabro. Si a esto agregamos las sillas que usaban los reyes de Shiralad y la mesa con el entrevistador en penumbras al otro extremo, tenemos una auténtica sesión de Ouija. ¡Ah! y parece que los Girasoles han desplazado, definitivamente, a la Mariposa como flor nacional.
Del contenido, más de lo mismo. En cualquier momento tendremos un pase de cámaras y micrófonos a los sepultureros del Cementerio de Zapata o al hogar de terneros sin amparo filial de Buey Arriba. Podemos esperar cualquier cosa de tal desvarío. Las preguntas, impresionantes. La modesta: "Carilda, ¿qué estás pensando de mí ahora?". La ambigua: "¿Qué piensas de las personas que les gusta la fresa y piden chocolate?" La engorrosa: "Jorge Perugorría, ¿te gustan los payasos?".
La música algo mejor, esta vez por lo menos, siempre con su orquestica a lo Ringling Brothers y el dúo "ocasional" (ocasionado) con el anfitrión, micrófono en mano, desde su trono.
El desatino de difundir propuestas como esta llega a la cima gracias al discurso final que Alfredito, mirando a cámara, dispara en nuestras narices. Diatriba de comentarios desafortunados sobre los críticos que, según él no saben hacer su trabajo, apología despiadada de lo que gente como él representa, sermón sin precedentes acerca de las bondades de la televisión y el respeto a la pluralidad de criterios. Nuestro sacerdote de la iglesia del corazón parece no tener límites en mostrarse Mesías del mal gusto y anuncia la resurrección del culebrón nacional.
Frases: "La televisión es sincera" (¿?). "He regresado" (¡!).
Me pregunto si alguien va a dar una explicación al "otro" pueblo. Al pueblo que cuestiona, al que piensa. Que alguien exponga una sola razón para este extraño caso que se eleva por sobre los esfuerzos de esta nación por ser cultos y profundos, flotando en la superficie más visible de nuestra cotidianidad. Si hoy sembramos pinochos tontos mañana tendremos, en vez de pueblo, una horda de burros dóciles.
¿Quién otorga estos espacios infinitos? ¿Quién niega otros espacios necesarios? Queremos más respuestas y menos demagogia.
Suena absolutamente cínico el nombre de La diferencia. Esta no es diferencia, es lo común, es lo repetido, es la norma imperial universal. Gritada a voces y, lamentablemente, seguida a coro en el mismo corazón de nuestra utopía de ser mejores. Parece un mensaje salido de lo más hondo de la maquinaria anticultural: Señoras y señores, quítense el cerebro, va a comenzar la fiesta.
No conforme con la procesión de infortunios que supone el nuevo engendro, que no se diferencia del anterior, Alfredo termina en la verdadera cúspide, sobre la nube más alta de su propio parnaso. Cita, con tonito de revista Vanidades, a Antonio Maceo en tono de moraleja: "La palma está expuesta al rayo, pero se mantiene erguida".
Dan ganas de cargar al machete.
PEPINO
Para el que no lo conoce, puesto por videotrading, Alfredito en su faceta de cantante.

domingo, diciembre 17, 2006

El asiento de Melina


Es un asiento de teatro y está entre las piezas de Villa Getty en la sala dedicada al teatro. Solitario y arrancado del conjunto, debió ocupar un lugar de honor en algún teatro de Atenas donde debió haberse quedado, expuesto al aire y la erosión y el paso del tiempo. Todavía se le identifica como el trono de Elgin porque alguna vez perteneció a la colección del Lord que so pretexto de «salvar» el Partenón, se llevó los frisos y los mármoles para decorar su casa en Escocia. Uno de los más disputados tesoros de la cultura, las autoridades griegas luchan desde hace años por recuperar "los mármoles de Elgin" que atesora el Museo Británico. Un museo enclavado en Malibú, a unos pasos de Hollywood, debiera reparar de manera simbólica la injusticia y dedicar el asiento a la actriz Melina Mercuri que como ministra de Cultura de Grecia protagonizó la batalla por la devolución de los tesoros. Para mí desde hoy es el asiento de Melina.

viernes, diciembre 15, 2006

Máscaras y figurinas: el origen del teatro


Las colecciones de la Villa Getty en Malibú han sido noticia de primera plana desde que reabrió en enero de este año. Hay tantos artículos sobre las obras de arte en disputa y los varios objetos reclamados por sus auténticos dueños que una visita a la villa tiene el atractivo añadido de exacerbar la curiosidad detectivesca. ¿Dónde está el bronce que reclaman los griegos o la corona de oro que volverá a Italia ? El propio enclave del museo, -- una casa romana, la villa dei Papiri, enterrada por la lava del Vesubio en la ciudad de Herculano,-- es una «reproducción» que a su vez sustenta otra, ya que los arquitectos al restaurar la propiedad que el petrolero Getty compró en 1945, intentan simular un sitio arqueológico. Se accede por una réplica de carretera romana de piedras irregulares que conduce a un árido estacionamiento. Llegar a la «villa» desde las alturas es como ver los niveles de la falsa excavación.

La narrativa -- imagino-- hubiese complacido al millonario enamorado de las antigüedades, pues copia los interiores y exteriores con decorativa exactitud, así como sus varios jardines,-- entre ellos uno de hierbas-- un templo y mosaicos de diferentes formas y tamaños. Un entorno propicio para albergar una colección que a estas alturas, en medio de tanta reproducción y falsedad y tantos letreros de «origen desconocido» no hace más que incentivar el interés del visitante por el origen de las piezas, expuestas sin orden cronológico y agrupadas por temas.

Me cautivó la sala dedicada a Dionisos y el teatro por razones comprensibles al lector. Impresionante es la herma de Dionisos -- atribuida al taller de en Boethos de Kalchedon, en Asia Menor-- con un ojo de marfil refulgente y el otro vacío como los de Edipo o esa representación juvenil de Baco en bronce y plata que retrata la belleza apolínea del dios. O la ménade estrusca que baila con un sátiro.
Pero, sobre todo, las máscaras. Son la esencia del teatro, ellas ocultan el rostro y acentúan la diferencia en la semejanza, el reconocimiento del yo en el otro. Y en la villa Getty, auténticas o falsificadas, copias u originales, hay muchísimas. Figurinas de terracota que expresan la relación estrecha del teatro con la sociedad cuando proliferan las imágenes teatrales en ánforas, vasos y bajorrelieves.


Algunas son de los actores y personajes de la «comedia nueva» de Menandro, viejos y jóvenes en actitudes exageradas, cómicas o truculentas. Muchas tienen una expresión indescifrable, la mayoría es como una mueca ambigua a la que los actores daban vida con sus voces y sus siluetas. Imagino la herma de Dioniso – pilar que señalaba el cruce de los caminos, delimitaba fronteras y espacios con una función mágica-- quieta y solemne y a los actores, dioses y bacantes que lo hacen renacer.

Las fotografías son de Felipe Herba.

jueves, diciembre 14, 2006

Presencia de Raquel Revuelta


Ahora que he leído mucho más tendría nuevas preguntas para Raquel Revuelta. La entrevisté en dos ocasiones y aunque para casi todos era inaccesible, me recibía siempre que necesité conversar con ella, la última vez en la Casona de Línea. Nos reunimos y hablamos de la mediocridad en torno a una taza de café. La vida le dio la razón a Raquel que era muy dura con los que traicionaban su concepto de la lealtad personal y que observó, como magnífica actriz, detalles humanos que me eran inadvertidos. La recordaré desentendida de la fama, despreocupada por el éxito y ocupada en dirigir primero Teatro Estudio, la familia propia y la ajena, a sus alumnos y por último, obras teatrales como El no o La ronda (la que me gusta más). No tenía mucha ropa, vestidos de «moda» y una vez me comentó la habían invitado a una pasarela. “La única pasarela que conozco es la del primero de mayo» dijo con ironía.

Antes de salir de Cuba, la vi en el programa de televisión “Su noche con Alfredo”. El conocido cantante la recibe en el set como la estrella. Raquel, tan tímida en la vida real, entra en su ámbito y se vuelve irreconocible: el público la ovaciona y la llama por el nombre del personaje que la hizo más popular en ese medio: Doña Bárbara. Y aunque en vivo aparezca desaliñada, revive en su fotogenia y eso que los teóricos llaman “presencia”.

Raquel (1925-2004) fundadora de Teatro Estudio junto a su hermano Vicente y un grupo de actores, está en la memoria, no desaparece. Cuando a decenas de jóvenes que sueñan con ser actores les preguntan por sus “modelos”, responden su nombre con aplastante seguridad. Era exigente, rigurosa, difícil, al mismo tiempo justa, tímida y tierna. Empieza en la Corte Suprema del Arte y declama en la emisora Mil Diez, se casa muy joven, se divorcia antes de que nazca su hijo mayor, a los dieciséis años, y cuando conoce a Paco Alfonso, creador de Teatro Popular en 1943, decide ser actriz porque “comprendí que podía decir más que con una poesía y no me sentía tan sola en el escenario”.

Recuerdo que una vez me dieron un libreto de radio donde había un grito. Y yo me puse a pensar, yo tengo que hacer este grito como nadie lo ha hecho jamás y me puse a buscar la forma de dar un grito que fuese bello, conmovedor. Y cuando lo hice delante del micrófono, todo el mundo me tenía clavada la mirada de una forma tan dura... Y me botaron. Estuve largo rato sin que me dieran otra oportunidad. Y pensaba, si no se grita así ¿ cómo se grita? ¡Gritando¡

Una de las primeras en hacer una prueba de cámara, protagonizó decenas de romances en las telenovelas, fraguó un estelar idilio con Manolo Coego, realizó cine, hizo comerciales en la radio, se sintió manipulada, hasta que “hastiada de la televisión y del mercantilismo, con la idea de desvirtuar la idea de la diva”, representa Juana de Lorena, de Maxwell Anderson, en versión de Julio García Espinosa y dirección de Vicente Revuelta. Su interpretación obtiene en 1956 el Premio de la ARTYC (Agrupación de Redactores Teatrales y Cinematográficos) como la mejor actriz del año.

Ahora que he leído mucho más podría preguntarle sobre tantos momentos del teatro de los cuarenta que quedaron opacados después, su relación con otras grandes –como Marisabel Sáenz o Violeta Casal—su visión de Ibsen (hace Espectros con diecisiete años) o su real opinión sobre obras como Hechizados, de von Drutten, con la que inaugura la sala Hubert de Blanck en 1955, entonces dirigida por Olga de Blanck y María Julia Casanova. Ya no puedo preguntarle, pero su presencia me acompaña como a todos los que alguna vez la vieron actuar.

Aquí está como Laura en La casa vieja, de Estorino. Y como Chen Té- Shui tá en El alma buena de Se-Chuan, de Bertolt Brecht, puesta en escena de su hermano en 1959, el personaje que le resultó tan difícil de interpretar.

martes, diciembre 12, 2006

Supersticiones en el teatro

Por Juan Carlos Gallego

Les posteo una intervención que encontré en el foro del CELCIT y espero Juan Carlos Gallego interprete como un cumplido. El tema es delicioso y no hay manera de contarlo mejor. De Juan Carlos Gallego (Paraná, Entre Ríos, Argentina) "Origen de las cábalas y supersticiones de teatro".
Silbar cerca de un escenario, vestirse de amarillo o nombrar a “la que se arrastra” es, para los actores, sinónimo de mala fortuna. Como toda leyenda urbana, los mitos de los artistas esconden motivos racionales detrás de sus explicaciones “sobrenaturales”. La última obra de Moliere, destacado dramaturgo, actor y director francés del siglo XVII, se llamó “El enfermo imaginario”. El autor se reservó para sí mismo el papel principal, ya que de hecho estaba enfermo: lo aquejaba una avanzada tuberculosis. En la cuarta representación de la obra, el 17 de febrero de 1673, Moliere sufrió un terrible ataque de tos. Tan fuerte tosió que se le rompió una vena y su traje amarillo se manchó de sangre. Perdió el conocimiento sobre el escenario y murió unas horas después. Aquel infausto episodio cambió la historia del teatro, y no sólo por la pérdida de tan excelso comediante: a partir de ese momento, vestirse de amarillo en escena pasó a ser sinónimo de mala suerte. El mundo del espectáculo tiene sus propias reglas en cuanto a la buena y la mala fortuna. Algunas tienen su origen en un hecho concreto (como la del pobre Moliere); otras son simples caprichos de la historia con tufillo a leyenda urbana. Sin embargo, quienquiera que participe del Show business deberá cumplirlas a rajatabla, bajo riesgo de “excomunión artística”.
Paradójicamente, en el teatro (y luego por extensión a cualquier rubro del espectáculo), desear suerte –dicen– da mala suerte. En vez de eso se debe recurrir al conocido merde (bah mierda) cuestión que también tiene su explicación racional: cuando esta costumbre fue forjada, épocas en las que el caballo era el medio de locomoción por excelencia, tener mucho excremento en la puerta del teatro representaba tener la sala llena con los propietarios de esos animales. Para ganarse la antipatía de un artista nada mejor que mencionar la palabra “víbora” antes, durante o después de una función, en el set de una película o en un programa de televisión. La identificación bíblica de este reptil con la maldad le ha valido el rechazo de la comunidad artística. Para referirse a ella se recurrirá a sinónimos como “bicha” o “la que se arrastra”, o directamente –por si acaso– se evitará el tema.
No importa cuán admirador sea de una actriz: jamás le regale claveles. La superstición que le atribuye mala fortuna a esas flores viene del siglo XIX, cuando los teatros contrataban en forma directa los actores por toda la temporada. Si el director de la sala quería decirle a la actriz que su contrato sería renovado, le enviaba rosas. En cambio, si eran claveles lo que le mandaba, significaba que la artista pasaba a partir de ese momento a integrar la nómina de desocupados. Silbar en las cercanías del escenario tampoco lo hará popular entre actores. El origen, una vez más, es mucho más mundano de lo que parece: resulta que en los tiempos en los que no existían handies para indicarle a los técnicos cuando debían abrir el telón, mover elementos de la escenografía o hacer algún tipo de precario efecto especial, se utilizaban silbidos. De tal manera, si alguien silbaba, los técnicos podían considerarlo una orden y cumplir con su trabajo, pero fuera de tiempo, con el consecuente perjuicio para la obra.
Otro mandamiento que viene del teatro y se extendió al resto de la industria del entretenimiento dice que “jamás tejerás en escena”. ¿La razón? Sentido común puro: las puntiagudas agujas pueden desgarrar disfraces o caer al suelo y provocar caídas. En cuanto al vestuario, es considerado de mala suerte tener dos o más trajes iguales y utilizarlos alternativamente: se debe empezar y terminar la temporada con el mismo. Según el Diccionario de Mitos y Leyendas, la actriz Iris Marga recordaba en una entrevista: “Representábamos una obra en la que yo era una paisanita. Para estar siempre almidonada, con los volados tiesos, me hice hacer dos trajes iguales. Cuando Carcavallo, el empresario, se enteró, tuvimos un disgusto tan grande que marcó mi alejamiento del elenco”.
Incluso hay obras consideradas “malditas”, entre ellas El Señor de Pigmalión, Robin Hood y –muy especialmente– Macbeth. Con relación a esta última, no sólo es un desafío interpretarla: con sólo nombrarla en las inmediaciones de un teatro alcanza para invocar a mala fortuna (se la debe llamar “la obra escocesa” o “la obra del Bardo”, por su autor William Shakespeare). Las leyendas urbanas con respecto a Macbeth son innumerables: se dice que ya en su primera representación Shakespeare tuvo que hacer el papel principal femenino porque el muchacho elegido para ese rol se enfermó súbitamente y murió. La historia enumera teatros incendiados, actores pasados a mejor vida en medio del escenario y todo tipo de calamidades alrededor de Macbeth, algunas comprobadas, otras no tanto.
Como todo mito, tiene una explicación “sobrenatural” y otra concreta y realista. La primera está relacionada con una canción que forma parte de la obra, en la cual unas brujas, en la ficción, invocan a espíritus malignos. El cuento es que el ritual supuestamente funcionaría en la realidad y las almas en pena harían su aparición en cada función, dispuestas a arruinarlo todo. Pero alejándonos del plano místico, hay una razón por demás profana para el miedo de los actores a “la obra escocesa”. En épocas contemporáneas a su autor, las compañías que hacia el final de la temporada no hubiesen tenido éxito en la taquilla, debían recuperarse “de apuro” interpretando una obra popular que en la mayoría de los casos era, justamente, Macbeth. Por lo tanto, esta obra era vista por la compañía como “la última oportunidad”: si fallaban, serían despedidos. De ahí que siglos después los actores sigan mirándola de reojo y atribuyéndole nefastos “poderes mágicos”.
Agradecida al autor y el foro del Celcit.
Vestuario para Wallenstein , de Schiller, en el Teatro de Meininger(1831) de mi colección, que es mi único aporte en este post.





sábado, diciembre 09, 2006

Imperfecto y desaliñado


Esta semana el crítico de LA Weekly se lamenta -- seguramente con toda razón-- de la falta de riesgo del teatro en Los Angeles y sostiene que una opinión similar tienen sus colegas de Nueva York. Y yo pensaba que los que me lean podrán pensar, si leen la crónica sobre Lynn Redgrave o del Mabou Mines, que he salido muy complacida y feliz del teatro. No me desdigo pero muchas veces extraño el sentimiento de complicidad real que me producía lo que el crítico Gerardo Mosquera --que no me dejará mentir-- llamaba en nuestro argot de entonces, el «teatro de la croqueta».

Como la croqueta, el teatro era imperfecto, rústico, desaliñado pero se volvía indispensable o tenía algo que decir a los que éramos entonces sus espectadores. No requería edificios o cortinas ni de mucha iluminación, tampoco demasiado aparataje técnico, no era costoso ni sofisticado, era natural y estaba contaminado de naturaleza, muchas veces se integró al paisaje – en locaciones naturales – o invadió espacios abandonados en la fábrica o el barrio o la calle. Una función teatral era un evento de la comunidad que teatralizaba historias, tradiciones, cuentos y también problemas reales y locales quizás demasiado sociológico o aldeano, pero la mayoría de las veces punzante y bien recibido por los espectadores . En homenaje a ese teatro que tuvo muchísimos detractores, entre los que estaban los cultivadores del «teatro de sala» y los autores que se consideraban preteridos y muchísimos otros con tantísima razón, utilicé como portada de mi libro En tercera persona: crónicas teatrales cubanas (1969-2002) una fotografía de Grandal, donde todos los espectadores (incluida la cronista que casi no se ve) estamos en el suelo, frente al griot, el actor, el cuentero, en esas pequeñas obras del Cabildo de Santiago, en la ciudad oriental de Cuba, basadas en una forma teatral propia y paródica que disfruté muchísimo: el teatro de relaciones. Ha pasado el tiempo y somos los mismos y diferentes. Y nunca más me he sentado en el suelo en una representación. Todas esas prácticas murieron de muerte natural vencidas por la necesidad de decir otras cosas y contar otras historias a otros espectadores, lo que no ha podido ser suplantado es el apremio de sentir que el teatro se arriesga y lanza todo al fuego –hasta el arte—para alimentar la hoguera.

La fotografía es de la puesta en escena de Huelga, de Albio Paz, dirigida por Santiago García. La fotografía es de Vidal Hernández.

jueves, diciembre 07, 2006

Barba: No nos han domesticado


No nos han domesticado, dice Eugenio Barba en una entrevista para Clarín, de Argentina, uno de los lugares a los que con más frecuencia vuelve el teórico y director del Odin Teatret. El Odin, con cuarentidós años, es uno de los más longevos en el panorama europeo y de los que ha dejado huella visible, sobre todo en el teatro latinoamericano. “No nos han domesticado”, dice el autor de Arar el cielo (2002) que compila algunas de sus cartas y escritos dedicados a esta zona del mundo. América Latina apareció temprano en sus espectáculos, un Che personaje en Talabot, o la columna Prestes en Mythos, según el estudioso catalán Lluis Masgrau, que introduce y anota las cartas en “Arar el cielo para alumbrar raíces.”

No he leído muchas notas sobre Arar el cielo, otra incursión en el género epistolar, como Cenizas y diamantes, que contiene cartas intercambiadas entre Barba y Grotowski por muchos años. Arar.... carece de su otra mitad, las respuestas de los destinatarios, que hubiesen convertido el pequeño libro en un real diálogo. Desde luego, es posible intuirlas. Las dirigidas a Nitis Jacon versan sobre la celebración de una ISTA (International School of Theatre Anthropology) en Londrina, Brasil, donde descubre a Augusto Omolú y sus músicos con los que crea Orô de Otelo, un espectáculo en el que Verdi se funde con el candomblé.

Algunas misivas son de admiración por los maestros- en-vida como Atahualppa del Cioppo y Santiago García; otras recogen su relación con los editores—Edgar Ceballos, de México que publica la revista Máscaras y en cuya colección Escenología aparecieron textos fundamentales, entre ellos La canoa de papel y El arte secreto del actor, y la revista Conjunto, en ocasión de donar el importe en metálico del premio Sonning “por haber documentado los años de lucha y coraje del teatro latinoamericano que tanto ha significado en mi vida y en el destino del Odin”.

El recorrido permite intuir que el viaje no es el del conquistador que viene al nuevo mundo a imponer su teatro y extraer sus tesoros, sino en todo caso, del explorador que con respeto y humildad pregunta, inquiere y establece una relación basada en el trueque, el intercambio y el estudio. No falta tampoco la carta dolida, herida y áspera al «hermano latinoamericano», dirigida a Mario Delgado, director del Cuatrotablas, de Lima, que con la organización de Ayacucho 1978 propició el primer contacto «oficial» del Odin con su «patria-cielo». O el ensayo más general «La cultura del naufragio», un diálogo con diversos intelectuales latinoamericanos, entre ellos el crítico uruguayo Roger Mirza.

A pesar de ser publicado en La Habana, no hay cartas de Cuba, un lugar donde Barba tiene tantos amigos y entusiastas. Y aunque en En las entrañas del monstruo declara que su relación con la isla data de su admiración por el Ferdydurke, de Gombrowicz – Virgilio Piñera fue el rimbombante presidente de comité de traducción-- no hay referencias cubanas en el libro.

Imagino que alguna vez alguien se encargará de documentar esa relación intensa de Barba con los cubanos. Claro que será difícil, hubo momentos en que hasta preservar un casette era una odisea y las entrevistas (al menos las mías) se grababan una encima de las otras. Quizás la tecnología del futuro encuentre en el éter la palabra de Barba encima de un danzón de Antonio Arcaño o un poema de Lezama Lima. Le oí hablar de la isla de «corcho» y de José Martí en varias ocasiones durante los encuentros de 1994, se interesó por los jóvenes que leían a Gurdieff y se enteró primero que yo que tener fe en el argot del periodo especial era "tener familiares en el extranjero". Tal vez son recuerdos vagos y no están debidamente registrados para ser incluidos en un libro o quizás estén en el tintero de algún libro por venir. De todos modos, con cartas o sin cartas, el libro le habla también a los cubanos y son muchos los que lo leen, como escribe Reina María Rodríguez, y no sólo en la cola del pan.

lunes, diciembre 04, 2006

Las tertulias de Estorino




Los cubanos en general hemos dado muy poca importancia a la Academia Cubana de la Lengua. Para casi todo el mundo la Academia era Dulce María que la representaba como una reina. Yo al menos no sabría decir qué cosa es un académico de número ni cuántos dramaturgos pertenecen a la Academia, si es que hay alguno, porque por lo general a los dramaturgos no los consideran literatos en casi ninguna parte y sin embargo me interesé porque Abelardo Estorino es el nuevo académico. Su magnífica obra habla por sí sola pero si hiciera falta, sólo con haber escrito La casa vieja (1964)y La dolorosa historia del amor secreto de don José Jacinto Milanés (1974) bastaría para que estuviera en un lugar prominente.
Pero Estorino por fortuna ha escrito mucho más al tiempo que ha dirigido –obras propias y ajenas—así como realizado comedias musicales, obras bufas y teatro de títeres. Tengo muchos recuerdos de Estorino, la alegría de haber prologado uno de sus libros y haber iniciado el recorrido en papel de Morir del cuento (1983).
Pero mi alegría fue doble cuando leí el texto de su investidura académica, que dedicó a las tertulias y los salones de la vida literaria que han servido de pretexto para la conspiración y la fragua de ideas. Como buen matancero habló de las reuniones en la casa de Domingo Del Monte en la calle Gelabert.
Allí se imagina a Lezama – que no suelta su tabaco y le pregunta: ¿Y qué Dominguito, qué tal de resonancias anda su mundo?. Con Estorino entramos en en el ámbito de los personajes o en un retablo, pero lo más interesante, su referencia al Milanés de Piñera (incluido dentro del libro de «teatro inconcluso» prologado por Rine Leal) que tantos puntos de contacto tiene con su Milanés, el que Estorino hace llegar como un fantasma y que en el acto de investidura “recitó sus pesadillas como yo se las he dictado”.
Quizás por modestia Estorino no habló de esa otra tertulia, la de su casa del Vedado donde se reunieron dramaturgos y directores y se fraguaron tantas obras en años de marginación y muerte civil.

Me he permitido divulgar una tarjeta postal que se convirtió en collage gracias a Mario García Joya quien llenó las paredes de la casa de Estorino con cuadros de Raúl Martínez. Sé que los lectores agradecerán conocer las paredes reales de la que alguna vez, contada por acaso otro recién estrenado académico, será recordada como una tertulia de la inteligencia y la amistad.

http://www.cniae.cult.cu/Estorino_biografia.htm. En este enlace de la página del Centro de Investigaciones Escénicas está el texto completo.

domingo, diciembre 03, 2006

Las morcillas de Acebal

Mi crónica sobre el libro de memorias de Sergio Acebal se resistió a estar en el blog, al principio la única fotografía que encontré del comediante se acomodó, pero cuando revisé, desapareció por arte de magia, motivo suficiente para que «las morcillas de Acebal» fuera a parar al borrador. De todas maneras, cumplí con mi palabra porque cuando escribí de Arredondo, prometí comentar este rarísimo libro, mitad memoria y mitad de versos, en el cual el negrito del Alhambra ya anciano cuenta algunas anécdotas simpáticas pero casi nada de su experiencia como actor. Si logro recuperar la foto o encontrar alguna mejor, volverán las morcillas de Acebal, un actor que se mantiene por más de treinta años vigente y sobre el que hay tan pocos rastros.


Es muy difícil saber algo del actor Sergio Acebal por Mis memorias (1955). Ocasional y fragmentado, el libro – prologado por Juan J. Remos-- parece responder al estímulo del presidente Fulgencio Batista y el coronel Tabernilla que pagaron la edición a solicitud del ya anciano comediante (1889-1965). El actor –acostumbrado a ocultarse detrás de su máscara – intenta presentarse no como caricato sino como cronista y poeta –escribió para el Diario de la Marina una sección en verso—por lo que sólo entre líneas y agazapado aparece el popular «negrito» del Alhambra.
Comienza como aficionado mientras trabaja como boticario, obtiene su primer papel cuando se traga una «puntilla», asiste a la tertulia del café del teatro Albisu que era como «la bolsa del teatro» y consigue actuar como tarugo en un drama «de largometraje» de Gerardo Artecona y luego de negrito. Un representante teatral lo felicita y desde entonces hasta que dejó el teatro en 1936 pasaron por su cara “ previamente quemadas, todas las cortezas de un bosque de alcornoques”.


Aunque sus relatos no son cronológicos, sitúa sus comienzos en 1911 con los cuadros de aficionados de Vital Alza, pero luego Villoch lo ve actuando en el Payret y lo contrata. Debuta en 1912 con una obra de Villoch titulada Regino por la isla y después en La casita criolla “que muchos achacaron a la propaganda política, pero que en el fondo sólo era un amable cuadro de nuestra vida nacional en aquel momento histórico.” Después de las cien representaciones, cuenta que en en todas las casas se cantaba el dúo de “Bella Guarina, encanto mío.”
Sin embargo, en lugar de contar sus avatares como actor se extiende en detalles de las obras de su autoría – como Locura de amor--o cuenta halagado su encuentro con Blasco Ibáñez y cómo le explicó que había fusilado un cuento suyo. Y hasta incluye una crónica del exigente Conde Kostia sobre su obra “El cañón de Ordóñez”.
Han sido otros los que han creado su imagen para la posteridad. Arrom incluye su romance o subdesarrollada ars poética sobre el teatro cubano que ya había aparecido en González Curquejo. Eduardo Robreño lo recuerda por su cualidad para meter morcillas. En una escena con Eduardo Muñoz, el Sevillanito, en un picúo melodrama de Sánchez Galarraga titulado La flor del cabaret, Muñoz se había vestido de frac blanco, confeccionado por un sastre conocido por Sabrosura. En el momento más dramático y a punto Eduardo de morir en escena, Acebal entra y le dice «!Sevillano, dice Sabrosura que antes de morir le liquides el frac blanco!».

Cristóbal Díaz Ayala – cuya impresionante Discografía de la música cubana recoge muchísimos artistas del Alhambra -- y es de los pocos no sólo que ha oído sus grabaciones ( que eran más habladas que cantadas) sino las de los restantes intérpretes, pone en duda que fuese el mejor negrito. Otros le parecen más graciosos. Parece ser que su fuerte no era el canto ni el baile sino la crítica, la morcilla oportuna y la relación con el público, hoy tan difíciles de reconstruir.
La fotografía está en la Discografía de Díaz Ayala como cortesía de Rosendo Rosell.