lunes, octubre 30, 2006

Arredondo: un actor que escribe



Enrique Arredondo es uno de los pocos actores del teatro vernáculo que escribió sus memorias: La vida de un comediante (Editorial Letras Cubanas, 1981). Mensajero, vendedor de naranjas, fundidor, planchador en una fábrica de zapatos, tuvo un padre con «delirios de trovador» que escribió-- sin crédito-- muchos textos que musicalizó Rosendo Ruiz. Rechazó las inclinaciones del hijo hasta que lo vio actuar de incógnito.
El libro --que puede leerse como un relato de la picaresca--«no tiene pretensiones de gran obra literaria» y quizás por eso se lee con tanto placer. En 1921 asiste a las representaciones del Teatro de la Comedia con Ernesto Vilches o las temporadas del Teatro Cubano y se entusiasma con Arquímides Pous, su «maestro espiritual». Es quien ha ofrecido, a mi juicio, una descripción más certera de la utilización de la maquinaria y los trucos de Pous que en Locuras europeas hace bajar una lámpara al nivel de los espectadores o en Su majestad el verano, se lanzaba a una piscina que le permitía nadar a sus anchas. Asiste también al coliseo del Alhambra. Mientras habla con veneración de otros, siempre se coloca como contra-figura. Intenta obtener su primer papel como negrito para atraer a una enamorada. "Alguien sonó una trompetilla que debe haberse oído en Mesopotamia". Sus inicios en la profesión están ligados a su amor por la pelota al actuar en una función en beneficio de su equipo. Bolito le prestó una de sus pelucas y de ahí salió contratado para actuar en el cine Príncipe con la La viuda loca.
El relato de Arredondo no se limita a su experiencia sobre el tablado, sino que está lleno de anécdotas y aventuras: el ciclón del 26 lo sorprende en Jibacoa para una función que no puede efectuarse y «arrastra su arte», pasa las de Caín para salir del pueblito o se entera por un vendedor de periódico de cómo muere Pous en Puerto Rico; en su gira con la compañía de Bolaños, queda varado en un cuarto de hotel porque su amada Gloria lo encierra con un candado. Mario Sorondo le posibilita su debut profesional en el parque de diversiones Luna Park. Al final, los artistas eran presentados por Federico Landeiro, encargado de darles el balijú: "pero no nos agradaba, daba la sensación de estar presentando fieras del circo».

Muchas anécdotas graciosas hay en los periplos de la Compañía Piñero-Arredondo (1931-1936), entre ellas las relacionadas con las alusiones políticas de obras como No renuncio o hagan el juego señores, escrita al calor del machadato o sucesos de la vida trashumante de los comediantes como la vez que para salir de Sancti Spíritus empeñan una dentadura postiza.Le sigue sus andanzas con la compañía de Sanabrias- Arredondo y su estancia en el Shanghai, al que considera una admirable escuela donde se hacían ¡tres obras semanales! y al que llama con benevolencia «teatro sicalíptico» o «picaresco». Su etapa allí le trae recuerdos de cuando guardó proclamas en su camerino y hubo tiroteos.
En 1934, un año antes de que cierre el teatro de Consulado y Virtudes, sustituye a Sergio Acebal como «negrito», su hueso más duro, pues Acebal había conquistado por veintidós años éxitos en ese escenario. “Por allí desfilaba toda la nación y los más importantes personajes extranjeros no se iban sin conocerlo.” En 1935 otra vez en un escenario picaresco. ¡El Molino Rojo! de la calle Matadero que se nutría del personal de la Plaza del Mercado y en 1939, su primera gira internacional, dos meses en el Círculo Cubano de Ibor City, en Tampa.

El relato de la caída de Machado o de la función en la que dice una cuarteta alusiva al palmacristi delante de la policía son de los más logrados. En 1950, cuando ya es una figura conocida, preside la comisión para erigir un busto homenaje a Pous en el parque de Cienfuegos. Su participación en la radio y su entrada en la televisión donde consagra a Bernabé, el doctor Chapottin y al guapo Cheo Malanga y los estribillos de sus personajes. Todavía en los primeros años de la revolución recorre el interior de la isla con su compañía hasta que asienta en la Avenida de Acosta y Luz Caballero, el Teatro Móvil Moderno. Y en 1959 hace una pequeña escena en la película
Nuestro hombre en La Habana: “Carol Reed me felicitó por mi actuación a pesar de que mi escena en la película era similar a una estrella fugaz” y en Son o no son, otra desatendida película de Julio García Espinosa, es un Hamlet «caricaturesco y dislocado».
Otro actor que escribe es Sergio Acebal y ya hablaré de sus memorias.

jueves, octubre 26, 2006

Raúl de Cárdenas inédito


Mi interés por conocer de primera mano obras y manuscritos, me conduce a Raúl de Cárdenas, un favorito que –caso raro—estrena en Miami, Nueva York y Los Angeles. Ahora mismo el grupo Havanafama, dirigido por Juan Roca, tiene en cartel su comedia Las muchachitas de la sagüesera. Radicado en Estados Unidos desde 1961, de Cárdenas cultiva un costumbrismo a distancia que ha sido su manera de afirmarse emocional y artísticamente en un medio e idioma diferentes.

Imposible hablar aquí de su prolífera obra, en la que destaca la "saga" de las Carbonell o las Capote. Y también la faceta que Esther Sánchez Grey considera de "teatro serio, meditabundo y simbólico que se enfrenta a un presente doloroso" en piezas como Recuerdos de familia (1988) o Las sombras no se olvidan (1993). Sin embargo, en realidad la única obra que conocía es “La palangana” que sin autorización, Leal incluyó en
Teatro cubano en un acto (1963) y ha circulado muchísimo gracias a esa antología.
Los vecinos de un solar se fajan en una bronca bullanguera, colorida y en el fondo, trágica por el derecho a usar una palangana de oro. Como en
Contigo pan y cebolla, el refrigerador de Lala, el ventilador de Luz Marina en Aire frío o el juego de cuartos de Los acosados, de Montes Huidobro, los objetos deseados son una forma de ilusión que compensa las frustraciones de la vida.

Los vecinos que a duras penas sobreviven en un solar miserable, se distinguen como propietarios de algo único. ¡Todos deben estar rabiando de envidia! – dice Tila. En el formato del sainete bufo, de Cárdenas crea una pequeña obra maestra acerca de las frustraciones, el mundo de la pequeña gente, que se sacrifica en aras de poseer algo especial pero no puede disfrutar. Sin embargo, no era
La palangana ni sus muchos textos posteriores lo que me interesaba sino Los ánimos están cansados y sus recuerdos de la escena de la década del cincuenta.
Entonces De Cárdenas me sorprendió con tres envíos digitales de sus memorias, con tres títulos provisionales. Voy a usar el que el autor designa como su favorito : “Mi Habana detrás del telón” aunque creo que “ Dile a La Habana que no la olvido” o “Tranvía Habana-Lawton-Parque Central” son tan buenos como el primero.
Como hoy en día escribir memorias se ha puesto de moda y cada semana se publican tres o cuatro, que van desde la hija de Joan Crawford y la controversial Jane Fonda hasta el secretario del asistente del mayordomo de la dama de compañía de la princesa Diana, donde se revelan las cosas mas íntimas imaginables, o imaginadas, decidí escribir las mías, aunque no creo que en mi vida haya uno de esos electrizantes secretos que se revelan a la mitad del libro y que marcan para siempre la vida del autobiografiado.
Se observará que Raúl nunca abandona su mirada de cronista de costumbres al referirse a los acontecimientos.
Sus memorias familiares, personales y colectivas comienzan en el hogar, el barrio de La Víbora y en la escuela Los Maristas. Están llenas de las calles que frecuentaba, los cines a los que asistía, las lecturas, los amigos y también los espectáculos:
Cuando Josephine Baker aparecía en escena el cine se venía abajo de gritos y aplausos. A medida que transcurría el show, ella le preguntaba al público “ ¿Se cambia, señores, se cambia?” Y el público delirante aplaudía y ella abandonaba la escena y con la velocidad del relámpago se cambiaba de vestuario y volvía a salir más elegante, esplendorosa y radiante que nunca, cantando la canción que hizo tan popular, “Esto es felicidad.”


Al escribir sobre sus muchos viajes por América Latina y Estados Unidos, el punto de referencia es La Habana que :


.. no tenía su “Golden Gate Bridge” pero tenía el puente del río Almendares por el que había que pagar dos centavos cuando se cruzaba en un ómnibus público, la conocida “guagua” cubana. También tenía su bahía y su túnel, y más allá, al cruzarla, se alzaba el Morro centenario con su faro, la Fortaleza de La Cabaña donde tantos perdieron sus vidas en los paredones de Fidel, y su Cristo, que pudo haber hecho más por protegerla de lo que se avecinaba.
Mientras abundan los relatos sobre la iniciación sexual y las inclinaciones homoeróticas en autores más jóvenes, me sorprendió la sinceridad de Cárdenas, pródigo en detalles y recuerdos de su experiencia dentro de un mundo de prejuicios. El joven que se descubre gay cuando nadie usaba la palabra: …. “los gays tenían el “Intermezzo”, que estaba por la calle Refugios y el Paseo del Prado, relativamente a cuadras de “El Lucero”; el “San Michel”, posiblemente el más popular, enfrente del Hotel “Capri”, y otros que fueron poblando la bella área de El Vedado. Si no eran totalmente gays, eran “mixtos” donde se mezclaban los “chivos” y las “chivas”, como se les llamaba a los heterosexuales, con los “entendidos”, que eran los homosexuales.” También, de los clubes nocturnos: “La Red”, donde se hizo famosa “La Lupe”, el “Karachi”, “El Gato Tuerto”, “La Zorra y El Cuervo” y “La Gruta”.


Pero “La Concha” permanece en mis recuerdos como algo único, una experiencia sensual y sexual, el descubrimiento de quien yo era y la facilidad de poderlo exteriorizar en aquellos espacios tan minúsculos.
¿Y el teatro ustedes se preguntarán? El teatro tiene su lugar en las memorias de Raúl como la política y las costumbres cubanas permean el relato. Al salir de Cuba escribe:" De repente, la vista del Morro, unas nubes, y nada más. En menos de una hora ya estábamos aterrizando en Miami. Mi hermano me estaba esperando. Ya era libre y estaba triste." Están los espectáculos que vio, su participación en el Teatro Universitario y los incidentes con sus propias puestas, como Los ánimos están cansados y La palangana. Helena de Armas, Luis A. Baralt, Rubén Vigón, Rine Leal y Matías Montes Huidobro están entre los personajes a los que se refiere, siempre con bastante humor. Un día fue a entrevistar a Chela Castro:
[…] Eufórico, como si hubiese conseguido una entrevista con Elizabeth Taylor, me senté a ver la función. Lamentablemente, no era lo que yo esperaba y aquello fue un verdadero desastre. Si hubiese sido un terremoto en la escala de Ricther hubiese sido un 10, [….] consistía en cuatro monólogos, dos escritos por Alvaro de Villa, el conocido humorista cubano, uno por Efraín Huerta, que yo no tenía la menor idea quien era, y el más famoso de todos, "La voz humana", de Jean Cocteau, donde la actriz al final se suicida estrangulándose con el cordón del teléfono. Aquéllo fue tan malo, tan desastroso, que por poco salto al escenario y soy yo quien la estrangula.
Espero que algún editor inteligente publique pronto las memorias de Raúl. Mientras, Lanzar la flecha... les ha ofrecido una primicia que agradezco al autor .

miércoles, octubre 25, 2006

Candita Quintana : una artista silvestre


Hace mucho tiempo entrevisté a Candita Quintana. Tenía sesentitrés años y ninguna constancia de sus actuaciones. Me esperó en el Martí, en un camerino empapelado con fotografías de sus grandes momentos al que llegó con una jaba en cada mano y tres gatos detrás. No es extraño que sea difícil hallar una nota biográfica. Entonces hacía el sketch del «chiflido» con Espígul hijo -su padre Ramón fue un virtuoso chiflando- y me confesó que había trabajado con todos los negritos y gallegos del teatro vernáculo. Se consideraba creadora de una mulata «leída y escribida», que iba a la Havana Business y conserva algo de catedrática, una mulatica que no es zafia sino «fista». Se sentía atada al carretón del Martí – el teatro de Dragones y Zulueta hoy en ruinas-- mientras masticaba un tabaco. Y cuando cerraba la puerta para vestirse para la función, un público ansioso por oír una de las suyas, abarrotaba el teatro.
Fue parte del elenco del Alhambra, muy jovencita, donde hubo una constelación de estrellas, como Amalia Sorg, Luz Gil, Eloísa Trías, Hortensia Valerón, Consuelo Novoa, Blanca Becerra y Alicia Rico. Participó del auge de la zarzuela. Trabajó veinticuatro años con Garrido y Piñero, hizo radio y televisión –hasta una serie de novelas de Una luz en el camino—puesto que Antonio Vázquez Gallo estaba empeñado en hacerla dramática y también algunas películas. Entre 1965 y 1972 integró el elenco del Grupo Jorge Anckermann, en el teatro Martí que revivió obras bufas de Pancho Fernández e Ignacio Sarachaga y textos contemporáneos como los de Núñez Rodríguez y Arturo Liendo. Demostró su capacidad innata para lo tragicómico en la puesta de El premio flaco, de Héctor Quintero, dirigida por Adolfo de Luis. (1966). Adolfo, uno de los introductores de Stanislavski, intérprete de Calígula con Morín y director de La boda, de Piñera, tuvo una gran experiencia con Candita. Pensó hallar una improvisada y se asombró de su disciplina. Candita memorizó los textos a la antigua, aferrada a la concha del apuntador.
"Yo se lo dije a Adolfo, me dijo, si tú te conformas con lo que yo te haga, ahora yo no soy responsable, esto no es lo mío. Me lo ponen y no puedo negarme, como salga, allá va la bola.” Y más asombrados quedaron los críticos cuando Yuri P. Liubimov, el famoso director de la Taganka moscovita, de visita en La Habana, dijo que sería la actriz indicada para hacer Madre coraje.
"Cuando a mí me lo propusieron, yo dije que había que tener coraje para ser madre.... A mí me gusta el teatro serio y como soy una persona sentimental me es más fácil hacer esos papeles duros porque me posesiono y eso me impulsa y ya usted sabe el carácter que uno tiene. Pero a mí me gusta alegrar con mis chistes malos.”
En realidad, la cualidad más sobresaliente de Candita – como la de todos los actores de esa “escuela” basada en la ductilidad y la expresión desenfadada-, es la observación de tipos callejeros y la comunicabilidad con el público. Los actores terminan de bocetar los tipos y los enriquecen con aportes improvisados, las “morcillas” del argot. Robreño relata en …. Y escrito en este papel que Sergio Acebal, famoso por su cualidad para meter morcillas, tenía en cierta ocasión una escena con Eduardo Muñoz, el Sevillanito, en un picúo melodrama de Sánchez Galarraga titulado La flor del cabaret. Muñoz se había vestido de frac blanco, confeccionado por un sastre conocido por Sabrosura. En el momento más dramático y a punto Eduardo de morir en escena, Acebal entra y le dice «!Sevillano, dice Sabrosura que antes de morir le liquides el frac blanco!»
Según Candita, una de las morcilleras más fuertes fue Alicia Rico. “Los que somos muy morcilleros disparamos una y no les gusta a la empresa o a la dirección. Y uno inventa mucho.. porque yo soy artista de la calle. Yo no estoy en mi casa echándome fresco, salgo a la calle y ando en mis compras, soy del pueblo, si estoy en la calle le meto un chiste a alguien. ¿Ay, te gustó? Lo voy a disparar allá y así. A veces, me pica la cosquilla y suelto una de las mías. Otras me ponen un bozal."

"Yo siempre empecé de figura. En mis primeras prácticas me enseñaron a dialogar, vamos, yo entré como aquel que se dice por la puerta grande. Entonces un cronista muy famoso que se llamó Caricarte me puso Candelita por un papel que me escribió Sánchez Galarraga en El cafetal.
“Cuando empecé hacía de vedette y cantaba y bailaba y hacía de todo, con Lecuona trabajé en sus conciertos, le estrené casi todas sus zarzuelas y sus revistas, me llevaba para cantar una pincelada de esas. Hacía papel de negrita, de mulata y he hecho papeles dramáticos también por carambola, porque no me parece que los desarrollo bien”.

Gracias a Maggi24 en You Tube podemos apreciar la escuela de Candita Quintana acompañada por Enrique Arredondo en la televisión y el arte de los comediantes silvestres que no estudiaron en las academias. Arredondo, desde luego, se merece otra crónica.
"Candita Quintana: yo soy una artista silvestre". Cuba Internacional, La Habana 2(17) 28-35. diciembre, 1970.

lunes, octubre 23, 2006

Siempre Habana





Estrenan en España Siempre Habana, dirigida por Angel Peláez con música de Pablo Milanés. Con Pepe Sancho, Jordi Vilches y Broselianda Hernández.

domingo, octubre 22, 2006

Lynn Redgrave y el duende


El actor que ha tenido una larga vida es un archivo viviente de sus antiguos papeles. Así se han transmitido los ejercicios de Decroux, la biomecánica de Meyerhold o los ideogramas de la danza de la India. Sin embargo, al ver Nightingale, el espectáculo que Lynn Redgrave escribió y estrena en el Mark Taper Forum, de Los Angeles, pertenecer a una «familia» de actores -- su padre Michael, su madre Rachel Kempson y sus hermanos Vanessa y Corin- -al parecer no deja marca, ni siquiera indeleble.
En su trabajo no parecen existir trazos del pasado o huellas de recorridos anteriores, sino que se enfrenta a la escritura y la creación del rol con astucia y al mismo tiempo simpleza. En lugar de hacer alardes de virtuosismo, derroche de técnica, su propósito es hacer lo más difícil y lo más antiguo: contar una historia. No oculta con trucos que no se mueve con demasiada agilidad, no se disfraza, no es pretensiosa, no intimida, sino que es ella misma, vulnerable y al natural. Eso, desde luego, tiene mucho encanto.

Cuenta a través de una Mildred ficticia la vida de su abuela materna. Y es que Lynn, después de fuertes contiendas personales, --un divorcio turbulento y una batalla contra el cáncer—al regresar a Londres después de su separación, comprobó que la lluvia ácida había borrado los nombres y las fechas de muchas tumbas del cementerio. Su historia empieza con la niña insegura que advirtió su llegada a la pubertad como una maldición y creyó sería una sempiterna solterona a los diecisiete, en una Inglaterra de encaje antiguo, rituales vacíos, represión, deberes matrimoniales y nunca gozos, que se convierte en la matriarca victoriana, que nunca vivió a plenitud ni siquiera para admirar los éxitos de su hija Rose en el escenario. El recorrido se extiende de 1904 a 1973, once escenas, sin intermedio. Ostenta un humor muy inglés en la «noche de bodas» cuando Mildred va a la cama como al matadero y Lynn revela bastante de sí misma y de su familia sin necesidad de narrar su árbol genealógico. Me recuerda muchísimos otros espectáculos confesionales de actrices que han sentido la necesidad interior de estar absolutamente en control del texto y sus implicaciones, dar voz a otras mudas como Mildred y de paso, dejar una huella, una marca y una impronta. ¿Qué será de nosotros cuando la lluvia ácida borre las identificaciones de las tumbas? ¿Qué es lo que queda? No cabe duda que a pesar de su humor, hay un tono elegíaco y está la reflexión sobre la muerte.

El recorrido de Lynn en la escritura comenzó con
Shakespeare for my Father (1993) –sobre su relación con Sir Michael Redgrave—que los críticos acogieron favorablemente y en la que Lynn parodiaba actuaciones de famosos al tiempo que se reconciliaba con su padre. Con Nightingale el sentimiento es muy agradable, se intenta hacer creer al espectador que ha compartido una experiencia de vida. A Lynn no le basta reproducir o representar los personajes que otros concibieron y como el ruiseñor de la pieza, canta en la oscuridad y a escondidas. Al espectáculo, dirigido por Joseph Hardy, sin embargo, le falta duende, locura, y es en el fondo, muy convencional. Pero sin dudas, Lynn – y no sólo Mildred—ha dejado una huella y es un archivo viviente, sólo que invisible como decía Saint Exupéry que era lo esencial.

Miscelánea, post data:
El otro día, aunque generalmente reviso muy bien las diabluras que hace Mozilla al transferir de documento de word a la libreta de notas más conocida como «pad», al parecer no puse demasiado cuidado y ahí penetró, insidiosa, la errata. Suerte que tengo una hija atenta, además de lectora de "El jardín de los senderos que se biburcan". Oh, la errata otra vez. Que se bifurcan. Para ella escribí hace tiempo un texto en la onda de Lynn que se llama «Una rosa para Catalina Lasa».

errata. (Del pl.lat.
errāta, cosas erradas).
1. f. Equivocación material cometida en lo impreso o manuscrito.
Aconsejo siempre tener a mano el Diccionario de la Real Academia Española. Y sí, la errata fue insidiosa porque "preparó cautelosamente los medios para hacer daño" de acuerdo al Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos.

viernes, octubre 20, 2006

Sigifredo Alvarez Conesa en su casa de madera

Sigifredo Alvarez Conesa (1938-2002) nació en Regla y vivió por muchos años en Guanabo con sus hijos y con su esposa Elia, a quien están dedicados la mayoría de sus libros. Aunque era bachiller, matriculó en la Escuela para Instructores de Arte como uno más y trabajó también como uno más como instructor de teatro. Después concilió su vida en la poesía con la promoción y el estudio de la literatura en la organización de «talleres» para beneficio de muchos jóvenes, sobre todo del «interior». Sus libros Matar el tiempo ( 1969) Como a una batalla (1974) y Casa de madera azul, que recibió el premio Julián del Casal de la UNEAC en 1985 testimonian su vida en la poesía que hallaba en todas partes, sobre todo en los poetas desconocidos de los pueblos más remotos.

PARADA DE OMNIBUS
El ómnibus de la ruta 162 se detiene
y suben y bajan en breve ola los pasajeros.
La muchacha de la bolsa azul de playa
mueve ágil los dedos
en el aire del piano.
Afuera los edificios recién construidos
en Alamar esperan por el habitable.
La muchacha reposa su mano en el muslo
y se extingue la imagen del piano
como si fuera una llama que brotara
hasta ese instante de la bolsa de la playa.
Afuera el camión de mudanzas cargado
de muebles
se estaciona frente a un edificio
recién pintado.
El ómnibus de la ruta 162
continúa la marcha rumbo a las playas del
este.
La muchacha mira por la ventanilla
hacia atrás, a la puerta del edificio
donde reaparece lustroso el piano.

Ha pasado el tiempo y en el poema Sigifredo hace su viaje cotidiano hacia las playas del Este con sus libros y su portafolio, hacia la inmensidad del mar azul de Guanabo, cuando habitable y ruta 162 suenan tan remotos como "casa de madera azul". Pero es en ese espacio de lo remoto donde me gusta recordarlo. Este es el programa de graduación de los instructores de arte en 1961. Hoy se gradúan otros nuevos como hace cuarenticinco años aunque, según Cubarte una ¿tercera hornada?

miércoles, octubre 18, 2006

Lezama Lima en sus papeles


Para mis hermanas, Rosa y Eloísa
que me regalaron un par de zapatos.
Lezama Lima.


Hace años que guardo un centímetro en la cartera y en una libreta tengo anotados los tamaños de la cintura y el largo de Sofía. Y la plantilla con el dibujo de sus pies. Hace seis años sus pies me cabían en una cuartilla doblada de tan pequeñitos que eran. Iban conmigo de tiendas y a los mercados de las pulgas, los rastros y los supermercados. Y cuando me detenía delante de una vidriera me decía: “A Sofía le van a gustar .” Sofía nació en el año 92, el más terrible del período especial, cuando en los hospitales los médicos disponían de ultrasonido pero faltaban los bombillos y el agua corriente en la habitación. También Eloísa viajó a las zapaterías con la plantilla enorme de su hermano, trazada por su mano, acaso también al compás de su respiración. El manuscrito de Lezama no tiene fecha pero detrás del poema dibujó sus inmensos pies que ocupan la hoja entera. Los pies no son los de un caminante sino los de un sedentario viajero que imaginó desde su casa de Trocadero todas las invenciones posibles y los senderos que ya no se bifurcarían demasiado.


Cuando lo conocí, sentado en la minúscula saleta contigua a una calle ruidosa que desemboca en el Prado, no miré para sus pies. Su voz sí permanece viva en mi recuerdo y la manera con la que, al finalizar un párrafo, cerraba la idea como un director de orquesta que con una batuta invisible termina la frase musical. Tal vez si hubiese mirado mejor para sus pies me hubiese encontrado con los enormes zapatos de Lezama Lima en los que el poeta veía a sus hermanas saludar con su abanico habanero.
La carta y la fotografía pertenecen a la estupenda colección digital que atesora manuscritos de las cartas enviadas por el autor de Paradiso a su hermana Eloísa entre 1961 y 1976 y es uno de los viajes más emocionantes que pueda deparar un epistolario. Fueron donadas a Cuban Heritage Collection por Eloísa y están en José Lezama Lima Papers, una de las colecciones digitales de Cuban Heritage Collection en la Universidad de Miami, en Coral Gables. Prometo escribir más de esa estupenda colección.


martes, octubre 17, 2006

Aprendiz de blog



Cuando empecé a escribir este blog, blogger reconoció mi lengua y pensé que todos mis problemas estaban resueltos porque la configuración de la página aparecía en español. Sin embargo, no hicieron más que comenzar, pues, como se sabe, el inglés es el idioma de la técnica y cuesta trabajo pensar en vínculos o «plantilla», pero me dije, vale la pena, es nuestro vino. Por eso no me gusta bitácora, término de los españoles, quienes también traducen ordenador. Me gusta cuaderno y porque suena bien, blog. Y todavía más me gusta, romper el blog-queo porque eso es lo que quisiera, ser leída por los que lo desean sin obligación.
Acostumbrada al periodismo tradicional por el que una cuartilla es una cuartilla y un titular, un titular y creída que una sans serif puede ser dramática y una bodoni iluminar cualquiera idea, de pronto, un día de agosto, entré en el lenguaje del HTML y los hyperlinks. Ya he tenido bastantes malos ratos con fotos que no «bajan» y enlaces que no se abren y textos que desaparecen por arte de magia, de acuerdo a la configuración. Y eso que tengo, como ya es mandatorio, Mozilla Firefox. Así que me disculpan si cualquiera de estos errores o accidentes ha experimentado el lector. Creo que forman parte del encanto y las tribulaciones de ensayar con este recurso envidiable, que se vuelve más difícil si se intenta hacerlo desde la experiencia personal.

Mi blog lleva tres meses y ya me ha traído recompensas espirituales y sobre todo, curiosidad. Autores amables como Mucha de la Torre han dejado su huella en la cajita tan intimidante y otros que no voy a mencionar porque ya se los dije. Sin embargo, tengo ansiedad de saber si podré mantenerlo sin aburrir(me) y sin aburrir(los) no sólo con libros, obras de teatro, sino con la nota al margen o la sorpresa que se vuelve intransferible.

Algo me ha gustado mucho: la solidaridad, que en mi caso, ha actuado como una comunidad. Sin conocedores cercanos, con una rudimentaria idea de qué hacer con Adobe photo shop, y sin tener a mi disposición ninguna foto de ninguna agencia de prensa y menos todavía redactores con quienes conversar, he tenido la ayuda de Peter. Firma sólo con su nombre (oculta su apellido por privacidad) los variados blogs que escribe, entre ellos, BloggerTips and Tricks y Dummies Guide to Google Blogger en los que enseña desde cómo extender una foto a "dos columnas" hasta qué hacer cuándo desaparece el blog como el conejo dentro de la chistera. En sus páginas hay consejos tan sencillos como que hay que limpiar el caché de Mozilla o get rid de las cookies en Internet Explorer, hasta temas un poco más difíciles que confieso he dejado para más adelante cuando apruebe mi etapa como aprendiz. Si quieren escribir un blog, contar con un profesor virtual y salir ilesos y felices creídos de que al menos existe solidaridad en la blogosfera, les recomiendo las páginas de Peter que no es nada narcisista. Pueden comprobarlo. Su nota biográfica tiene dos líneas: está retirado y trata de ser útil y pasar el tiempo fructíferamente.

domingo, octubre 15, 2006

Autógrafo de Julio Girona


La caricatura de Julio Girona (1914-2002) está en el álbum de autógrafos de mi mamá con esta dedicatoria:
Que tu corazón responda siempre a los estímulos del Bien y la Felicidad vendrá a tu puerta para gozar la dicha de tener una leal amiga en la tierra... porque Felicidad es un hada que no habita en este mundo, pero suele visitar a los que cultivan su amistad. La Habana, enero de 1931.
Entonces el autográfo era una costumbre romántica y el de mi mamá está lleno de pensamientos, dibujos y dedicatorias.

En 1930 Julio Girona, nacido en Manzanillo, estudiaba en la Escuela de San Alejandro y había publicado caricaturas en Social. No era todavía el pintor que se establece en Estados Unidos en los cincuenta, ni el soldado que combate en la II guerra mundial, ni el «encantador de serpientes» de sus Memorias sin título (Letras Cubanas, 1994). Se observa en la pequeña acuarela, un rasgo que estudia Carmen Paula Bermúdez en Apuntes de la guerra al hablar del cronista-viajero. Girona cuida los detalles de la vestimenta, que hace muy agradable este «botones» cuyo colorido no ha mermado con los años.
Lo que sí cambió mucho fue la firma de Julio.

En el Centro Pablo de la Torriente Brau se han realizado varias exposiciones y conversatorios para divulgar y estudiar la obra de Girona, en especial sus dibujos de la II Guerra Mundial y "Mirando a Julito."

viernes, octubre 13, 2006

La Habana que va conmigo


La Habana que va conmigo (Letras Cubanas, 2002) es un excelente título que nunca vi entre las novedades. Ojalá haya sido muy elogiado y nunca me enteré. Reúne trece testimonios de personalidades que tienen o tenían suficiente edad para recordar La Habana antigua y cuentan cómo la perciben, viven o recuerdan. Es parte de un ciclo organizado por el arquitecto Mario Coyula –autor de la selección- en la Maqueta de La Habana. “La comprensión de una ciudad-escribe Coyula- no sólo se logra a través del razonamiento lógico y los estudios especializados , sino por la decantación y transmisión repetida de vivencias personales, que a su vez alimentan la conciencia colectiva y se archivan en la memoria histórica."
Julio García Oliveras empieza con Peña Pobre donde nació para hablar del barrio, los cines, los paseos, el impulso edilicio de los años cincuenta, sus recuerdos de la violencia gánsteril y del bonche universitario. Guillermo Jiménez recuerda las bodegas, los cafés, el billar, los puestos de chinos "que ni eran de origen chino, ni cubano, ni siquiera de San Francisco de donde, en realidad, provenía nuestra típica comida china"y las victrolas «un gran escándalo en La Habana", lugares desaparecidos como el Mercado Unico y se atreve a conjeturar sobre el origen de tanta gente sentada en las aceras, "como las sábanas blancas en los balcones.Yo he intentado buscar en mi memoria una imagen como ésta y no la he encontrado."


Rafaela Chacón Nardi (1926-2000) recuerda no sólo las zarzuelas y los conciertos sino la mendicidad y los personajes de La Marquesa y El caballero de París, el Teatro Martí y el paseo del carnaval. Graziella Pogolotti, su infancia en Peña Pobre, en el ambiente bohemio de su padre Marcelo, así como El Vedado del Auditórium, el Lyceum y ADAD, tres instituciones de prominente influencia en la vida cultural. De alguna manera los recuerdos se enlazan, porque Graziella narra, fascinada, cómo la bañista Jantzen se lanzaba desde el trampolín en un anuncio lumínico en el Parque Central, que también llama la atención de Ambrosio Fornet, recién llegado de Bayamo, cuya vida citadina empezó a concentrarse en el eje imaginario del Parque. De los aires libres del Prado, «una mezcla de delirio, bohemia y marginalidad» , las salitas de teatro "donde Chela Castro hacía La ramera casi en paños menores" al restaurante Carmelo de Calzada en el 59 donde los allegados de Lunes hacían sus tertulias.
Eduardo Robreño (1911-2001) tan conocido por sus libros de anécdotas, recuerdos e historia, empieza con el Paseo del Prado y sus personajes, como la "muerta viva", una alemana que había sido condenada por un delito en su país y se pintaba la cara con cascarilla, para concentrarse en otras historias sobre las que ofrece un ángulo menos conocido, como la de Alejandro Yarini o la votación para aprobar la Enmienda Platt.
Asombra el detalle y la minuciosidad del relato de Segundo Curti (1910-2000) octogenario, ministro de Defensa del gobierno de Grau y de gobernación en el de Prío, que recuerda a Orestes Ferrara, que fabricó la casa de la calle Ronda donde hoy está el Museo Napoleónico, así como el 4 de septiembre de 1933. Ofrece además un bellísimo recuento del teatro Alhambra y de La Macorina. Adelaida de Juan, nacida y vecina de El Vedado, recuerda sus baños, sus piqueras, sus furnias y sus parques -entre ellos el de H entre 23 y 21-- con la glorieta y el eco, donde han jugado sus hijos y sus nietos. Natalia Bolívar, que deambuló las religiones africanas con su tata, habla de sus incursiones en la etnología con Lydia Cabrera, del Palacio de Bellas Artes, el Sagrado Corazón del Cerro donde estudió, el Havana Biltmore del Country Club, y el cabaret Sans Souci, los murales de Hipólito Hidalgo de Caviedes y las casas donde se escondieron en la clandestinidad. Vive todavía en la zona donde nació. Enrique Colina habla del cine, la esquina donde dio el primer beso y un prostíbulo en Animas 259 y Harold Gramatges de los conservatorios.

Rosita Fornés rememora su padre, sus comienzos en el arte en La corte suprema, los sitios en los que ha vivido en « altos», los estudios de la televisión y el 28 de diciembre de 1954 , cuando a bordo de un «platillo volador», amaneció en la Ciudad Deportiva como parte de la campaña publicitaria del programa de televisión Mi esposo favorito, dirigido por Joaquín M. Condall. También de la «destrucción» de los teatros y su tristeza porque no abundan edificios para los espectáculos en vivo. Y Pastorita Núñez –que nació en el barrio de Los Pocitos en Marianao—ofrece el testimonio más sobrecogedor del libro: de los álamos y ficus que hacían bóvedas a un plante ñáñigo, del perfume del galán de noche al Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda, conocido popularmente como “las casas de Pastorita”. Sólo voy a adelantar que eligió internarse en el asilo Santovenia y colaborar con la obra humanitaria de las religiosas. Cultiva un huerto de vegetales con una brigada de ancianos, porque su gloria es “haber manejado muchos millones de pesos,” “construir y reconstruir miles de casas" y " morir en un asilo sin un centavo y sin un hogar, en un hogar de ancianos”. Todo el mundo no puede morir así, limpia de pies a cabeza. Si este recuento esquemático les ha interesado, garantizo que todavía mejor es su lectura.
Mi único reparo es que al transcribir los testimonios orales, el editor no haya puesto más cuidado. Se habla de Luis Lluvé y de Eva Frey Abid, lo cual no deja de ser una nota de humor. Las nuevas generaciones de correctores no tienen la menor idea de quién era Louis Jouvet y menos todavía, Eva Frejáville.
El libro no tiene fotos. Estas pertenecen a Habana, Cuba.Ciudad de encanto. Souvenir of Havana, Cuba. Edición Jordi, La Habana, 1922.

miércoles, octubre 11, 2006

Pucho y Bergaust: mi familia está cansada



Hace dos años escribí una nota sobre la obra litográfica de Alexis Parra (Pucho) nacido en 1966 en La Habana. Formado en el diario bregar con las piedras en el Taller de la Plaza de la Catedral, tenía el desenfado del artista popular que toma de todas partes, engarza y edifica, de un ambia dialogando con sus socios, en la alegría, la nocturnidad y la tristeza. Sobre todo me sobrecogieron en las que está la bandera, tan agitada y tan oronda.

Me pareció "desaliñado", improvisatorio, lúdico y auténtico.

Los títulos de las exposiciones personales de Pucho (que ha expuesto desde 1995 en Cuba y otros países) explican de alguna manera sus temáticas. "El reo del barrio", en la galería Servando Cabrera, en el 2000, o "No te me pongas así mami", en el Taller Experimental de Gráfica 2003. Cualquiera pensaría que son imágenes costumbristas de medio puntos y persianas y no, son poéticas, figuras cerradas y en agonía. Sobre "El reo"..,Tomás Urquiza dijo: "Esta es la exposición de los que no se han ido, de los que tienen el malecón como frontera, quienes de alguna forma no pasarán de ahí, del muro que nadie puede derrumbar porque está en lo profundo, en la hondura de la nación".



Dos años después Alexis Parra y la artista noruega Kristin Bergaust --con formación académica y obra gráfica, fotográfica y de video--colaboran en un proyecto internacional. Los resultados del dúo se presentan en Product frames. Los artistas se colocan a cierta ¿distancia? para observar por ejemplo la vida cotidiana de Cuba -como un misterio indescifrable- o el impacto del choque cultural en los inmigrantes en Noruega o la música popular como tejido del recuerdo. Hay fotografías y videos con títulos muy sugerentes y también desde luego, nostalgia como en "Mi familia está cansada". Los invito a entrar y después me cuentan.

martes, octubre 10, 2006

Los carteles que nos llevaron al teatro



Cuando se habla de cartel cubano siempre se piensa en el cine o la política, dos de los ámbitos más favorecidos por los estudiosos y de un tiempo a esta parte, los coleccionistas. Sin embargo, pocas veces se recuerdan los carteles que nos llevaron al teatro. Encontré, en busca de datos para mi investigación, una estupenda Colección de Carteles cubanos, expuesta en la internet gracias a la colaboración entre la Biblioteca Doe, de Berkeley, y la Biblioteca Nacional José Martí.
Aunque por su extensión y alcance no puedo reseñarla completa, me impresionó muchísimo el acápite dedicado al Consejo Nacional de Cultura. Muchas obras no están identificadas, pero se aprecia el trabajo sostenido de su equipo de diseñadores. Algunas tienen valiosas notas, fechas que permiten precisar estrenos y autores e incluso establecer una relación con la época, de gran utilidad para el estudioso que pretende restaurar de alguna manera, la arqueología de las puestas en escena.


La colección es magnífica y resulta un archivo viviente. Y como es viviente también es paradójico, pues como ha dicho en otra parte Tonel, el quinquenio gris -- de tan infeliz recuerdo-- estaba lleno de color. Ya se sabe que las dificultades materiales condujeron al empleo del silk screen y que los diseñadores aprovecharon el « limitado empleo del color» para hacer de él un uso espléndido, como también del blanco y el negro o la tipografía. También, si se observa con cuidado y a pesar de que la muestra es fragmentaria, cambian la temática de los carteles y los recursos empleados.

Recuerdo el departamento de diseño en el entresuelo del Palacio del Segundo Cabo donde trabajaban Rafael Zarza, Roger Aguilar, Juan Boza, José M. Villa, César Leal, Lázaro Hondares, Aldo Menéndez, Frémez, Ricardo Reymena y Rolando de Oraá a los que después se unió Ramón Escannaverino y Modesto Braulio y quizás alguno otro que se me olvida. Ellos hacían su trabajo de ocho a cuatro, como los empleados de las oficinas, con algunos intervalos para tomar té en El patio, en la plaza de la Catedral. Algunos eran pintores en la tradición de Raúl Martínez y Umberto Peña, como César Leal y Aldo -quien después diseñará una revista-- y otros, grabadores como Zarza y Aguilar.
Entonces trabajaba en una sala contigua, cuya ventana daba directamente a la Giraldilla y aunque todos fueron mis colegas, no tuve suficiente distancia para apreciar ese conjunto magnífico. Si tenemos en cuenta que por las dimensiones de los carteles y su difícil conservación, todos empezando por mí, hemos perdido los nuestros en el camino, cuando-- a falta de otra cosa-- tapizamos con ellos las oficinas, las habitaciones y hasta las paradas de guaguas, se comprenderá la alegría de encontrar los que asocio con las representaciones y los lugares, algunos desaparecidos como el Martí, ese teatro de las cien puertas y las muchas persianas.
Me encantaría hacer un libro con carteles y programas, anuncios y boletines, esos que nos llevaron al teatro.
Prometo volver sobre los carteles y enseñarles alguna vez nuestra pequeña colección que me mira como antes yo a la Giraldilla. El primero de El velorio de Pachencho es de Rolando de Oraá, í como el de La mujer hebrea y El holandés; el programa con las obras de Brecht y Leroy Jones que dirigió Rebeca Morales en 1968. El de Contigo pan y cebolla es de Villa, 1965. Y el de La madre, de Rafael Zarza.

domingo, octubre 08, 2006

La ciudad, los escritores y la feria del Zócalo




Cerca de mi casa en Santa Mónica, vivieron siete años Helen Weigel y Bertolt Brecht, exiliados del nazismo. La casa no existe, pero caminar por la acera siempre me sobrecoge. Aquí pasaron días terribles, Brecht no se acostumbraba a la comida, no le gustaba el pan ni el ambiente de Hollywood. Después de una breve estancia en Argyle Avenue 1954 y otra en el 817 de la calle 25, se radicaron en el 1063 de la calle 26, a escasos metros del 1339 donde vivo. En la entrada de su diario correspondiente a agosto 12 (1942), Brecht describe la casa como una de las más viejas, con un piso superior y cuatro cuartos.
Sin embargo, tenía siete metros de espacio para trabajar, cuatro mesas, viejos árboles en el jardín y pagaba sesenta dólares de alquiler. En el libro de James K. Lyon, Bertolt Brecht in America está una documentada historia de la vida de la pareja en los Estados Unidos.

Ayer pasé por la acera y me imaginé la ciudad hace sesenticinco años y también, especulé si en esa época alguien hubiese osado invitar a Brecht a participar en nombre de Berlín en alguna feria del libro.

Los escritores cuando hacemos nuestras maletas y nos vamos a otra parte, al menos por ahora, viajamos como el caracol, con la casa a cuestas, y con el mapa de la ciudad que vive en nosotros. Una ciudad de palabras y escritura.
La ciudad que dejamos no nos reclama ni nos echa de menos siquiera y lo más triste, nuestros antiguos compañeros de tertulias o de afanes o de gremios no nos extrañan, al contrario, con rapidez algunos encuentran alguna forma de agraviar. Y los que nos extrañan y nos quisieran a su lado, que son los más, tienen que callarse y es comprensible. Al menos yo los extraño a ellos ( no a todos, como es natural) a algunos los respeto, a muchos los admiro y de otros, mejor no hablar.

En la feria del Zócalo se dan cita La Habana y Los Angeles con muchos libros, escritores y homenajes, entre ellos, uno a Elena Poniatowska que sigue entre mis favoritas. En lugar de pensar que es «basura» lo que se reúne en El Zócalo, debíamos mirar con admiración cómo se juntan mexicanos de una y otra parte del Río Grande y mirar hacia esa feria como un espejo a imitar pensando que algún día asistan junto a los norteamericanos y los chicanos, los escritores rusos de Glendale, los villaclareños de Alhambra, los argentinos de Miami Beach y los cubanos de todas las ciudades del planeta como debía ocurrir en todas las ferias literarias.

Los Brecht regresaron a Alemania después de la guerra. Entonces el pobre B.B. le escribió un poema al actor P.L en el exilio: Le decía que lo necesitaban pobre o rico, saludable o enfermo. Era eso sólo lo que podían ofrecerle. « Olvídate de todo y ven.» Entonces, la Alemania que llevó a Peter Lorre y a Brecht al exilio ya no existía aunque las ciudades de Augsburgo y Ruzombeok viajaron con ellos.


La imagen de Santa Mónica pertenece al Archivo de su biblioteca pública.

miércoles, octubre 04, 2006

Felipe: los cines y el cine


Felipe ama el cine y los cines. Cientos de negativos han pasado por sus manos y les ha quitado el polvo, las estrías, los rasguños y los ha regresado a la lata y eventualmente a la sala oscura o al video. Cualquiera pensaría que es un trabajo que requiere equipos muy sofisticados, pero no, es paciente y laborioso y necesita un palillo con la punta de algodón y una solución química, que como una receta de cocina, es un secreto de su invención. Es uno más dentro del equipo de trabajo de YCM, laboratorio de Burbank, que tiene otra planta en Nevada.

La apasionante historia de cómo resucitan películas maltratadas por el tiempo o cómo regresan las cintas que alguien cortó, mutiló o censuró es mil veces más interesante muchas veces que la propia película y hoy, en dvd, se entera uno de lo que hay detrás o escondido o suprimido. Debe ser emocionante limpiar un negativo de Orson Welles o escalofriante el recorrido por encontrar un grano fino o los esfuerzos por hallar en alguna parte del mundo, los restos de alguna película sumergida.El restaurador no sentimentaliza su tarea sino que como el cirujano, limpia, hurga y repara. Sin embargo, me da por pensar que las películas en las que Felipe ha trabajado están entre las más bellas, como Rebecca, de Hitchcock o Caught, de Max Ophuls.



En el 98, cuando Felipe fue a La Habana después de cuarenta años, fue conmigo a la Cinemateca pensando que algo podía hacer por la restauración de su valiosa bóveda, en misterioso estado de conservación. Pero los dos tuvimos la impresión de que no hacía falta, a ninguna película cubana se la comió el vinagre y los técnicos sabían muy bien qué hacer con las películas marchitas o mugrientas.
Y entonces Felipe retrató los cines, los de su adolescencia, los que recordaba con su dirección exacta y a los que viajó con los ojos cerrados,en guagua, desde Santa Mónica al reparto Capdevila.



Todos los que quieren los cines deben acercarse a "La pasión por las salas de cine en Cuba" de Oscar Ruiz de la Tejera.

lunes, octubre 02, 2006

Teatro rústico y sagrado


Los espectadores desafiaron la llovizna y acompañaron la última función de la temporada de verano del Theatricum Botanicum, teatro y parque al aire libre, situado en las montañas de Topanga. Era la función de la tarde de You Never Can Tell, una obra escasamente representada en español, de las comedias «agradables» de George Bernard Shaw, escrita en 1899, después de Cándida y La profesión de la señora Warrren. El Theatricum, fundado por William Geer en 1951, sirvió de refugio a actores como él que estuvieron en la "lista negra" de Hollywood. Integrante del mítico Group Theatre, formó parte del elenco del musical The Craddle Will Rock, el proyecto censurado de Orson Welles para el Federal Project, y se negó a testificar ante el comité de actividades anti-norteamericanas. Entonces, la propiedad de Topanga comprada por Geer y su esposa, la actriz Heta Ware, se convirtió en un teatro abierto para actores y músicos. Allí los Geer vendieron frutas, hierbas y vegetales para vivir y representaron a Shakespeare gratis. No había una gradería, el público se sentaba sobre viejas vigas de ferrocarril. En el 73, después de protagonizar una serie de televisión muy exitosa, reunió a su familia de actores y actrices y creó el teatro que todavía funciona. Theatricum…. realiza programas educacionales para niños y jóvenes, conciertos y mantiene un repertorio de obras clásicas y nuevas producciones.


No hay que decir que el «espacio» con sus jardines descuidados y silvestres tiene una carga simbólica que se transfiere al espectáculo. El paraje es remoto y combina lo artesanal con el profesionalismo y oficio necesarios para un teatro de repertorio. Ellen Geer lo dirige desde 1978 al tiempo que enseña actuación e imparte clases magistrales. La peculiaridad de su desempeño en You Never can Tell, dirigida por Heidi Helen Davis, es sobresalir sin opacar una labor sobria del conjunto. La comedia de Shaw, como es natural, se burla del matrimonio, y las costumbres sociales. Mrs. Clandon, escritora feminista, regresa con sus tres hijos de Madeira después de dieciocho años en los que no han conocido a su padre. Los jóvenes se inquietan por saber quién es al tiempo que un dentista enamora a Gloria, educada en las teorías feministas de su liberal progenitora.

La otra hija Dolly(Jamie Snow) simpática, inoportuna, preguntona, fue la delicia de la tarde. Ceremonias de té, juegos de palabras, aforismos, cortejos y una mirada escéptica hacia el matrimonio y la sociedad victoriana reúne a abogados y sirvientes por azar con el padre -terrateniente-- y la familia disfruta de una reconciliación «negociada». El malhumorado Mr. Crampton, al final, acepta a su descendencia como ellos a él y los equívocos se desenredan no por la intervención divina sino por consejos legales y en un baile de máscaras.
Y por supuesto es el sirviente quien recuerda que "you never can tell".
En el jardín están plantadas más de mil hierbas, todas las mencionadas por Shakespeare.
Una maravilla de teatro rústico y sagrado.
Las fotos son de Felipe Herba.