jueves, agosto 31, 2006

Adiós Sara


Ha muerto Sara Larocca, actriz y directora, miembro fundadora de El Galpón. Tenía ochenticuatro años. ¿Cómo puede ser posible que en tan pocos años Sara se haya vuelto tan mayor? Para los que la conocimos en La Habana, Sara era todo lo contrario a una «extranjera», negada a recibir los privilegios que recibían muchos de los cientos de latinoamericanos que encontraron albergue y trabajo en los años de las dictaduras militares. No sé cómo Sara hacía para vivir en Alamar, trabajar en El Vedado y aparecer, hermosa y elegante, en los estrenos suyos y de sus compañeros en la sala El Sótano, en el grupo Rita Montaner.
Educada en la escuela del buen decir, sobre el escenario, emanaba una fuerza radiante muy poderosa. Hizo varios espectáculos «unipersonales» al estilo de los de Cipe Lincovsky y Dahf Sfeir. Si tuviera mi archivo o mis recortes, podría recordar los títulos exactos. Sin escenografía, vestida con un poncho, el recurso único de Sara era la voz y esa fortaleza de su expresión. Los paseó por la isla, los representó en muchos lugares, en los que Sara fue colega, amiga, compañera. Llegaba como a casa propia con una idea o para compartir una conversación.

Sara era la imagen más cercana que tuvimos muchos, de una «uruguaya» de a pie, en su pequeño apartamento, viviendo «a la cubana» y soñando con regresar algún día al Uruguay mientras trabajaba como una más en mi país. Humilde de verdad – y no de pose—aunque dirigió muchas obras para el teatro cubano, más que dirigir o figurar, deseaba aportar, enseñar y lograr una larga estancia en Cuba de su maestro, Atahualpa del Cioppo. En parte, gracias a ella y a su anónima colaboración, del Cioppo dirigió en La Habana Esta noche se improvisa la comedia. (1984)

Pero la mejor «actuación» de Sara la presencié una tarde, recién llegadas a Estocolmo para asistir al Festival de Teatro Latinoamericano del Exilio – que inauguraría Olof Palme -- y como no había ni sábanas ni toallas en el hostal estudiantil donde nos alojábamos, y un frío de espanto, gracias a ella vinieron uruguayas y uruguayos con sábanas, toallas, abrigos, sombreros, botas, medias, colchas y bufandas multicolores. Nunca, quizás hablamos de esos diez años de tu madurez creadora que nos regalaste sin afán de protagonismo y nunca te agradecí haber conocido esa tarde de Suecia, lo mejor de los uruguayos.

lunes, agosto 21, 2006

Mi teatro personal (I)






Mis primeros recuerdos del teatro no son estridentes ni fantasiosos. Son voces familiares, casi en susurro. Nunca vi un caballo delirante en el escenario ni me llevaron de niña a los circos de mala muerte y menos a la ópera. Mi madre, en su juventud, interpretó un personaje ¿podrá ser Caracolillo? en una comedia de los hermanos ¡Alvarez Quintero! Y aunque no lo he cotejado, -- nunca he pasado de cuatro obras de los sospechosos hermanos-- a lo mejor mi madre tenía razón y decía la verdad enorgullecida de su participación teatral. Aunque se graduó de médico y ejerció casi toda su vida, era fiel al teatro de las «salitas».
En mi casa se veneraba la recitación. Recitar se consideraba un arte mayúsculo que hacía pensar en Berta Zingermann o Margarita Xirgu.Y esta última era reverenciada no sólo porque mi abuela la vio actuar, sino porque le correspondió comunicar a los espectadores en el Teatro Nacional la muerte de García Lorca. Como todas las niñas, sabía poemas de memoria y con verguenza ajena, estoy en una fotografía, en un estudio de televisión de los 50', en un programa infantil llamado "La escuelita de Rosendo Rosell"junto al consagrado animador. Como sabía poemas de memoria, en varias de las escuelas, durante la primaria, fui la recitadora oficial, el personaje que por suerte desaparece con el auge de la televisión y el video.

Y recitando me veo en la Academia Municipal de Arte Dramático frente a la profesora Eva Vázquez, que nos obligaba a decir, como en España, con las zetas, un poema de Eduardo Marquina ¿o será de Rafael? : “Capitán de los tercios de Flandes/señor capitán “y había que decir la z de tercios y que no se confundiera con la s de Flandes. Es mi recuerdo más vívido de la Escuela, el primer lugar al que viajaba sola, en ómnibus, desde La Víbora. La Academia –en donde daban clases Rine Leal y Mario Rodríguez Alemán pero no me enteré--, era una casa señorial del Vedado, un poco sombría y aparte de la profesora –que nos enseñaba a caminar con un libro grueso encima de la cabeza como las modelos en una pasarela—me invitó a llevar "tacones" (que en esa época se llamaban « ilusión») para una de las escenas: la de Alma en Verano y humo, de Tennessee Williams. Mi compañero sería un muchachito rubio, afocante, de bellísimos ojos claros, con el que nadie quería intimar. Era Nicolás Dorromocea, quien a los quince años atraparía la atención de toda La Habana como un Jarry tropical, nada menos que con Las pericas. Con ese apellido difícil, --después sería sólo Dorr--vivía en Santa Fé y ya tenía ese ímpetu, esa locura de la genialidad, se atribuyó sin más la autoría de la escena de Tennessee Williams. La historia hubiese encantado al autor.
Sin embargo, en Esta propiedad está clausurada, una pieza en un acto de Williams, la protagonista se pasa el tiempo saltando sobre el andén de un ferrocarril cerca de una estación del Mississippi. La muchacha se escapa de la escuela, hace distintos personajes, se oyen blues y aquel ejercicio de clase fue un momento de libertad, la libertad que se siente muy raras veces. Muchos años después, vi en el cine a Natalie Wood, pero entre nosotros – en mi cabeza-- en aquella práctica remota, en mi precaria condición de aspirante a actriz, como mi madre en Caracolillo, estaba mejor que Natalie Wood sólo que encima de raíles imaginarios.

sábado, agosto 19, 2006

Federico


Visitar los lugares de Lorca en España es un recuerdo imborrable. Lorca es para los cubanos como “culto”. El viernes 7 de marzo de 1930 arriba a La Habana, y en carta fechada el 5 de abril, escribe a sus padres ... "esta isla es un paraíso. Si yo me pierdo que me busquen en Andalucía o en Cuba...", frase estremecedora a pesar de lo repetida, como las que apunta cuando abandona Nueva York y ya está en camino: "[...] el barco se aleja y comienzan a llegar, palma y canela, los perfumes de la América con raíces, la América de Dios, la América española. Pero ¿qué es esto? ¿Otra vez España? ¿Otra vez la Andalucía mundial?” Igual que la visita, aunque muy recreada e historiada, siempre conmueve, también su «temporada» entre nosotros. Margarita Xirgu estrena en el 36 muchas de sus obras y anuncia conmovida, su asesinato al público cubano. Desde luego que como en toda América Latina y España el autor conocido es el accesible, el de los dramas rurales, las pasiones desbordadas, personajes femeninos y conflictos universales.
“García Lorca recibió, en todo caso, en España y en América Latina, muestras más que suficientes para saber que su teatro agrario andaluz [….] había abierto una vía de comunicación con el público” ha escrito José Monleón en el número 313 de la revista española Primer Acto en “Una cita con su teatro imposible” que publica además un texto, Federico, de Monleón y Francisco Ortuño. (http://www.primeracto.com/)
De la misma manera que la Xirgu – a quien Federico leyó Así que pasen cinco años y no mostró interés por estrenarla, a los Loynaz del Castillo no les interesó demasiado el manuscrito de El público que ardió entre los papeles de Enrique. Todavía cuando Moisés Pérez Coterillo entrevista a Dulce María Loynaz para Pipirijaina se rumoraba que ella había quemado el manuscrito. El público será esa obra maldita, marginal, que vivió en secreto también entre nosotros hasta la puesta de Carlos Díaz mientras las obras fáciles llegaban a la escena a partir de 1943 cuando Reynaldo de Zúñiga dirige Mariana Pineda.
Se conoce que asistió al Teatro Alhambra. Luis Cardoza y Aragón ha restituido esa zona oscura y transparente. Federico va a los burdeles, se baña en el mar o en el río, trasnocha, vive con intensidad La Habana de sus habaneras y las ilustraciones de las cajas de tabaco: la rubia cabeza de Fonseca. Ian Gibson asegura que en La Habana cristaliza y fragua El público, "el teatro que nadie se había atrevido a escribir por cobardía" y que en la obra hay una influencia directa del irrespetable Alhambra, sus frecuentes irreverencias, junto a su ambiente circense, además de las alusiones directas a la Dominga de los negritos ‑‑bailarina que actuaba en el puerto de La Habana-- y a "los enormes negros heridos por las navajas de las yucas que luchan día y noche con el fango de los ríos".


miércoles, agosto 16, 2006

José Antonio Ramos: el manual del perfecto fulanista


Les recomiendo El manual del perfecto fulanista, de José Antonio Ramos, (1885-1946) ese gran autor teatral, fundador del teatro cubano, encasillado y mal leído. Imagino que exista una edición reciente - aunque leí la de 1916- que dijo Iraizoz – el orador del discurso de contestación cuando Ramos ingresó en la Academia –que se vendió como “papel viejo”. Aunque consulté las maravillas que han dicho Portuondo, Ibarra y Abel Prieto, entre otros, sobre El manual… confieso que sólo ahora, en busca de datos para mi libro sobre la dramaturgia cubana, reparo en él a conciencia, con esa lectura atenta que todos debíamos hacer. Su título se completa con Apuntes para el estudio de nuestra dinámica político social. Publicado por Jesús Montero Editor, en La Habana, puede leerse, como una obra teatral de muchos personajes: fulanos, fulanillos, sargentos, segundones, doctores y periodistas, pero también como ese ensayo precoz, lúcido, en el que sociología y teatro se reconcilian al inventariar una vida cubana cuyas cicatrices todavía nos laceran.
La edición tiene trescientas quince páginas y tres gráficos, así que hay tela por donde cortar. Al leerlo entendemos por qué Ramos siempre fue tan molesto y por qué todavía hoy – a sesenta años de su muerte-- no se publicaron aún los tres tomos de sus memorias --salvo las páginas del Diario de amor que Yara González Montes y Matías Montes Huidobro salvaron del olvido-- y 29 páginas publicadas en 1959--ni se han reeditado la mayoría de sus obras teatrales, algunas de las cuales son aves raras en las bibliotecas. Ramos siempre hizo lo inesperado. En la recurva de la revolución del 30, excomulgado por la tiranía machadista y radicado en México por elección, dedica sus conferencias, al regresar, a Henri Alain Fournier , "el eterno adolescente", a Rilke y al conde de Pozos Dulces y cuando estrena su última obra en Teatro Popular, FU3001, cuando está más vinculado a los comunistas, se burla de ellos: la protagonista, la revolucionaria española Elsa Rohmer es en el fondo una caricatura, el periodista Ravachol Rojo quiere quitarse “rojez” y el otrora revolucionario Ricardo, desencantado, vuelve con su esposa y consiente en bautizar a su hijo. En materia de dirección política, creyó en las élites, la aristocracia espiritual y el «fulano»:
El fulanismo «depurado» puede llevar a nuestros conglomerados políticos a una perdurable organización alrededor de determinadas figuras de positivos méritos[.. ] El fulano, aunque tenga detrás de él a dos o tres contrafiguras, es por lo menos un hombre, un responsable. Y contra él o a su favor puede la sociedad ejercer alguna sanción. 88-89.
Ramos, que abogó en “La Senaduría corporativa” por reducir los políticos profesionales y deseaba que los jóvenes celebraran su arribo a la edad de votar como quien se pone una toga viril, en “La primera comunión cívica” desconfió sin embargo, de los partidos.
“Y el partido es una abstracción, una cosa fantástica, irreal, falsa. El partido, así entendido, son los terribles comités, aglomerados de irresponsables, dirigidos y manejados por los terribles menuers o capataces, fulanillos fracasados, incapaces de dar la cara. (89) Por eso defendió , “ el fulanismo bien entendido” […] el resto de individualismo que nos queda ante el alud terrible de las multitudes anónimas, cada vez más poderosas y avasalladoras. Y en vez de combatirlo, deberíamos tratar de purificarlo y conservarlo todo lo más posible. (91)
Y así el libro está lleno de resonancias, ecos, y sobre todo, desilusión y una permanencia atroz:
"La república nos prometió que todos seríamos iguales y el que come bazofia y vive en una pocilga, en tanto que su vecino disfruta de plácida existencia en lujoso palacete, tiene que sentirse engañado."( 245).

domingo, agosto 13, 2006

!Al fin, mi blog!


Cada vez que he visto que algún colega – escritor, periodista o desconocido lector –tiene un blog, su blog, he pensado ¿por qué no? Yo también quiero uno. Y el debate interno sobre cuándo, dónde y cómo tener mi blog me ha demorado más de lo imaginado. El blog es una manera de hacer periodismo sin ser plantilla de un periódico, redactora de un noticiero o colaboradora de una publicación. Es lo mejor que se ha inventado para acabar con la verticalidad de los mensajes y fomentar, entre los habituales a las redes, el gusto por investigar lo que hay detrás, oculto, protegido por los intereses variopintos que promueven un periódico, una empresa noticiosa o una institución cultural. Puede ser egocéntrico y desmesurado, molesto o halagador, narcisista o lacónico. Leo blogs llenos de vida íntima y anécdotas particulares, también, como es lógico, muchísimos otros dedicados a la vida cubana. Norberto Fuentes alberga el suyo en El Mundo, de Madrid y Alejandro Armengol, en El Nuevo Herald, de Miami. También Ciro Bianchi Ross firma uno en Juventud Rebelde, de La Habana. Y así con el tiempo iré comentando mis lecturas y hallazgos en la materia.
En las bitácoras florece como la verdolaga el género que más me ha interesado siempre, la crónica, el reino de la subjetividad, aunque lo primero que te enseñan en la escuela de periodismo es a ocultarte, protegerte detrás del telón y evitar que la emoción y los sentimientos se transparenten en la escritura.
Crónicas teatrales cubanas se llama una selección de mis críticas porque es lo único que he sido – y soy—la acompañante puntual de un espectáculo efímero que no se repite nunca más.
¿Pero será éste el momento oportuno para iniciar mi bitácora? Con esa pregunta en la cabeza, hoy 13 de agosto del 2006, se inicia Lanzar la flecha bien lejos porque si Arianna Huffington tiene su super leído Huffington Post ¿por qué no yo? Lanzar la flecha, la frase de Lezama Lima en mi mejor entrevista, cuando lo interrogué sobre sus años universitarios y la manifestación del treinta de septiembre de 1930 que evoca en Paradiso.
Lezama sentado en un sillón muy cerca de la calle. Trocadero 162. No creo que hubo un período más gris que esos años grises y sin embargo, en el tercer acto de su vida, estaba atento a todas las sorpresas y dispuesto para responder a una aprendiz. Hace más de treinticinco años y me parece que el escritor mueve sus manos como un director de orquesta su batuta para indicarme los signos de puntuación. Es un buen título porque, después de todo, no sabemos quién va a dar en el blanco y lo único posible es lanzar la flecha, bien lejos.